
Nacida en Munich poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, Elisabeth Mann Borgese fue criada de manera inusual, viviendo en Alemania entre una guerra y la otra, creciendo con un padre ganador de un Premio Nobel, viviendo en el exilio durante su adolescencia, y desenvolviéndose en un círculo estimulante, compuesto por personas creativas con un fuerte interés por la literatura, la música y la política. No es de sorprender que con este trasfondo tan nutritivo ella resultara en una mujer extraordinaria con una vida extraordinaria.
En 1939 contrajo matrimonio con G.A. Borgese en Princeton, Nueva Jersey, y se trasladó a Chicago, donde él fue profesor de literatura italiana en la Universidad de Chicago. Estos años en Chicago fijaron el cimiento para su posterior trabajo sobre derecho internacional y los océanos. De particular importancia fue su participación desde 1945 hasta 1952 en el Chicago Committee to Frame a World Constitution (Comité de Chicago para Enmarcar una Constitución Mundial), un grupo universitario multidisciplinario que redactó una constitución mundial y que hizo comentarios sobre otras constituciones universales producidas en aquella época por individuos y por organizaciones no gubernamentales.
Los temas e ideas que analizó el Comité de Chicago continuaron siendo de importancia y permanecieron en la mente y los escritos de Elisabeth a lo largo de los años. Como ella mismo señaló – Tuvimos que lidiar con asuntos de soberanía en un mundo interdependiente: con gobernabilidad, desde el nivel local hasta el nacional hasta el regional hasta el global; con regiones 'virtuales', basadas en culturas en común: con nuevas y emergentes formas de democracia y del papel de la sociedad civil – ¡temas vivos y coleando aún hoy día! Es importante notar que a la luz del rumbo que llegaría a tomar su trabajo, una de las disposiciones contenidas en la constitución mundial de Chicago era declarar que tierra, agua, aire y energía son 'propiedad común de la raza humana' – y su gestión y uso quedaría 'subordinado en todos y cada uno de los casos al interés del bien común.'
Con el crecimiento del McCarthismo en los Estados Unidos, Elisabeth y su esposo se mudaron al país de origen de él, Italia, en 1952. Repentinamente viuda a los tres meses de su arribo, ella permaneció en Florencia editando y escribiendo, a la vez que criaba a dos hijas. En 1964, se renovaron sus vínculos con los Estados Unidos cuando ella aceptó la invitación de Robert Hutchins, el dinámico fundador y presidente del Centro para el Estudio de Instituciones Democráticas en Santa Bárbara, California, para convertirse en miembro del Centro. En ese lugar continuó el trabajo que había iniciado en Chicago, concentrado en los derechos humanos y el desarme. Sin embargo, el año de 1967 se convirtió en un hito y un giro en su carrera. Fue entonces cuando el Embajador Arvid Pardo de Malta planteó su famosa propuesta de que los océanos debían ser considerados patrimonio de la humanidad. Esta propuesta provocó resonancia en la vida y el trabajo de Elisabeth. Abandonó su proyecto de una constitución mundial y comenzó a concentrarse en una nueva forma de abordar la cooperación para el desarrollo, con la idea no de dar limosna sino de compartir lo que por derecho les pertenece a todos.
La coyuntura en la cual Pardo hizo su discurso no podía haber sido mejor. Anteriormente en ese mismo año, Elisabeth había llegado a concebir el desarrollo del océano y el derecho del mar como 'un gran laboratorio para producir un nuevo orden mundial'. Según le señaló ella misma a Robert Hutchins, “nuestro trabajo en gobernación mundial es muy válido y muy hermoso y muy inteligente, pero está tan apartado de la realidad hoy como lo estuvo hace veinte años; lo que podemos hacer en vez es probar nuestros nuevos conceptos, nuestras nuevas ideas en el campo del derecho del mar que ahora está madurando".
Bajo los auspicios del Centro para el Estudio de Instituciones Democráticas, Elisabeth encabezó un proyecto de tres años que culminó en 1970 con una gran conferencia bajo el nombre de Pacem in Maribus (Paz en los Mares) - una referencia a la convocatoria hecha en el entonces reciente Pacem in Terris, que a su vez había utilizado como base la famosa encíclica de ese mismo nombre, del Papa Juan XXIII. Estas conferencias, en que se examinaron temas relacionados con el uso pacífico de los mares, continúan vigentes luego de tres décadas. Ubicada simbólicamente en Malta, el país de origen de Pardo, la primera conferencia de Pacem in Maribus sirvió de estímulo para que Elisabeth estableciera dos años después el Instituto Internacional del Océano (International Ocean Institute) (IOI) con la ayuda financiera del gobierno de Malta y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, así como con el respaldo y apoyo de Arvid Pardo.
