El proyecto espera realizar mediciones periódicas en un área aproximada de 70 hectáreas, propiedad de la UNA, con el objetivo de generar datos sobre biomasa arbórea del ecosistema y las raíces que aporten a la carbono neutralidad.
Con el objetivo de generar información sobre las métricas de carbono removido en bosques y otros usos de la tierra con cobertura forestal en los terrenos de la Universidad Nacional (UNA), el programa de Gestión de Bosques del Instituto de Investigación y Servicios Forestales (Inisefor-UNA), realiza mediciones periódicas desde el 2018.
“El Programa carbono neutral es una estrategia país que se implementa en diversas instituciones públicas y privadas, en el cual participa la UNA desde hace dos años. Ese se estructura en dos estrategias: la remoción de CO2 y las emisiones. Desde el programa de Gestión de Bosques nos interesa cuantificar, de manera precisa, los datos en todos los campus de la Universidad de las remociones que se están haciendo”, dijo Henry Sánchez Toruño, el coordinador desde el Inisefor-UNA.
El programa carbono neutralidad es una opción que busca evitar las consecuencias del desequilibrio del efecto invernadero provocado, fundamentalmente, por el exceso de emisiones contaminantes como el dióxido de carbono que generan las actividades humanas y naturales. “Estas métricas de emisiones y remociones deben ser cuantificadas para realizar los ajustes requeridos, de manera que se consiga la neutralización del carbono que es emitido”, detalló Sánchez.
Para las mediciones se toman en cuenta cerca de 70 hectáreas de bosques secundarios propiedad de la UNA, donde se incluyen los campus universitarios y dos fincas. “Lo que hacemos es un inventario de árboles y bosques, donde los investigadores, con el apoyo de un grupo de estudiantes, utilizamos mapas de cobertura, georeferenciamos los árboles y medimos el diámetro y altura para saber cuánto crece cada año, aplicamos una fórmula y así obtenemos el carbono que es la remoción”, explicó William Montero del programa de Gestión de Bosques.
De acuerdo con Montero, a cada árbol se le coloca una placa con un número, con el cual se ingresa a una base de datos que puede ser utilizada por otros investigadores; de ahí la importancia de no removerlas.
En el último monitoreo se utilizaron las parcelas permanentes establecidas en enero de 2018 y los árboles censados en las áreas verdes y jardines de los diferentes campus según el sistema de monitoreo, para así determinar las diferencias anuales de stock de carbono.
De acuerdo con Sánchez, se volvieron a medir 32 parcelas rectangulares permanentes de 500 m2 y 3 parcelas permanentes de 400 m2, estas tres últimas en un estrato separado en la sede de Pérez Zeledón, en cada una de ellas se registraron todos los individuos con diámetro ≥ 10 cm. Todos los sitios donde fueron establecidas las parcelas permanentes de monitoreo corresponden a bosques secundarios; además, para las sedes o fincas de la UNA donde no existe cobertura boscosa se censaron un total de 5425 árboles con diámetro ≥ 10 cm.
“Toda la información estadística correspondiente al muestreo en bosque secundario presenta un error de muestreo inferior al 20% (14,9 % en promedio) en área basal. Las remociones reales de CO2 equivalentes del período 2021-2022 resultaron en 2515,9 mg. Estos datos pueden ser reportados por la organización en las ecuaciones de carbono para el año de inventario de 2022”, explicó Sánchez.
Acciones
Para Sánchez, es importante que se consolide un sistema de monitoreo continuo el cual sea utilizado para demostrar el cumplimiento de los compromisos adquiridos. “En este caso, el hecho de que se hayan establecido parcelas permanentes y censando árboles en áreas de no bosque, es necesario dar seguimiento a variables como: diámetro, altura, especie, mortalidad, natalidad, periodicidad del monitoreo, responsables, entre otros, con el objetivo de asegurar la trazabilidad y el rigor científico requerido”.
Isaac Mesén, también investigador del programa Gestión de Bosques, mencionó que se podrían aumentar los espacios de remoción con una campaña de arborización. “Podríamos aumentar la cantidad de árboles que tenemos en las áreas verdes libres, pero debe ser un proceso organizado, para que no sembremos árboles que luego sean removidos porque obstaculizan la infraestructura institucional. Además, podríamos incorporar otros materiales de construcción, como la madera, que tienen una menor huella de carbono que otros que se utilizan actualmente”.
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