|
Programa radiofónico de la UNA Visión Crítica Edición Mayo 23 2003 Las otras dimensiones de los procesos de integración Dr. Jerónimo de Sierra, investigador y miembro del Consejo Directivo de CLACSO. Hay muchas formas distintas de integración. Algunas pueden ser solamente comerciales Dr. Alfredo Guerra Borges, especialista en integración de Centroamérica. Los gobiernos le han vuelto la espalda a la integración regional por negociar con otros; pasan por alto que regionalmente se intercambian más de 3.000 millones de dólares anuales. Dr. Carlos Carranza, director de la Escuela de Sociología de la UNA. En Centroamérica hay grandes asimetrías entre pobres y ricos que hacen más complejo el desafío de la integración. E.D.- Muy buenas tardes amigas y amigos de Radio Nacional de Costa Rica y de este su programa Visión Crítica de la Universidad Nacional. Este espacio de la busca aportar aportar pensamiento, información y análisis sobre los grandes temas de Costa Rica y el mundo; es una forma de llevar la cátedra a la ciudadanía, de abrir espacios para el análisis y el pensamiento. Con esa filosofía trabajamos para ustedes. Se está llevando a cabo una actividad muy interesante en la Universidad. Consiste en un análisis sobre el tema de la integración. Justamente para entender mejor de qué se trata la integración en los términos en los que nos interesa a los costarricenses y a los centroamericanos, y también para saber que ocurre en otras partes del mundo, las diferencias que hay en las diferentes esquemas y formas de integración, están con nosotros esta tarde el doctor Jerónimo de Sierra, investigador, miembro del Consejo Directivo de CLACSO, quien ha escrito sobre temas relacionados con el ajuste estructural y la integración regional en diferentes países y ha tenido experiencias sobre las cuales vamos a tener referencia el día de hoy. Bienvenido doctor Jerónimo de Sierra. J.S.- Muchas Gracias. E.D.- También nos acompaña el doctor Alfredo Guerra Borges. Es especialista y maestro en temas de integración latinoamericana y de Centroamérica; consultor internacional y asesor de organismos internacionales. Ha publicado ya varios libros, y bueno tiene también conocimiento de lo que es el fenómeno de la radio. Bienvenido. A.G.B.- Muchas gracias. E.D.- Carlos Carranza, director de la escuela de sociología de la Universidad Nacional nos acompaña. Bienvenido de nuevo don Carlos. C.C.- Es un placer estar con ustedes. E.D.- Pues bueno, en el tema de la integración si hubiera que decir con franqueza qué pasa en el país, en éste país nuestro que los acoge a ustedes, por lo general nos referimos a un término que no se termina de entender; aunque sí se sabe que se refiere a una realidad en la que estamos involucrados como centroamericanos y latinoamericanos. Constantemente hablamos de los fenómenos de integración y de su diversas naturalezas. Tal vez un primer punto de llegada en esta conversación de hoy es ayudarnos a entender qué significa el concepto de integración. J.S.- Bueno, con mucho gusto puedo hacer una primera reflexión sobre esto tratando de hacerla amena porque estamos en un programa de radio, no en una conferencia. Amena en el buen sentido, hay que decir. Yo diría que cuando uno piensa en la integración, y lo que oye la gente en la radio y los periódicos, le está llegando, bajo el mismo nombre, fenómenos diferentes. Nos hablan de integración en Europa, de la Comunidad Europea y la Comunidad Europea se considera siempre un fenómeno de integración. Se habló mucho de ella. También se anunciaron las experiencias que hubo de integración centroamericana. Se oye también del MERCOSUR, el Mercado Común del Sur. En realidad son todas experiencias diferentes de integración. Uno podría pensar en integración entre países muy homogéneos, bueno, en Europa no; allá los 15 miembros de la Unión Europea hablan idiomas distintos; se han hecho la guerra muchas veces entre sí, tienen diferentes historias, y sin embargo el proceso de integración es muy profundo, con introducciones muy hondas en lo político y en lo económico. Pero mantienen a su vez sus gobiernos nacionales, sus identidades, sus lenguas entre muchas otras cosas. Son ejemplo de un proceso de integración muy importante. Tenemos, después, una América Latina donde hablamos en general, no todos, la misma lengua la mayoría. Uno piensa: es una integración porque se habla el mismo idioma. No tiene nada que ver. O hablamos de Centroamérica porque están todos los países