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Programa radiofónico de la UNA Visión Crítica Edición Abril 04 2003 Cultura y medios de comunicación Información y desinformación en la guerra en Irak Entrevista con Luis Rivera Pérez, director de la Maestría de Estudios de Cultura centroamericana, doctor en teoría y metodología de la comunicación masiva y profesor de filosofía de la Universidad Nacional. “Si en Costa Rica hay una tendencia importante a la violencia, entonces nosotros estaríamos frente a un problema serio, porque se estaría reforzando la idea de que el más fuerte se impone aunque no tenga la razón”. “Los medios de comunicación costarricenses, igual que aquel ciudadano en la calle, pueden evadir el cerco de CNN y todas las transnacionales norteamericanas” “Se dice que hubo 500 o 600 periodistas norteamericanos que fueron entrenados, previamente a la guerra, para que informaran de ella de la manera que al gobierno y al ejército de los Estados Unidos les interesaba. Los han llamado los “periodistas incorporados”. E.D.-Don Luis, muchas gracias por acompañarnos en Visión Crítica de la Universidad Nacional. Bienvenido al programa. L.R. –Muchas gracias a la Universidad por darme esta oportunidad. Aquí estoy para que conversemos sobre este tema tan actual. E.D.-Apasionante, además. Para comenzar y ayudar a nuestros amigos y amigas radioyentes de Visión Crítica a ubicarse en el tema, ¿cómo podría usted caracterizar la situación que hoy en día, en este momento, este día, estamos viviendo en el mundo desde el punto de vista de la información y desinformación que se está produciendo con respecto a la guerra en Irak?. L.R.-En términos generales podríamos pensar que hay un fenómeno real de ese tipo que está ocurriendo que tiene implicaciones muy serias para toda la humanidad. Hay una gran diversidad de versiones, o de enfoques, o de encuadres de ese problema fundamental que es la guerra. De manera que podríamos encontrar visiones, por ejemplo, como las que expresan las cadenas norteamericanas, visiones como las que expresan algunos medios árabes, a los que tenemos algún nivel de acceso, por cierto una forma un poco diferente frente a los norteamericanos. También podemos incluir en esa diversidad a los europeos, o a algunos europeos, y definitivamente de carcter diferente, quizás la más cercana a nosotros, como informan los medios latinoamericanos, como por ejemplo TELEVISA. E.D.-Al respecto se tiende a pensar que en una situación de guerra, donde todo se vuelve prácticamente irracional, donde todo se vuelve un afán de superar al rival, de vencer al enemigo, también en materia de comunicación se terminan rompiendo promesas de objetividad, neutralidad, equilibrio, etcétera. Se atropellan esos valores y la prensa acaba “poniéndose la camiseta”, es decir, toma posición. ¿Cree usted que vamos en esa dirección, identifica evidencias de que la prensa internacional -no sé en qué medida también la prensa nacional- pudieran estar definiendo un enfoque de las informaciones a favor o en contra de algún protagonista de la guerra?. L.R.-A mí me parece que tomar posición es inevitable, es consustancial al hecho mismo de informar. Ciertamente hay una búsqueda, una expectativa y una pretensión de objetividad, pero esta pretensión de objetividad se da en circunstancias muy particulares, de manera que, por ejemplo, para comenzar, cada uno de los periodistas que informan sobre este tipo de eventos tiene un lado emotivo, un lado afectivo, un lado político, ve la realidad de una determinada manera y desde ese punto de vista encuadra en primera instancia la información que brinda, y por otro lado también tenemos que este individuo, este periodista, no es un simple individuo que informa de la mejor manera y a su juicio, de manera estrictamente personal, sino que este individuo también forma parte de instituciones que son los medios de comunicación. Esas instituciones tienen unas ideologías, tienen unos intereses y desde el punto de vista del campo profesional también tienen una manera de encuadrar la realidad, tienen una manera de representar esa realidad. Además, esos periodistas no solamente trabajan sino que también forman parte de una institución, forman parte de una cultura muchísimo más amplia. Entonces, por ejemplo, encontramos que una buena parte, quizás la mayoría de los periodistas costarricenses, tienen una actitud más bien pacifista de rechazo a la guerra con Irak. Bueno, pero eso no es casualidad, eso tiene muchísimo que ver con la cultura costarricense, incluso con una cierta ideología costarricense en donde nosotros nos percibimos a nosotros mismos como pacifistas. E.D.