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° Favorecer a los escolares en su proceso educativo, a través del mejoramiento de las condiciones del ambiente familiar, busca el proyecto de extensión Escuela para Padres y Madres, del CIDE-UNA. Silvia Monturiol F. /CAMPUS
A través de ciclos de talleres, impartidos en escuelas de la provincia de Heredia, el proyecto promueve la comunicación afectiva, honesta y abierta entre los miembros de la familia. "Todos los temas que desarrollamos se orientan a favorecer la autoestima de los escolares, lo que redunda en motivación para el estudio", afirma Eliud Calderón, coordinador del proyecto y subdirector de la División de Educación para el Trabajo del Centro de Investigación y Docencia en Educación. (CIDE). Inadecuadas relaciones intrafamiliares, sospechas de aplicación de castigo físico para disciplinar a los menores, conductas "precoces", desde el punto de vista de la sexualidad de los niños, y bajo rendimiento académico, son algunos de los hechos que han detectado docentes de algunas de las escuelas que han solicitado el apoyo del proyecto. De hecho, cada módulo-que comprende seis talleres- trata en profundidad uno de los siguientes ejes temáticos: la comunicación en la familia, educación para la sexualidad y apoyo en el proceso académico. Aclara Calderón que el proyecto no pretende enseñar a los padres lo que ellos no saben, sino más bien ofrecer un espacio para la reflexión sobre temas que afectan la dinámica familiar. Aprendiendo en la práctica El seguimiento del trabajo con los padres de familia es importante para el equipo de orientadores. De ahí que desde este año se ha introducido la práctica de asignar tareas concretas a los participantes -quienes en su mayoría son madres- para que apliquen lo que aprendieron. Por ejemplo, luego de un taller que trata sobre formas constructivas de canalizar el enojo, los asistentes tienen la tarea de registrar sus esfuerzos en ese sentido y compartirlos en el siguiente taller de los seis que comprende cada módulo. Según Calderón, los padres enojados suelen juzgar, condenar, amenazar, maltratar, por lo que en vez de eso, se propone que el padre o madre comparta con el menor sus sentimientos (frustración, tristeza, molestia, preocupación) ante el comportamiento del niño, y clarifique cuál es exactamente esa conducta que le hace sentirse de esa manera. "Es que a veces el niño no tiene clara conciencia de lo que molesta al padre o a la madre", advierte Calderón. Insiste, además, en que las palabras destructivas son el camino equivocado, porque no solo repercuten negativamente en la autoestima del niño y en la relación afectiva padres-hijos, sino que no logra el propósito de motivar al cambio de actitud. Otra modalidad que ha introducido el proyecto es ofrecer consulta de orientación a padres o madres con inquietudes particulares, después cada taller. |
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