pegaditos unos al lado del otro, porque hay una unidad geográfica. Bueno, pero todos sabemos que hay países distintos, tradiciones, conflictos. El MERCOSUR, otra experiencia que la gente oye, que nosotros también oímos y escuchamos se refiere a una experiencia en la que hay un país enorme que es Brasil donde se habla portugués y donde hay un país pequeñito, Uruguay, que se desarrolla bastante pero pequeñito. Está Argentina que fue un país muy rico. Lo sigue siendo, pero bueno, ahora está en crisis, aunque sigue siendo un país importante. Está Paraguay, completamente distinto, un país que fue invadido por los otros tres en el siglo XIX y está muy golpeado. Tenemos, así una realidad con desbalances de desarrollo político, niveles distintos de desarrollo económico, una situación de heterogeneidad, pero a pesar de todo lo han ido haciendo. Han logrado crear una experiencia de integración muy fuerte, con luces y sombras. Esto nos permite ver que hay muchas formas distintas de integración. Algunas pueden ser solamente comerciales. Un tratado de libre comercio es una forma de integración, digamos: protocolizada, con un contrato, digamos, pero solo para comerciar, y ni siquiera para todas las formas de comercio, lo único que dice es que se venderán entre sí productos sin impuestos. Eso es muy importante, pero es un nivel muy simple de integración, aunque sea muy importante para el comercio y los intereses de esos países. Hay otra forma de integración que llaman libre comercio, pero no, no lo es en sentido estricto sino que se limita a una unión aduanera. Hay otras formas de integración, como la de Europa. El MERCOSUR nunca quiso hacerla tan amplia, pero parece que ahora van a tener oportunidad de intentarlo de nuevo. Están pensando ahora en hacer empresas comunes, con dinero común de las empresas o gobiernos de esos países para hacer empresas de los que se han integrado. Es otra cosa, es una integración productiva. En Europa empezó por el carbón y el acero y después se fue desarrollando y hoy todos viajamos en aviones, hay bus, y hay cohetes que viajan al espacio. E.D.- No hay duda de que es un fenómeno y una experiencia de integración exitosa la de Europa. Es un referente obligado para los de pueblos como los centroamericanos y de América Latina. Ahora, doctor Alfredo Sierra Borges, ubicándonos un poco más en el aspecto regional centroamericano, qué nos dice de los esfuerzos de integración que hasta la fecha han sido impulsados. A.G.B.-Creo que Centro América tiene mucho que decir en materia de experiencias, las cuales han sido muy adecuadas para el tamaño de los países de la región. En primer lugar, la integración centroamericana es el primer proceso de integración que ha habido en América Latina. A partir de 1958 se firmó el tratado multilateral de integración y cooperación Centroamericana, comenzamos a desmantelar aranceles. En aquel entonces Centro América eran 5 países que no sé si se conocían bien o se comunicaban entre sí; no había un sistema de carretera siquiera que enlazara de manera moderna las capitales. Para aquel entonces si un presidente de Centro América llegaba a otro país le ponían alfombra roja, era como que si llegara el presidente de Persia o una cosa así. Ahora no, llegan en mangas de camisa, de manera que desde ese punto de vista nos acercó mucho la integración, es la integración la responsable de haber creado un sistema moderno de carreteras. En distintas etapas, ahora se cuenta con el corredor logístico centroamericano, trabajo técnico de alto nivel que se lleva a cabo en la actualidad; costará unos 10.000 millones de dólares, pero son casi 3.000 kilómetros de vías indispensables y de otras obras. El Mercado Común Centroamericano llegó a crear un total como de 37 instituciones que cubrían telecomunicaciones, aspectos navieros, el Banco Centroamericano, el Consejo Monetario Centroamericano, el Instituto Centroamericano de Administración Pública, que creó muchos funcionarios, con cursos de intermedios, etcétera. Desde el punto de vista económico, sin la menor duda, la integración en los años 60-70 tuvo un apoyo muy vigoroso de los gobiernos; las reuniones de Ministros duraban 3 días completos, con mucho apoyo gubernamental. En los años 80 vino la crisis, la deuda, las crisis políticas dentro de casi toda Centro América, excepción hecha de Costa Rica, todo eso creó una situación de la cual a partir de, más o menos, 1987 se comenzó a salir. No puede decirse en realidad que los reajustes, los cambios estructurales de que se ha hablado tanto se hayan consumado y consolidado. En éste caso Costa Rica sigue siendo la excepción, porque no pasó por la experiencia traumática de El Salvador, de Guatemala, de Nicaragua y Honduras. Pero de todas maneras se ha tenido que cambiar muchas cosas y todavía hay muchas más que cambiar. Lo que ha cambiado, desafortunadamente, en relación con la integración, es que los gobiernos le han vuelto la espalda; se ocupan de negociar con Chile y otros, cuando aquí intercambiamos el 90% de la producción industrial e intercambiamos más de 3.000 millones de dólares en la región. E.D.