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El pez Gaspar Un fósil que alimenta El biólogo Maurizio Protti realiza una investigación del pez gaspar, con la que procura su conservación y uso sostenible. Víctor J. Barrantes C. /CAMPUS
Los huevos fecundados quedan adheridos a las ramas y raíces sumergidas dentro del agua hasta que eclosionan, 50 horas después. Las larvas, de unos 7 milímetros, permanecerán unidas a la vegetación por unos cinco días, cuando empiezan a alimentarse de microorganismos que les provee el medio. Este espectáculo de la naturaleza, que se viene repitiendo desde hace miles de años, es ahora el centro de atención del biólogo Maurizio Protti, de la Escuela de Biología de la Universidad Nacional (UNA), quien se ha dedicado a estudiar el pez gaspar Atractosteus tropicus con el propósito de obtener información biológica para su conservación y uso sostenible. Se trata de una investigación científica que realiza en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Caño Negro para identificar las áreas de desove, ubicar las zonas con mayor concentración de población y comprender los patrones de desplazamiento de la especie dentro y fuera del área de estudio. Luego crear políticas de conservación. Sobran razones para proteger al gaspar y Protti las enumera: no es solo una de las cinco especies de mayor consumo para quienes disponen de los permisos de pesca de subsistencia sino que, a través de talleres de capacitación, se ha empezado a utilizar sus desechos como materia prima para la elaboración de artesanías, dada la consistencia, durabilidad y facilidad de tinción de las escamas con colorantes naturales así como por lo llamativo de su cráneo y vértebras. Aunque biológicamente no tiene sentido proteger la especie con el único fin de confeccionar artesanías, Protti opina que con un programa de manejo se puede aprovechar los desechos. Caño Negro: fuente de información
Como parte de su investigación, Protti ha capturado 795 ejemplares a los cuales colocó una marca y luego liberó. De esos, ha recapturado 14, que le proveen valiosa información sobre patrones de desplazamiento y dinámica poblacional dentro del refugio. Los tamaños de los individuos capturados, predominantemente hembras, variaron entre 21 y 118 centímetros. Contrario a la creencia popular, se determinó que no todos abandonan las lagunas durante la época seca. Por el momento no se tiene reporte de recapturas fuera de Caño Negro. Dado que los recursos de la investigación son limitados y que no es posible explorar más allá de Caño Negro, el investigador invita a los pescadores de la región a reportar los peces con marca que logren capturar. La marca consiste en una etiqueta plástica con numeración individual. Este proyecto tuvo desde su inicio, en el 2003, el respaldo del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) y la colaboración de los vecinos de Caño Negro. Para realizarlo se ofrecieron talleres a los habitantes con el fin de explicarles los propósitos de la investigación y brindarles información sobre el uso integral y sostenible de la especie, su biología, su historia natural y problemas ambientales del refugio, entre otros. Una encuesta aportó información importante sobre las prácticas de la comunidad en relación con la pesca del gaspar: 95% lo consume, 69% están dispuestos a devolver al agua los individuos de 40 centímetros o menos tras conocer que éstos cumple una función vital en la reproducción (el 31% no lo haría por el esfuerzo que implica su captura) y el 91% sí participaría del proyecto de manejo de la especie. En este proyecto, pionero en la región, también colaboran el biólogo Jorge Cabrera, quien labora ad honorem, así como los estudiantes asistentes Ana María Monge y Solciré Martínez. Es tiempo de reproducción. La época lluviosa se ha iniciado en los llanos de Caño Negro, las lagunas empiezan a recuperar su nivel y los gaspares reinician el apareamiento. En las larvas que están creciendo está el sustento alimenticio y quizá económico de muchas familias pobres y la herencia de una especie milenaria que no termina de proveer información.
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