- Me gustaría que nos diera una opinión con respecto a la diferencia en la capacidad y la calidad de los medios que hoy tenemos informándonos de la guerra. Estos son medios globales, mundiales, es decir. Acaban siendo dos o tres protagonistas poderosos que nos alimentan de imágenes, de opiniones, de análisis, de criterios, de datos, irradian sobre nosotros una determinada visión de la guerra. Me refiero a las grandes cadenas de televisión norteamericanas cuyos periodistas y camarógrafos viajan en los mismos tanques del ejército norteamericano en la invasión de Irak. Lo hacen sometidos a un régimen de restricciones; hay cosas que no se pueden decir, hay imágenes que no se pueden pasar. Se pierde el criterio editorial de fondo porque se está cedido a los generales que administran el escenario de la acción militar. En este caso lo fijan los Estados Unidos e Inglaterra. Lo mismo hacen las cadenas árabes; hay una pérdida definitiva de control sobre los enfoques informativos. ¿Ante eso, el ciudadano qué puede hacer?. L.R.-Habría que señalar algunas cosas. Primero, que la guerra del 91 contra Irak implicó una nueva forma de hacer televisión. Recordemos que la cobertura de esa guerra es la prueba de fuego para la cadena estadounidense CNN, que aspiraba convertirse en una cadena global con alcance universal. En esa oportunidad el control del gobierno norteamericano sobre los medio de comunicación fue muy estricto. En la actualidad el control es también inmenso, más bien agobiante, pero es un control que se da de otra manera. El Pentágono, los militares y el gobierno norteamericano se las han arreglado para que los medios de comunicación sean sus aliados sin necesidad de tener que imponerles abiertamente puntos de vista. Por ejemplo, se dice que hubo 500 o 600 periodistas norteamericanos que fueron entrenados, previamente a la guerra, para que informaran de ella de la manera que al gobierno y al ejército de los Estados Unidos le interesaba. Los han llamado los “periodistas incorporados”, son precisamente esos que viajan en los tanques norteamericanos. Ahora, yo insistiría en decir que hay una estructura de poder -es un elemento que no mencioné antes- que se expresa a través de las instituciones y que se expresa a través de la cultura. Esa estructura de poder se refiere a que hay intereses económicos, políticos, etcétera, externos a los medios de comunicación pero que al mismo tiempo tienen una gran influencia en los medios de comunicación. Entonces tenemos por ahí el factor “poder” y tenemos por ahí el hecho real de que el gobierno y el ejército de los Estados Unidos se preocupan por entrenar y por garantizarse que los periodistas cubran la noticia de una determinada manera. Pero por el otro lado está también el hecho de que el periodista mismo se autocensura, de que el periodista mismo conoce las reglas del juego del medio, e incluso conoce en qué sociedad está trabajando. Por ejemplo, la sociedad norteamericana, a pesar de ser una de las sociedades que impulsa con más fuerza la globalización, es, sin embargo, terriblemente nacionalista y terriblemente patriotera. Nosotros en Costa Rica muchas veces pensamos que los nacionalistas y los patriotas de América Latina son, por definición, los mexicanos. Pues bien, yo tengo la idea de que los norteamericanos, desde ese punto de vista, son peor; entonces el periodista norteamericano sabe que si asume una posición contraria a la que tienen la mayoría en ese país y contrario a lo que su gobierno trata de imponer como su punto de vista, va a tener problemas y va a tener conflictos en algún momento. Entonces hay un proceso de autocensura por medio del cual ese periodista se acomoda a la situación, y, entonces, lo que tenemos en estas cadenas de televisión es precisamente una coincidencia de intereses, de puntos de vista, formas de representar la realidad, en donde el periodista piensa como la institución necesita que piense, y la institución actúa como el Pentágono y el ejército necesita que actúe. Ahora, ese es el lado de la producción, ese es lado desde donde se elabora la noticia. Pero está el otro lado, el otro polo que es polo donde se recibe la noticia, el polo donde se consume la noticia. Es cuando una noticia que es generada por CNN, por ejemplo, es recibida en una gran diversidad de