- Da la impresión de que ese relativo olvido de los gobiernos, esa vuelta de espalda al tema de integración regional viene de la mano de un mayor interés por negociar la inserción a sistemas económicos mucho más amplios; hablamos con esto de algo que ya no se explica en términos de integración, sino de imposición: el Area del Libre Comercio de las Américas. ¿Ha perdido sentido desarrollar la idea de un mercado regional ante la globalización? A.S.- Yo no estoy en contra de que se vea más lejos con esquemas globales. No creo malo que los gobiernos se preocupen por negociar con terceros países, pero usted, para mejorar la oficina no tiene por qué abandonar la casa y dejarla abandonada, como ha pasado en Centro América. Está bien ver al exterior, indudablemente es un signo de los tiempos, pero usted tiene aquí 3.000 millones de dólares que conservar, verdad, y esa responsabilidad de conservarlos no es solo de los empresarios, como ha venido ocurriendo; sencillamente porque los empresarios son los que mantienen vivo el Mercado Común Centroamericano. J.S.- Sí, yo tengo la impresión de que es natural, es lógico que en los años 80- 90, con el gran empuje que tuvo la apertura general del Mercado y lo que se ha llamado la globalización, por lo menos financiera y económica, las presiones de los organismos multilaterales por un lado, que no sé, nos presionan, digamos, pero cuando son prestamistas también tienen la posibilidad de condicionar los créditos en el sentido de la presión, y por otro, las empresas llamadas multinacionales, o transnacionales, las más grandes en 90y tanto por ciento están radicadas en los países de capitalismo más desarrollados, más avanzados, Estados Unidos, Europa, Japón, bueno, en éstas décadas sí se ha presionado muchísimo directamente y a través de la Organización Mundial del Comercio, para que éstos países, todos los de América Latina abrieran sus fronteras financieras, comerciales, y en todo sentido para la circulación de capital, ya sea como inversión productiva, ya sea con una inversión puramente financiera, volátil, o más estable, de bolsa, o de distintos mecanismos, y la diversificación de productos que ellos vendían, ésta analogía de las empresas, que quieren vender lo que ellos venden y quieren que otros no compitan tanto, entonces en ese sentido la mayoría de los gobiernos y los empresarios fueron muy presionados, muy presionados porque tienen que pagar su deuda. Eso fue en los 80, en la crisis de la deuda, y ahora esa crisis volvió otra vez. Entonces había elementos de presión, ¿presión a qué?, presión a abrir espacios a las grandes empresas productoras que son las de los capitales más constituidos, más consolidados, y los gobiernos de esos países sin pedir la contrapartida para afianzar a sus equivalentes localels, en otras palabras, sin hacer espejo para el otro lado. Así fue, desde Brasil que es una potencia mundial y económica, hasta los más pequeñitos, Uruguay o Costa Rica. hí se produjo una asimetría muy fuerte que casi los obligó a decir, intégrese a éste mundo abierto, pero abierto en forma asimétrica. Eso no lo dicen con claridad los gobernantes -solo los gobiernos de izquierda, que hay pocos en América Latina en éste momento-. Menos lo denuncian los gobiernos conservadores como es el caso, digamos, del presidente de mi país, de Uruguay, Jorge Valle. El es un hombre muy afín a Estados Unidos, amigo de Bus, sin embargo cuando tiene ocasión hace la mención de protesta, dice: dennos mercado. Yo creo que Valle sabe que no va a conseguirlo, porque prevalece una gran asimetría. A estos países les dijeron: o miran hacia, o no cierran ni siquiera sus cuentas, sus cuentas de pago, su balanza comercial. Ante esa asimetría, que se ha hecho más patente en éstos años, la integración aparece en algunos lugares y en algunos momentos como una ayuda a éstos países para negociar mejor. En las circunstancias actuales ya no se responde solo por una tradición de afinidades, de proximidades a veces geográficas, sino, mediante instrumentos posibles de fortalecer la capacidad productiva local y de negociación. Ya no cabe pensar en romper con el mundo; hoy en día eso es una utopía, no se puede mantener una economía cerrada, nadie lo puede hacer, pero se puede tener capacidad de decisión pensando en los intereses concretos, no sólo de los asalariados, sino también de los empresarios de esos países, que se están funsionando tanto en Argentina como en Brasil y en otros países. C.C.