Antes de que alguno de sus alumnos salga al escenario, prefiere sentarse en el lugar más alto del teatro y observar. Confía en el talento y lo confirma con la ola de aplausos que se desencadenan al final de la presentación. Han pasado 30 años desde que Alexandr Sklioutovsky dejó Frunce en la ex Unión Soviética, para asistir a la boda de su hija en un país pequeñito que no sabía tan siquiera ubicar en el mapa: Costa Rica. Aquí encontró tierra fértil para desarrollar el talento de jóvenes pianistas que cosechan aplausos alrededor del mundo, el fruto de ese esfuerzo es su mayor pasión.
MEDALLA UNA ALEXANDR
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