situaciones y de contextos sociales, culturales, políticos, etcétera, de tal manera que por un lado está el poder de CNN o de cualquier otra empresa de comunicación de representar la realidad -en este caso la guerra, la muerte, la destrucción de cierta manera-, y por el otro lado está el individuo de la calle, el individuo común y corriente, el que consume esa información , pero que no necesariamente compra lo que esa información le dice, el que no necesariemente cree todo lo que le dicen. Incluso, uno podría pensar que la noticia misma -y en eso la imagen, el carácter visual de una buena parte de la información que está circulando en estos momentos- es casi que ambigua por naturaleza. Usted puede tener un ejemplo. Hay un esfuerzo muy grande en hacer ver que la guerra es cuestión de destruir edificios, No aparecen los seres humanos, no aparece la muerte, no aparecen las víctimas. Eso en el caso de los medios norteamericanos. Ese mismo medio que usa imágenes, por más que nos presente imágenes en claroscuro, en tonos grises, nublados, etcétera; por más que haya toda esa tecnología para presentar la realidad de una determinada manera, y por más que, por ejemplo, los partes de guerra de los generales norteamericanos insistan en el aspectos puramente técnicos, en que detectaron un blanco y dieron con él, etcétera, por más que todo eso se disimule, la cara de las víctimas no desaparece, ese elemento está ahí. Entonces tendríamos, por un lado, un periodista que da la información, pero que al mismo tiempo utiliza una cantidad de imágenes que, como en el 91, acaban diciendo una cosa diferente a la que el periodista nos quiere hacer creer a nosotros. Yo diría que desde ese punto de vista el ciudadano común y corriente no está completamente a expensas, no está completamente en manos de los medios de comunicación, sino que, por un lado, las imágenes mismas, a veces, dan pie para pensar que las cosas son diferentes a como el periodista las quiere presentar. Además, por el otro lado, el ciudadano común y corriente no vive solo en los Estados Unidos, vive en Costa Rica, tiene un montón de problemas, piensa diferente, tiene parte de una cultura política diferente, y entonces, tiene, por lo menos teóricamente, la posibilidad de evadir de alguna manera el cerco que le tienden los medios de comunicación. E.D.-Me parece fundamental explicar ese vínculo entre el fenómeno mediático como tal, el comportamiento de los medios de comunicación, y el contexto cultural en el que se analiza o se asimila la información que esos medios transmiten. Eso me lleva a plantear lo siguiente: ¿cumplen los medios locales esa tarea de equilibrar las cosas, dan la talla haciendo pesar ese contexto cultural propio del lector, del televidente y del radioyente costarricense, para que esos individuos tengan elementos de juicio más ricos y para que pueda, desde su óptica local, apreciar un fenómeno que va mucho más allá de los límites de su propia geografía nacional?. L.R.-Sí. Es esa una pregunta muy interesante y muy significativa para entender esos procesos. En la respuesta a su pregunta anterior yo hablaba por un lado la cadena CNN o cualquiera otra y por el otro lado el individuo común y corriente en muchísimas partes del mundo. Ahora usted pone un intemediario entre esos dos polos. Es la famosa función de los medios de comunicación que a nivel nacional utilizan la información que viene de afuera y sirven de intermediarios; de alguna manera son los traductores de aquellas informaciones que se generan en las metrópolis, en los países desarrollados, en las grandes cadenas de información: televisión, prensa, radio. Entonces hay una función que, uno podría pensar en términos tradicionales es la función de filtro. Así se entendía hasta hace poco tiempo. Pero ahora podríamos hablar de un intermediario que trata, o toma una información global como la que genera CNN y la localiza, la ubica en un espacio en particular, en este caso Costa Rica. Desde ese punto de vista, en este caso específico yo creo que una de las cosas interesantes a destacar es el hecho de que los medios de comunicación costarricenses, igual que aquel ciudadano en la calle que puede evadir el cerco de CNN y todas las transnacionales norteamericanas. De la misma manera el periodista nacional y los medios de comunicación, de alguna forma, se han desplazado de una influencia que en otros momentos era apabullante de las grandes cadenas norteamericanas; ahora ha habido un poco de recato, yo diría de moderación. Pienso que en Costa Rica, desde ese punto de vista, a propósito de la cobertura de la guerra contra Irak, en realidad tenemos una información muchísimo más balanceada. E.D.