- Para el caso de Costa Rica hay que tener claro que no se ha trabajado en los últimos años en un concepto integral de integración. En la década de los 90 lo que hicimos fue avanzar, básicamente, en tratados bilaterales, con México, con Canadá, con Chile. Ya estamos discutiendo con Estados Unidos sin tener lo que el maestro Guerra Borges señalaba. Un país, para poder participar en una integración, o en el libre comercio,tiene que tener una infraestructura básica, tanto de desarrollo social, desarrollo infraestructural, de mejoramiento de lo que también decía Jerónimo: de las aduanas. Centroamérica no mejora en esos campos como para aspirar a comenzar a competir en un principio de igualdad. ¿Por qué?. Aquí hago una crítica sana, porque no estoy en contra de la integración; los gobiernos han partido de un falso principio de igualdad en relación con el país más desarrollado, me refiero a Estados Unidos. Es cierto que nosotros tenemos unas excelentes relaciones con Estados Unidos en muchos campos por cuestiones históricas, pero una cosa es la cuestión de compartir y la otra son los negocios, y ahí evidentemente estamos partiendo de un principio de desigualdad. Puede ser que haya temas que se lleven a acuerdos, pero señalo dos cosas: uno, los acuerdos no logran apoyar esa integración regional centroamericana, y segundo: los plazos que se dan no son los adecuados porque no hay las medidas de implementación para amortiguar una serie de fenómenos que van a venir a cierto plazo. Agrego: no hay un elemento importante, una agenda común a veces en los asuntos comerciales centroamericanos. En el caso particular de todos nosotros los costarricenses nos hemos aislado demasiado en esa discusión que es tan importante. Es necesario retomar esto, porque una integración con los Estados Unidos no significa beneficios inmediatos, no significa un mejoramiento sustancial. Retomo aquí la palabra de Jerónimo; bueno, algunos empresarios han visto que van a ganar, pero el destino de los 3 mil millones de dólares que citaba el profesor Guerra Borges es muy importante de vigilar. Porque también puede pasar una cosa muy dura, sin ser apocalíptico: podemos funsionarnos a nivel empresarial -ya nos hemos funsionado en otros campos, como está pasando en el campo agropecuario, como nos está pasando en el campo bananero, en el campo ganadero-, entonces tenemos que hacer un esfuerzo por buscar alternativas en este momento para el caso particular de Costa Rica y replantear también las condiciones de una negociación, porque uno no puede abrir la economía de manera precipitada si no hay condiciones de facilidad y condiciones adecuadas de parte del socio mayor. E. D.- Recientemente un empresario cooperativo costarricense daba elementos que a mí me preocuparon. Partía de que hubo un gran esfuerzo por lograr con tratado de libre comercio con México, hubo enormes expectativas en juego, pero la realidad en cuento a creación de nuevas empresas y generación de puestos de trabajo y de beneficios concretos para el ahorro interno y otros beneficios esperados no se dieron. Lo que vemos, decía, es la absorción de la economía por otra mayor, más poderosa financieramente, y en el fondo no se da esa sinergia de la que nos hablaban, esa oportunidad de un desarrollo relativamente equilibrado; se ve la sustitución de productos, marcas locales absorbidas por las extranjeras, ni siquiera estamos seguros de que haya compensación al erario porque las utilidades se van al extranjero. ¿Estamos volviendo a la vigencia de la ley del más fuerte? J. S.