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Labor docente
Puestos de dirección en manos de hombres
° En una profesión que desde finales del siglo XIX es ocupada mayoritariamente por mujeres, como es la docencia, la mayor parte de los puestos de dirección continúa en manos masculinas.
Silvia Monturiol F. /CAMPUS


Al referirse a la feminización de la labor docente, el historiador Iván Molina destacó que las mujeres no se limitaron a insertarse en el sistema educativo, sino que desempeñaron un importante papel en el desarrollo de valores nacionales centrados en la civilidad y la paz.
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A pesar de que ya desde la primera década del siglo XX las mujeres representaban más del 70% del personal docente en el país, el grueso de los puestos de dirección en prácticamente todos los niveles del sistema educativo, que son por supuesto los mejor pagados, sigue ocupado por hombres.
Este hecho no es casual, sino que se origina en lo que el historiador Iván Molina denomina una cultura "masculinizante", que se ha mantenido desde principios del siglo pasado.
De hecho, la "feminización" de la ocupación docente, fenómeno al que se refirió Molina durante una conferencia impartida en el Centro de Investigación y Docencia en Educación de la Universidad Nacional (CIDE-UNA), se explica en buena medida en la deserción de los hombres del sistema educativo por encontrarlo poco atractivo en términos salariales.
Y es que con la reforma educativa de 1886, que supuso la extensión de la educación primaria, se generó una gran demanda de mano de obra, que fue cubierta principalmente por mujeres, debido que el Estado no estaba dispuesto a subir los salarios. A diferencia de las mujeres, los hombres tenían mayores opciones de ascenso como artesanos u obreros especializados, entre otras ocupaciones. En cambio, para una joven, ser maestra no solo implicaba percibir salarios muy superiores a los que ganaría como obrera, sino escapar del pesado trabajo manual.
Aún así, los hombres no desertaron en forma homogénea del sistema educativo. Abandonaron, principalmente, las escuelas rurales, que eran las peor pagadas, y las urbanas, pues en las ciudades había más opciones de trabajo atractivas. En cambio, se mantuvieron en las escuelas de cabeceras cantonales, las cuales concentraban la mayor parte de las direcciones. La razón era obvia: los puestos de dirección pagaban el doble que los puestos de maestro.
Otro espacio que siguió dominado por los hombres fue la educación secundaria, donde los salarios eran en aquel momento significativamente más altos que los de primaria. A partir de las luchas que las maestras dieron por los derechos de las mujeres hacia la década de 1920, se ha logrado una relativa paridad entre hombres y mujeres en materia de salarios en la labor docente; no obstante, Molina insiste en que la discriminación persiste donde puede camuflarse más fácilmente, que es en la asignación de puestos mejor pagados.
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