-En esto quizá esté operando la globalización de la comunicación en el tanto hoy tenemos acceso a muchas más cadenas de televisión: españolas, inglesas, francesas, italianas, alemanas, que tienen también un referente cultural distinto al norteamericano. En el pasado no teníamos prácticamente ninguna opción que informarnos de las grandes cadenas de televisión norteamericanas. Eso se rompió, ahora hay más acceso, ahora podemos hablar del punto de vista chino sobre el último acontecimiento en Irak. Una sociedad medianamente culta, informada y civilizada busca plantear su propio criterio sobre las cosas a partir de las diferentes fuentes de información, uno es buscar objetivizar el hecho noticioso enfocándolo desde diferentes perspectivas, tomando diferentes ángulos que nos vienen de las diferentes televisiones y coberturas de prensa. Creo que si algún beneficio ha podido tener la globalización de la comunicación es que por lo menos nos enteramos de muy distintos puntos de vista, o de muy distintos enfoques sobre un hecho muy relevante como es el caso de la guerra. Me parece que ese elemento está jugando a favor de tener una visión por lo menos más moderada, mesurada o una búsqueda de un mayor equilibrio en la proyección que localmente hagan los medios de comunicación en el país. L.R.-Sí claro, yo coincido completamente con su apreciación. Muchas veces se confunde, muchas veces se cree que el proceso de globalización es un proceso de “homogenización” cultural y comunicativa. Es cierto que existen las grandes cadenas norteamericanas y otras cadenas de televisión que tratan de homologar criterios, que tratan de uniformar la opinión pública mundial, sin embargo, junto a ese proceso se da también un proceso de diversificación de la esfera pública. Entonces, precisamente porque las tecnologías de la información con que se cuenta en estos momentos permiten una gran cantidad de actores en la esfera pública, en la cultura y en la comunicación, entonces hay unas tendencias a la “homogenización” de la cultura y de la política, una misma visión de la guerra en este caso, pero tenemos también por el otro lado una tendencia opuesta que es la diversificación de esos puntos de vista. Por consiguiente creo que en ese sentido los periodistas costarricenses, como usted señala, y en general todos los comunicadores de cualquier parte del mundo, tienen ahora una diversidad de fuentes que les permiten desarrollar un trabajo mucho más “objetivo”, para utilizar una terminología tradicional, y efectivamente ahora si uno quiere mantener y seguir repitiendo junto con Bush y las cadenas norteamericanas que la única salida era la guerra uno lo puede hacer. Pero ante la actual oferta de puntos de vista disponibles entonces también uno debe asumir la responsabilidad. Ese es para mí un factor determinante. El periodista de hoy, a diferencia del pasado, el de 15 o 20 años atrás, es altamente responsable de lo que dice porque ahora no puede argumentar ignorancia, porque ahora no puede argumentar que solamente tuvo acceso a una fuente de información, en ese sentido es alentador la cobertura que han estado dando los medios, o algunos de ellos, algunos de los más importantes que han tratado de plantear diferentes puntos de vista. Sin embargo, en mi opinión, quizá porque yo estoy en contra de la guerra (yo creo que la guerra es una barbaridad total y absoluta) me parece que buscando la diversidad de fuentes de información y buscando una información todavía más más abierta, menos ligada a las cadenas norteamericanas, nosotros aún seguimos bastante cercanos con aquella forma de ver las cosas, con aquella forma de informar y hacer noticia norteamericanas; por lo menos en este caso hemos avanzado un poco más, hay una diversidad de opiniones, hay un menú muchísimo más amplio de criterios y entonces la responsabilidad del periodista se complementa con la responsabilidad del ciudadano común y corriente. Ahora el ciudadano común y corriente tampoco puede argumentar ni puede escudarse en que solamente tuvo acceso a CNN; tiene muchas posibilidades más aunque no tenga cable, aunque no tenga internet, de alguna manera los diferentes medios de comunicación nacionales están dando una cobertura mucho más amplia. E.D.