Concebido inicialmente como vehículo para continuar con el diálogo sobre desarrollar el derecho del mar más allá de la primera conferencia de Pacem in Maribus, desde su modesto origen en 1972 el IOI creció hasta convertirse en una red de veinte centros en todo el mundo. Al principio fungió como secretaría de la conferencia y como semillero de ideas, y participó activamente en la tercera reunión de la Conferencia de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar(CONVEMAR III), en la cual Elisabeth estuvo personalmente involucrada de lleno, primero como representante del I0I y luego como miembro de la delegación de Austria.
Poco después de 1972, el I0I comenzó a extender sus actividades a la ignorada área de la capacitación. Era cada vez más evidente que el emergente derecho del mar estaba imponiéndole a los países en desarrollo demandas que no podían cumplir sin la capacitación profesional para su personal del área de gestión marina. Elisabeth reconoció particularmente que las calidades requeridas para los puestos en la Autoridad Internacional del Lecho Marino (International Seabed Authority), así como en todo el sistema internacional, eran tales que los países en vías de desarrollo inevitablemente estarían sub-representados. Por consiguiente, el IOI elaboró programas de capacitación para ayudar a revertir esta situación y, en 1979, ofreció su primer curso sobre la explotación minera del lecho marino. Este curso fue seguido por otro programa de capacitación en la gestión de la zona económica exclusiva.
Desde aquellos primeros días, los centro operativos del IOI en todo el mundo han dirigido más de 100 cursos, básicamente para jóvenes profesionales responsables de la gestión marina en países en vías de desarrollo. Una característica de estos cursos es que son inter-disciplinarios. Sorprendentemente, este era un concepto bastante nuevo a inicios de la década del 70 y el IOI estuvo a la vanguardia aplicándolo con éxito en sus programas pioneros de capacitación.
En 1979 Elisabeth se mudó a Canadá. Participó en la Universidad Dalhousie en Halifax durante un año como “Senior Killam Fellow” pero poco después fue nombrada profesora en propiedad en el Departamento de Ciencias Políticas. En sus propias palabras, ella se convirtió en “la visita que se quedó para siempre.”
Además de sus investigaciones, sus lecciones y enseñanzas, Elisabeth exploró nuevas formas de brindar oportunidades de capacitación y formación por medio del IOI. Esto métodos nuevos variaron desde enfoques básicos, de poca tecnología, tales como el trabajo del IOI en India con mujeres en comunidades costeras, hasta una propuesta de alta tecnología, futurista, de establecer la Universidad Virtual IOI, en donde se podrían ofrecer grados de Maestría inter-disciplinarios e internacionalmente reconocidos en temas del océano. Ella estaba sumamente interesada en la educación para la vida y estaba consciente de la gran necesidad de educar a líderes, tanto potenciales como actuales. Para ella, el IOI era el medio para que esto se convirtiera en realidad.
Aún a sus más de ochenta años de edad, Elisabeth estuvo activamente involucrada en toda una gama de proyectos relacionados con los océanos. Viajó por todo el mundo dando charlas, participando en conferencias y talleres, asistiendo a reuniones, presidiendo comités internacionales, elevando el perfil de la temática de los océanos, y recibiendo honores y premios de gobiernos, organizaciones y personas privadas. Hasta el último momento, su programa de trabajo fue muy arduo, y su nivel de energía, pasión y compromiso fueron extraordinarios para una persona, sin importar su edad, sin mencionar lo mucho que ya había logrado.
Al lamentar no poder estar presente en el futuro para ver la evolución de la gobernabilidad, ella señaló que al menos "nuestra generación puede sentirle algo orgullosa de haber contribuido, aunque de manera un poco torpe y a tientas, a crear el nuevo orden para mares y océanos, a abrir nuevas formas de pensar acerca del orden mundial, y a forjar una plataforma desde la cual, en el futuro, se puedan lanzar muchas nuevas iniciativas".
"Según escribió T. S. Eliot:
'El tiempo presente y el tiempo pasado
Son ambos quizás el presente en tiempo futuro
Y tiempo futuro contenido en el tiempo pasado."
"Los ideales feministas-socialistas de la época de mi abuela, el humanismo socialista o el socialismo humanista de la época de mi padre y de mi esposo, continúan estando con nosotros. Los ideales democráticos, el ideal por la paz universal, continúan estando con nosotros, tiempo presente y tiempo pasado, en el tiempo futuro. Pero el tiempo presente, Mi Tiempo, los ha transformado, igual que la generación futura transformará lo que hemos intentando construir".
