Transporte ecológico
en vez de enclave petrolero
Por Juan Figuerola
La polémica que han provocado las exploraciones petroleras en Costa Rica ha puesto en clara evidencia, una vez más, la falsedad del discurso ambientalista de nuestros representantes políticos: ante el mundo exhiben una imagen de nación a la vanguardia del desarrollo sostenible, y con ello el país gana prestigio y capta importantes recursos financieros internacionales, pero, al mismo tiempo, bajo la mesa, nuestros gobernantes especulan con y mercadean nuestros recursos naturales sin mayores consideraciones con el ambiente ni con las comunidades locales.
Tomando en
cuenta que otros autores han ya analizado las implicaciones negativas que
tendría la explotación petrolera en nuestro país, aquí me voy a limitar a
exponer algunos aspectos de la iniciativa -en desarrollo- de proponer a Costa
Rica como verdadero modelo de desarrollo sostenible a través de una
transformación radical del patrón de consumo energético en el transporte
urbano, que es actualmente la actividad que más petróleo consume en Costa
Rica y la principal causa de contaminación en nuestras ciudades (San José
acaba de ser declarada una de las ciudades más contaminadas de América
Latina y el mundo).
De acuerdo
con Rodolfo Solano, director de la Policía de Tránsito, en Costa Rica hay
cerca de 640.000 carros y cada año la cifra aumenta en 50.000 (Víquez, B.
“Una muerte al día por accidentes”, en: El
Heraldo, 19-6-00), la mayor parte de los cuales transitan en el Valle
Central, especialmente en la Gran Area Metropolitana. La incapacidad de
nuestras ciudades para soportar este creciente número de carros se refleja en
los actuales índices de contaminación del aire y de las muertes por
accidentes en las carreteras, que superan a los cuatro principales tipos de
cáncer juntos: estómago, próstata, de mama y de cuello uterino (Sáenz, G.
“Presidente pide cárcel para choferes borrachos que maten a las personas”,
en: Diario Extra, 22-6-00). Y hay
otros problemas vinculados a tal sistema de transporte: embotellamientos,
contaminación sónica, contaminación del agua y uso ineficiente del espacio
urbano -entre otros.
Los
proyectos oficiales de ordenamiento del transporte urbano por lo general se
basan en la realización de controles de las emisiones de gases, ampliaciones
de las vías públicas, cambios de sentido del tránsito, regulaciones más
estrictas y sanciones más severas. Pero mientras la cantidad de autos siga en
aumento ninguna medida que se tome será suficiente para reducir el consumo de
energía y los múltiples problemas del sistema de transporte. Ningún plan de
ordenamiento del transporte urbano será sostenible si no se plantea, en
primer lugar, la reducción masiva del número de carros.
Sin
embargo, cualquier propuesta en este sentido no es tomada en serio porque se
ha generalizado el criterio de que los carros son casi tan necesarios como el
aire que respiramos, lo cual usualmente ni los ecologistas cuestionan. Pero
hagámoslo aquí: ¿Son realmente necesarias para transportar a una o dos
personas esas aparatosas máquinas que ocupan el espacio de una docena de
personas y requieren energía suficiente para mover el peso de una veintena?
¿Es esto ecológico? Obviamente,
no, pero de por medio están las industrias automovilística y petrolera, que
son los mayores negocios del mundo, y quienes los manejan no están dispuestos
a dejarlos.
Mas
también es un hecho que el petróleo es un recurso que está destinado a
terminarse, o por lo menos a volverse tan escaso y tan tremendamente caro que
dejará de ser comercial. Ante esto se especula con y se proyecta ciudades
transitadas por vehículos eléctricos. Pero así no se resolvería la
problemática del transporte urbano: probablemente se reduciría la
contaminación del aire, pero seguirían los accidentes, los embotellamientos,
el uso ineficiente del espacio y la energía y los ineludibles daños
ambientales generados por los procesos de generación eléctrica.
Divergentemente, la solución es una inteligente combinación de: (1)
transporte público de alta eficiencia y calidad (buses y taxis, trenes y
tranvías), (2) vehículos eléctricos (compactos), (3) bicicletas, (4) vías
para peatones y (5) establecimiento de servicios y centros de trabajo en polos
de desarrollo estratégicamente ubicados (Curitiva -en Brasil-, Amsterdam y
Pekín son ciudades en que se ha implementado sistemas de transporte más
eficientes que el nuestro).
Casualmente,
Costa Rica reúne las condiciones ideales para desarrollar un proyecto de
mayor envergadura y convertirse en el país ecológico
de los anuncios turísticos: distancias relativamente cortas, topografía
moderada y clima benigno. De hecho, en muchas zonas rurales nuestras el
transporte está organizado de manera bastante eficiente y ecológica, y nos bastaría con proyectar esas experiencias al Valle
Central, especialmente a la Gran Area Metropolitana. La punta de lanza de
cualquier plan de modernización del sistema de transportes debería ser el
transporte público. Sólo siendo éste suficientemente eficiente y seguro
podrá pensarse en reducir el número de autos. Paralelamente, debe brindarse
condiciones adecuadas para los peatones y para que movilizarse en bicicleta no
sea más un acto temerario. A continuación se propone esquemáticamente los
que debieran ser los pasos primeros y sustanciales de un sistema de transporte
urbano sostenible.

El autor, ingeniero forestal, es miembro de los Comités de Vigilancia de Recursos Naturales y tiene en preparación una propuesta de modernización del transporte urbano.