-Don Luis usted tiene estudios de especialización en teoría y metodología de la comunicación masiva. Como académicos de la UNA también se ha dedicado a lo largo de mucho tiempo a los estudios de la cultura centroamericana. Cuando encontramos a un pueblo como el costarricense, que tiene unas características peculiares, en donde nos hemos identificado ante el mundo siempre como un pueblo con una vocación privilegiada por la paz, en donde sentimos que no va con nosotros el recurso de la fuerza, la imposición; en donde hemos construido un discurso político de opción constante por el conocimiento, la información, el equilibrio, el respeto a la diversidad cultural, la solución pacífica de las controversias... Somos un pueblo donde es parte fundamental de nuestra vida la discusión de las ideas, un pueblo donde los medios juegan ese papel de intermediación entre lo que dan las grandes cadenas y lo que siente la gente con respecto a la guerra. En fin, un sociedad democrática donde todo esto entra en juego pero finalmente hay un receptor, un individuo, un hombre, una mujer, un obrero, un estudiante que nos escucha, como hoy en la radio, y que para entender eso y para fijar finalmente posición o formar criterio hecha mano a todo ese bagaje de cultura, con lo que se ha amamantado culturalmente a lo largo de su vida. Ante eso, ¿qué está exigiendo de nosotros como costarricenses esta situación de guerra y este clima de choque entre información y desinformación en los medios de comunicación?, ¿qué se exige de nosotros, ciudadanos de un país con una historia y una cultura particular?. L.R.-Bueno, la respuesta podría plantearse en varios niveles. En un primer nivel la evidencia del conflicto en términos desiguales: hay un pueblo entero que está siendo masacrado por un poder económico y sobretodo militar y tecnológico asombroso. Los costarricenses tenemos una tendencia, una perspectiva, una expectativa de igualdad, queremos que las relaciones que se dan entre seres humanos y países sean en términos lo más equitativos posibles. Creo que por ahí hay una primera responsabilidad. Eso explica la oposición mayoritaria, si no del 100% sí de una gran mayoría de costarricenses, en contra de la guerra. Eso evidencia la herencia cultural, para llamarla de esa manera, de tipo civilista, pacifista. Por el otro lado nosotros también tenemos que, a propósito de esta guerra, nosotros debiéramos tratar de sacar o de evaluar nuestra forma de ser, nuestra cultura, a partir de algunos de los principios que generan esta guerra. Uno de los principios que generan esta guerra, desde el punto de vista de la cultura, es el problema del fundamentalismo, que está asociado con el problema del patriotismo. El fundamentalismo es un planteamiento excluyente: yo soy demócrata, soy pacifista, etc., y estoy completamente en lo correcto; el otro, que desde la óptica de los Estados Unidos es Irak y son los iraquíes, o Husein, son los enemigos y están equivocados. Visto desde la perspectiva de los costarricenses ese razonamiento podría dirigirse a los nicaragüenses, por ejemplo; ellos no son nada de lo que soy yo, por lo tanto yo estoy en el derecho de excluirlos. Estados Unidos emplea esa argumentación fundamentalista al extremo y entonces lo que plantea es una serie de justificaciones sin mayor fundamento. Al final de cuentas toma una actitud en donde el otro es un demonio, el otro es un monstruo, no tiene cualidades, ni cívicas, ni morales, ni políticas, que lo hagan merecer compasión, que lo hagan merecer comprensión, o al menos el esfuerzo por entenderlo y por ese camino consiga el respeto. Hay ahí un proceso de exclusión que se manifiesta en los peores términos, como el aniquilamiento. Yo creo que los costarricenses con todo y que alardeamos mucho de nuestra cultura de paz y de nuestra civilidad y de nuestro pacifismo, sin embargo, no dejamos de ser una sociedad excluyente en varios sentidos. Entonces la guerra contra Irak nos enseña que debemos evitar las diferentes formas de exclusión y que debemos aprender de un ejemplo como el del gobierno de Bush que actúa a partir de un criterio de exclusión. Ese criterio de exclusión lleva, o puede llevar incluso, al exterminio. Nosotros podríamos evaluar una serie de conductas nuestras en términos de cómo nosotros evaluamos a los otros que están más cerca de nosotros, a los otros centroamericanos. Por el otro lado, en un plano más doméstico, nosotros también acá tenemos situaciones de violencia importantes, por ejemplo la violencia intrafamiliar, la violencia de género, la violencia en las calles, no somos los únicos, pero nos estamos metiendo en ese callejón sin salida. E.D.