- Yo creo que retoma la idea inicial que yo plantee de que hay distintas integraciones, decir integración es decir poco, yo creo que hay integraciones en curso hoy día en América Latina que son malas, a las que hay que oponerse y otras que son potencialmente buenas, hay que construirlas. Hay otras que deben ser creadas. ¿Qué quiero decir con esto?. Digo que esas integraciones muy directamente dirigidas en su agenda y en su contenido, en sus reglas, porque parten de una enorme diferencia de poder frente al pequeño, tienden a ser un protocolo para quedarse con la economía del pequeño. Así de claro. Son para quedarse con la economía. Hay otra forma de integración que es para proteger esa zona que está más atrasada y potenciar su desarrollo. Por eso se pone protección. Debemos ver con atención la integración a partir de lo hecho por los europeos. Europa sumó fuerzas para enfrentar a Estados Unidos, no enfrentarlo militarmente, no, pero para constituir una comunidad económica. Por eso fue una unión sólo de libre comercio, después forjaron una unión económica, y con fundamento político, echaron a caminar un Parlamento, un Consejo Europeo; el MERCOSUR pretendía, y ahora parece que va a volver a pretender, hacer lo mismo; una zona que se protege un poco para vincularse mejor con el resto del mundo y no solo abrir al comercio. Dime que formato tiene tu integración y te diré como te irá, decir solo integración no dice mucho. Entonces el problema es que para los países chicos, digamos, estamos hablando de Centroamérica -yo soy de Uruguay que también es un país chico, y Paraguay y Ecuador y en Europa Luxemburgo, Bélgica, Holanda-, bien, todos los países chicos europeos tienen un problema particular, a ellos les conviene más una integración que tenga compensación de desigualdades, que proteja en parte el ritmo de los más atrasados, de los más chicos, que los ayude a ir junto con los otros, esa es una integración buena para los chicos. La integración que trata a los chicos y a los menos desarrollados como a los otros iguales, donde dicen que todos son iguales, eso es una trampa, eso acaba siendo una forma de profundizar la desigualdad. Entonces, yo diría que debemos ser prudentes cuando escuchemos la palabra integración. Preguntémos de cuál integración se habla: la A, la B o la C, solo comercial, tratando como iguales a los que son desiguales, o buscando mecanismos de compensación y de ayuda. A.G. B.- Estoy completamente de acuerdo con lo que se acaba de decir, depende de qué integración hablemos, por ejemplo, en el caso de la integración con México recuerdo que por allá de 1994 el PNUD me pidió unas opiniones sobre el tratado que se estaba negociando y en el documento yo hacía ver que un tratamiento limitado a lo comercial, evidentemente -como dice Jerónimo-, pues los resultados inevitables son la superioridad y eso se ve en el mercado local; la gran empresa, el gran supermercado deja apenas sobrevivir a la tiendecita de la esquina, no la mata, no la destruye, pero la deja vivir su vida de tiendecita de la esquina. Ahora, mi sugerencia era que lo esencial de la negociación con México debía radicar en acuerdos sobre inversiones, de tal manera que la inversión se canalizara siguiendo la norma que hoy día es una experiencia internacional común, lo que llaman producción internacional; que es así: una parte del producto se fabrica en Taiwán o en Malasia y después se termina de ensamblar en Singapur y después se distribuye en los Estados Unidos; toda esa cooperación podía serle interesante a México por razones de costos o para exportar a Centroamérica, etc., para invertir en Centroamérica en la creación de capacidad, pero capacidad intermedia, capacidad de bienes de capital, no capacidad para montar helados Holanda, que fue lo primero que instalaron en Guatemala. Con una integración donde la primera inversión mexicana va a ser helados Holanda como que nos congela no, mientras que de este otro modo, con una inversión convenida, un consejo de inversiones en que participaran los Estados y empresarios centroamericanos y mexicanos buscando la oportunidad, se beneficiaría México, se beneficiaría Centroamérica y no tendríamos que estar recurriendo a puros programas. En otras palabras, para terminar esta parte de nuestra conversación, la integración con vistas a lo productivo -y eso fue el Mercado Común Centroamericano en los años 60 y 70-, prácticamente no había sector industrial, la mayor parte de empresas eran de 2 a 5 trabajadores. Lo que tenemos de empresas, lo fundamental de las empresas, es obra del Mercado Común Centroamericano. Ahora se podrá maldecir el pasado, pero lo cierto del caso es que nos hace vivir lo que hicimos en aquel tiempo. E.D.