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El evangelista de Solentiname

La Universidad Nacional entrega el Doctorado Honoris Causa al gran poeta nicaragüense Ernesto Cardenal.


Bértold Salas M. /CAMPUS

Entregar un Doctorado Honoris Causa es un reconocimiento en dos direcciones. Por supuesto, para quien lo recibe, que ve probado que sus esfuerzos de toda una vida han tenido algún impacto duradero, el suficiente para los homenajes. Pero también a la universidad que lo entrega, que confirma su compromiso con cierto tipo de hombres y mujeres y con sus valores.

Este 29 de mayo, la Universidad Nacional entregó el Doctorado Honoris Causa al gran poeta nicaragüense Ernesto Cardenal Martínez, uno de los más importantes creadores e intelectuales del vecino país del norte y de la región.

Según el Consejo Universitario, este reconocimiento es “por la excelencia de su extensa obra literaria, sus atestados humanísticos, expresados en su constante impulso a la cultura regional y de intercambio entre las culturas, su incansable lucha por la paz y la justicia en el mundo y su vida entregada a fortalecer los más altos valores de los pueblos centroamericanos y latinoamericanos en general”.

Personaje ejemplar

Nacido en Granada, el 20 de enero de 1925, Cardenal estudió Letras en la UNAM de México y obtuvo un posgrado en Literatura Estadounidense en la Universidad de Columbia, en Nueva Cork.

Desde su juventud publicó poemas en distintas revistas, pero es en 1946 que aparece su primer libro La ciudad deshabitada. Desde entonces tiene profundas inquietudes religiosas, que le llevan a ingresar primero al Monasterio de Our Lady of Gethsemani, y al Monasterio Benedictino de Cuernavaca, después. En 1965 es ordenado sacerdote en Managua, y funda una pequeña comuna contemplativa en una isla en el archipiélago de Solentiname. Allí, promueve la pintura primitivista, y con sus compañeros hace una lectura política de los evangelios; surge entonces el Evangelio en Solentiname.

Por su voz sincera y reconocida honestidad, durante los 70 fue uno de los representantes de la causa del sandinismo a nivel internacional. Como represalia, el régimen dictatorial de Somoza destruye la comuna y Cardenal debe exiliarse en Costa Rica.

Regresa a su natal Nicaragua en los 80, desde donde ha continuado su labor humanista. Por esta, su legado a la paz y a la literatura mundial ha sido reconocida en Alemania, Estados Unidos, Francia, Colombia, España, Chile, Italia, México y Cuba, entre otros países.

Traducida a más de 20 idiomas y con centenares de ediciones, su obra incluye poemarios de carácter contemplativo, como Gethsemani Ky, Vida en el amor y Salmos, otros de carácter histórico como El estrecho dudoso y los famosos Epigramas. Sin duda, un repaso por su obra no puede ignorar su Oración por Marilyn Monroe y su Homenaje a los indios americanos.

En la última década se ha dedicado a publicar sus memorias, que llevan tres volúmenes: Vida perdida, Las ínsulas extrañas y La revolución perdida.

Dos joyas

La obra literaria de Cardenal es vasta. Sin embargo, como en todos los casos, hay unos textos más conocidos que otros; y probablemente, los siguientes poemas son:

Epigramas

Al perderte yo a ti,
tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras
lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era
el que te amaba más.
Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo:
porque yo podré
amar a otras
como te amaba a ti,
pero a ti nadie te amará
como te amaba yo.
Muchachas que algún día
leaís emocionadas estos versos
Y soñéis con un poeta
Sabed que yo los hice
para una como vosotras
y que fue en vano.



Oración por Marilyn Monroe

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita
/violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo -de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el hijo de Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
      se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.
Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
      ¡y se apagan los reflectores!
Y desmontan las dos paredes del aposento (era un set
/cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)
¡contesta Tú al teléfono!


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Asistente editorial:
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