-Una de las lecturas que uno puede hacer cuando una guerra se desata, y sobretodo una guerra como esta que, en lo personal, considero absolutamente ilegítima, ilegal, injustificada, es si esa utilización impositiva de la fuerza hará que en muchos otros terrenos del desarrollo de cultura y la civilización estemos dando pasos hacia atrás, hacia la legitimación de la imposición de la fuerza. Creo que volver a la imposición del poder de la fuerza, de manera ilegal y arbitraria es retroceder en el desarrollo de la civilización. Nos deshumanizamos, acabamos viendo el espectáculo en la televisión y se nos olvida que detrás de cada explosión hay gente, individuos de carne y hueso que pertenecen a un pueblo, a una cultura, a una fea, a un concepto de la vida que, equivocados o no desde nuestro punto de vista, tienen igual derecho a pensar que están en lo correcto. Me parece que hay un punto de quiebre en la historia de la humanidad con lo que ha pasado en Irak. Necesitamos recomponer los valores, empezando por el concepto de sociedad humana pasando por el sistema político, el desarrollo de la cultura. Me preocupa que, en este momento, el mensaje que está dando la guerra es que quien triunfa es el que tiene el poder: sea una pistola, un garrote, la tecnología o el dinero. Esa lectura tenemos que volverla a hacer porque es vital para redefinir los valores de nuestra cultura. L.R.-Ese es un excelente planteamiento. Creo que has dado en uno de los aspectos fundamentales de la comunicación en este caso de la cobertura de la guerra, la discusión sobre la legitimidad y la irracionalidad de la guerra, y por lo tanto, la manera en que cada uno de nosotros filtra la información y la manera como leemos sobre la guerra en los medios. Digo esto porque precisamente una de las funciones que la mayoría de los que estudian los medios de comunicación le asignan a estos es la función de reforzar una serie de valores y tendencias que ya existen en la sociedad. Se dice que por lo general los medios de comunicación no crean nuevos valores, ni crean nuevas tendencias sociales y culturales, sino que lo que hacen es reforzar las tendencias que ya existen. En ese caso es muy preocupante y creo de alguna manera tiene relación con una respuesta anterior de una pregunta tuya. Cuando yo hablo de la responsabilidad del periodista y la responsabilidad del individuo común y corriente, ya no solo lo hago en cuanto a qué pienso yo de la guerra y qué haga para evitarla, si es que estoy en contra de ella, o para pararla, o para que termine lo más pronto, sino, también responsabilidad en cuanto a qué aprendo yo de esa situación tan atroz que se está dando ahí. Si nosotros nos basamos en esta teoría de que los medios de comunicación refuerzan tendencias, en vez de crearlas, y si nosotros partimos de que en Costa Rica hay una tendencia importante a un incremento de la violencia en diferentes aspectos, entonces nosotros estaríamos ahí frente a un problema serio, porque estaríamos teniendo una cobertura de la guerra que nos refuerza la idea de que efectivamente es el más fuerte el que se impone, independientemente de si tiene o no razón. Se nos está diciendo que es el más fuerte el que tiene todos los derechos y que el débil se tiene que acomodar. Eso nos podría poner a pensar, por ejemplo, en las negociaciones del Tratado de Libre Comecio (TLC) de los centroamericanos con los Estados Unidos. Ese sería un tema que podría abordarse en otra ocasión. Pero pensemos en una manera más inmediata en las personas que tienen tendencia a golpear a su esposa, por ejemplo, o a su compañera, o a sus hijas, o a sus hijos, o en las personas que efectivamente golpean al transeúnte, o en las personas que, en fin, ya no tienen aprecio por la vida de los demás y hacen de la violencia y de la delincuencia una forma de vida. En ese caso a mí me parece que es donde entra el punto de la responsabilidad, y me parece a mí que una pregunta como esa, en un programa como estos puede ayudar, en el sentido de que el oyente puede establecer algunas relaciones entre aquel fenómeno que está allá lejísimos, con la vida real, con la vida cotidiana en la que él o ella se desenvuelve; eso permite saber que lo que le está pasando a los iraquíes, que la violencia que nos llega a nuestras pantallas de televisión y a los medios de comunicación, casi como un espectáculo, casi como de la misma manera que nos llega a nosotros un partido de basketball de la NBA, o cualquier otro programa, un concurso de belleza, que eso que es un espectáculo para nosotros, es un infierno para quienes están viviendo esa situación, incluidos los mismos militares norteamericanos. E.D.