- Una interesante forma de aterrizarnos en la apreciación histórica del fenómeno de integración en Centroamérica. Vamos a hacer una breve pausa y cuando volvamos veremos otros aspectos de la integración, nos hemos centrado mucho en lo que es la parte económica, financiera, empresarial, hay otras dimensiones vitales de la integración sobretodo para pueblos como los centroamericanos. E.D.-¿Qué valoración hacen ustedes del aspecto cultural de la integración, a partir de la experiencia en América Latina?. J.S.- Yo creo que efectivamente la mayoría de los análisis y debates que hay sobre integración ignoran totalmente esto, no se ocupan prácticamente nada de esto que es muy importante. Hace poco en otro grupo de trabajo en el que estamos hicimos una publicación con un enfoque muy valioso por el carácter multinacional del MERCOSUR. En el grupo de trabajo había economistas, antropólogos, lingüistas, politólogos, es decir, quedaba claro que el enfoque de la experiencia no se restringía a ésta como un asunto solamente económico para constituir un proyecto de integración fuerte observando el ejemplo del modelo europeo. La referencia es útil porque en Europa se intenta construir una comunidad de personas, de ciudadanos, no sólo de empresas o de mercado. Por ejemplo, en el caso del sur, que conozco más, para un argentino es una revolución histórica de siglos considerarse hermano de veras, cooperando con un brasilero; toda la vida se vieron como rivales y no únicamente en el fútbol. Lo mismo le pasa a un uruguayo. Ahora el MERCOSUR emite un pasaporte que dice MERCOSUR. Es simbólico, son pequeños pasos, pero hay problemas de identidad muy fuertes, de tradición, de comunidad; eso no se decreta, se construye. Si el proyecto es puramente comercial eso no importa mucho, si el proyecto es construir un bloque, abusando de las palabras nacional regional, porque no se pueden eliminar las naciones, estados actuales, como en Europa, nadie eliminó a Francia, Alemania, Italia, de la comunidad europea, pero hay una super nacionalidad que se va construyendo; como hacen en Europa que todos hablan idiomas distintos, bueno, pagan becas a los estudiantes para que roten entre los países, a los profesores con programas los dejan circular libremente entre ellos; no hay aduanas, ni pasaportes, van construyendo la idea de comunidad, es difícil porque ahí hablan 15 idiomas y se hicieron la guerra toda la vida. Europa y Latinoamérica son casos extremos. Aquí en la mayoría de países no ha habido o ha habido pocas guerras en los siglos XIX y XX. Hay, afinidad lingüística pero hay profundas tradiciones de rivalidad, bueno en Centroamérica ustedes lo saben muy bien, pero lo mismo pasa entre Argentina, Brasil, Argentina y Chile, Urugua y Brasil, Uruguay y Argentina. Esa es una dimensión fundamental que los gobiernos, las elite culturales y sociales o lo tienen claro o no lo tienen claro. Si no lo tienen claro no hacen nada para construirlo, si no hacen nada para construirlo está claro que no va a avanzar, porque todo esto de las integraciones buenas con perspectivas de construcción de nuevas realidades, no solo comerciales, son aquellas en las que hay una voluntad política estratégica en las diligencias, no solo desde el gobierno, sino también de las instancias sociales, centrales sindicales, empresariales. Todos deben sentir que van a construir algo nuevo y para ello hay que darle importancia entonces a lo cultural, si no se le da esa relevancia habrá mucho comercio pero se seguirán considerando tan extranjeros o más que antes. A.G.B.- Creo que en esto de lo cultural tenemos un gran déficit en Centroamérica, desde el punto de vista de la integración ese no es un tema que lo haya considerado alguna vez explícitamente; la integración centroamericana siempre ha sido comercial. Hay un gran déficit en ese sentido, lo social no ha aparecido. En otro tiempo hubo bastante crítica a la integración centroamericana porque no tenía una política social, porque no tenía una política cultural, etc., y los economistas, es decir los que tenemos el defecto de ser economistas y por consiguiente, nos cuesta mucho, a veces, entender lo cultural, argumentábamos que no era problema, que la integración era para integrar las economías. Hoy día los años me han enseñado otra cosa diferente. En Centroamérica podría haber apoyo de los gobiernos para que estimular el desarrollo cultural regional. Sí creo que si el esfuerzo no proviene de la sociedad civil no esperemos que lo hagan los gobiernos, más ahora que