-Otro aspecto es el recurso de la simplificación exagerada. Reducir un fenómeno tan complejo y dramático como una guerra a un esfuerzo increíble para demostrar que Husein era el malo y Bush el bueno, la cultura capitalista, occidental y cristiana la correcta y la del oriente medio, autoritaria y musulmana la equivocada, y que en el camino de las definiciones quien no estuviera con Washington era digno de toda sospecha, me parece un precedente muy peligroso de simplificación que no cabe en un mundo que busque niveles superiores de civilidad y entendimiento. ¿Tiene legitimidad un gobernante como Bush para fijar las categorías de los otros gobernantes cuando la historia en América Latina demuestra las muchas veces en que sátrapas, tiranos y dictadores similares a Husein fueron puestos y sostenidos por Washington mientras fueron útiles a sus intereses? L.R.-Sí, ahí estás planteando un problema de la representatividad de los gobiernos y de los presidentes. El señor Bush declara la guerra y hace la guerra, pero en nombre de quién la hace, ¿en nombre del pueblo norteamericano, en nombre de una parte de ese pueblo, en nombre de los dos partidos, en nombre de quién?. Don Abel Pacheco firma la llamada lista de la vergüenza pero esa firma a mí no me representa. De la misma manera los medios de comunicación hablan de Irak y asimilan Irak a Husein, pero Husein no es Irak. Husein no son los iraquíes. Entonces aquí hay un proceso que los mismos medios de comunicación refuerzan, y donde los medios de comunicación coinciden plenamente con los actores, con los protagonistas de la guerra, y es que ellos se atribuyen a ellos mismos la representatividad de Irak, un pueblo totalmente oprimido, en el caso de Husein,un pueblo, por cierto, que probablemente si tuviera la posibilidad de expresarse libremente se encargarían ellos mismos de sacarlo de Irak. Pero por otro lado tenemos a Aznar en España, con un 90 o más por ciento de los ciudadanos españoles en contra de la guerra; sin embargo, él se constituye a sí mismo como el representante de los españoles y actúa en nombre de ellos. Se puede ver como los medios de comunicación expresan esta identificación de Irak y Husein, o pueblo iraquí- Husein, o España- Aznar, o Bush- Estados Unidos. Creo que los medios de comunicación nuestros han avanzado un poco en tratar de alejarse de esa identificación. Es una situación muy compleja, habría que analizar específicamente una serie de mensajes de la televisión, o los periódicos o de los radionoticieros costarricenses para sustentar eso, pero creo que el periodismo costarricense ya no cae tan fácilmente en esa identificación. Sin embargo, lo que sí es claro es que los medios de comunicación transnacional sí lo hacen, por una razón muy sencilla, y es que para el fundamentalismo no hay distinción, pongámoslo en otros términos: para un planteamiento fundamentalista Husein es una excusa, no es la razón, es decir, Husein es la excusa que hace que los Estados Unidos invadan Irak ante la torpeza y la arbitrariedad de Husein, por su autoritarismo, por estar completamente al margen de la legalidad internacional, aunque esto último es muy cuestionable. Husein, es simplemente la excusa para invadir un país donde hay una gran riqueza natural, para invadir un país estratégico, no solamente desde el punto de vista económico, sino desde el punto de vista político y militar en el área, y un país que desde ese punto de vista es estratégico en la perspectiva de construir un dominio imperial de largo plazo de los Estados Unidos en todo el mundo.Creo que la identificación que se hace de Husein e Irak, o Husein y el pueblo iraquí, es realmente evidencia de que Husein es simplemente una excusa, una valiosísima oportunidad que no iban a dejar pasar para hacerse de un área estratégica fundamental por diferentes razones. E.D.-Gracias por participar en Visión Crítica de la UNA, don Luis Rivera. L.R.-Muchísimas gracias a ustedes. Espero que estos comentarios sirvan al oyente para hacerse una mejor perspectiva de lo que sucede en Irak y cómo esa guerra también nos afecta a todos. Arriba |
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