tienen la cabeza puesta en Estados Unidos. En fin es como que si usted le pide a una persona antes de casarse que piense en otras cosas, solo piensa en la luna de miel. C.C. - Yo quiero señalar un factor muy importante: la ausencia de un concepto, de una política de los gobiernos centroamericanos en cuanto a que la gobernabilidad para la integración no se construye solo en el plano económico, se construye con dos aristas muy importantes: con políticas culturales que respeten la pluralidad y el principio de reciprocidad que permita encontrar complementos y presentarse con una cultura de paz, de democracia, de derechos humanos, y por otra parte, también en todo lo que tiene que ver con el proceso educativo centroamericano, que este tiene que ser fortalecido. Ese aspecto no está en ningún acuerdo de estos que se están firmando. Y la otra parte se refiere a la política social. En el fondo esa sociedad civil que nos estaba bosquejando el profesor Guerra Borges nos dice que en Centroamérica hay grandes -no diría asimetrías-, sino grandes diferencias entre pobres y ricos, etc, que hace más complejo el desafío de la integración; ahora bien, a ese factor cultural hay que señalarle un factor que a veces está subyacente en la discusión pero que cita, me refiero a que si hay un hermano mayor, hay un hermano superior, ese resquemor suele ser fuerte. A mí me preocupa que posiblemente los modelos culturales que provengan del país más desarrollado, que tiene mayor capacidad, se van imponiendo en ciertos grupos de la sociedad. Todos esos modelos no van a ser la recuperación de lo propio, sino en función del modelo exitoso o visto como superior, a imitar. Otro factor de la cultura que a veces se olvida en esta discusión se refiere a la cultura organizativa. Tenemos que hacer un gran esfuerzo por organizarnos diferente, expresarnos diferente, ya lo decía Jerónimo, además de ese resquemor, la forma de pensar, los tiempos, son diferentes, si vemos el modelo de integración europea ha respetado mucho ese elemento, pero ha fortalecido la cultura receptiva para que un alemán pueda ir, por poner un caso, a Andalucía y sepa como comerciar, como relacionarse, como entender los tiempos de cultura que son muy importantes en ese segundo elemento. Menciono un tercer elemento, la cultura empresarial; hay que crear toda una cultura empresarial para fortalecer a otros grupos, no solamente al gran empresario, sino también a las pequeñas y medianas empresas. Esa cultura empresarial no la estamos formando en el caso centroamericano, ni les estamos ayudando para que den los avances, no tenemos un programa de ciencia y tecnología, de PYMES centroamericana adecuado. En otras palabras, la cultura en su múltiple dimensionalidad no está considerara. Agrego algo más, la cultura política de tolerancia está ausentes, no estoy hablando de una democracia porque yo respeto el concepto que quiera cada país tener, pero una tolerancia que es necesaria de fortalecer en Centroamérica. Pienso que debe existir una actitud tolerante, en especial, del hermano mayo. E.D.- Quiero agradecerle al doctor Jerónimo de Sierra, al doctor Alfredo Guerra Borges y a don Carlos Carranza que nos hayan acompañado el día de hoy. Parte del compromiso de la Universidad Nacional es la reflexión, el trabajo y la proyección de todo el conocimiento y la inteligencia que se genera en las aulas para tratar de llevarlas a los ciudadanos. Nuestra tarea es facilitar el acceso de los ciudadanos a ese conocimiento que hoy ustedes han compartido. Buenas tarde. Arriba |
|
|
Oficina de Comunicación | Visión Crítica | Galería Fotografías | Correo Electrónico Hoy en el Campus | UNA | Ediciones Anteriores | Buscar ![]() CAMPUS DIGITAL Oficina de Comunicación, Universidad Nacional. Apartado 86-3000, Heredia - Costa Rica. Teléfonos (506) 237-5929 y 277-3224, FAX: (506) 237-5929. Correo electrónico: campus@una.ac.cr Edición digital: www.una.ac.cr/campus Directora: Maribelle Quirós Jara. Editor: Victor J. Barrantes Periodistas: Gloria Muñoz Gracía, Laura Ortiz, Maribelle Quirós Jara, Victor J. Barrantes, Silvia Monturiol Fernández, Xinia Molina Ruiz , y Asistente editorial: Ana Lucía Vargas. Diseño de página: José Luis Sánchez Pino josesanchez@engineer.com © Prohibido reproducir, transmitir o distribuir parcial o totalmente los artículos, fotografías, diseño o cualquier otro elemento del contenido que aparece en CAMPUS Digital. Si desea hacerlo enviénos su solicitud a campus@una.ac.cr |