Nuestra agua es superior ecológica, cultural y económicamente a nuestro petróleo
Por
Rolando Mendoza
La Tierra es un planeta de agua en el que se dieron condiciones propicias para la aparición y evolución de la vida, que surgió en el agua y depende de ella. Ésta constituye, en promedio, un 70% del peso de los seres vivos; un 30% es materia orgánica. Las propiedades físico-químicas le confieren al agua cualidades que la convierten en el constituyente más importante de los sistemas vivos.
La posición geográfica privilegiada de nuestro país lo hace rico en agua. Su ubicación en un estrecho istmo le confiere condiciones ambientales particulares: la influencia oceánica y del mar definen sus características de territorio tropical con zonas de vida de gran precipitación pluvial. A ello se suma la orografía que permite el establecimiento de ambientes muy variados donde ha evolucionado la vida en multiformes expresiones genéticas, de especies y de comunidades vivientes. La abundante cantidad de agua (precipitación pluvial) combinada con las temperaturas promedio y la humedad son las variables que definen (sensu Holdridge) una diversidad de zonas de vida y asociaciones que hacen de nuestro territorio un emporio de diversidad biológica y una meca para investigadores y amantes de la naturaleza.
En tiempos posteriores a la aparición del agua y de la vida, la actividad vital y circunstancias ambientales especiales permitieron la producción de grandes volúmenes de materia orgánica que en un ambiente anaeróbico se convirtieron en depósitos de petróleo, el cual ya en tiempos históricos muy recientes se convirtió en un recurso importante para el progreso de un sector de la humanidad, recurso del que aún quedan volúmenes importantes no extraídos que son apetecidos por las compañías que los explotan. Gran cantidad de los artículos e instrumentos de nuestro tiempo se producen gracias a la energía que se obtiene de los hidrocarburos o se obtienen a partir de ellos. Pero el sobreconsumo de hidrocarburos, especialmente por parte de la población económicamente solvente, produce el efecto invernadero en un nivel planetario y patologías en las ciudades contaminadas por las emanaciones de las industrias y del parque automotor.
Costa Rica es un país rico en agua con posibilidades de tener depósitos de petróleo en su plataforma continental y quizás en tierra firme. O sea, contamos efectivamente con un recurso abundante -el agua- que se anuncia como uno de los recursos naturales más importantes para las próximas generaciones; y, por otro lado, contamos con la posibilidad del petróleo, un recurso energético importante pero finito cuya explotación ha sido causa de desarrollo de algunos países y pobreza de otros que, a pesar de la posesión de petróleo, no presentan mejores indicadores de desarrollo humano que los que el PNUD asigna a nuestro país. En consecuencia, antes de seguir negociando concesiones conviene reflexionar, con sentido patriótico, acerca de la conveniencia de hacerlo.
Hace pocos meses se reanudaron las exploraciones petroleras en el mar frente a Limón (el denominado bloque 12). En efecto, en 1901 se dio la primer concesión y en 1915 se realizó la primera perforación. Es decir, después de varios intentos a lo largo de casi un siglo, hoy se prosigue en nuestro país, con nuevas tecnologías, la búsqueda del petróleo.
Desde hace algunos años se plantea con mayor insistencia la necesidad de un desarrollo que satisfaga las necesidades humanas sin menoscabo de las oportunidades para las generaciones venideras.(Informe de la Comisión Brundtland ante la ONU, 1987), lo cual en Costa Rica se propone como un desarrollo en armonía con la naturaleza, lo que significa aprovechar los recursos sin lesionar la capacidad natural de recuperación del recurso y cuidando de no incorporar al ecosistema más contaminantes que los que él pueda procesar. ¿Qué significa en nuestra realidad esta reiterada frase que utilizan nuestros gobernantes y que muchas veces repetimos sin profundizar en ella? ¿Se da una explotación en armonía con la naturaleza en los pozos petroleros de la selva amazónica? ¿Y se puede hablar de armonía con la naturaleza en los países industrializados cuando, a pesar de la sofisticada tecnología, suceden derrames cuyo impacto es irreversible? ¿Tenemos derecho de hablar de armonía con la naturaleza cuando se dan concesiones a espaldas de los intereses de las comunidades locales ignorando su arraigo a la tierra y su propia visión de mundo?
Mientras las áreas silvestres con sus cuencas hidrográficas sometidas a un ordeamiento territorial adecuado pueden ser objeto del ecoturismo y escenario permanente para la investigación científica y la educación, los sitios donde se da la exploración y explotación petroleras carecen de atractivos culturales y científicos. Da pena ver el paisaje degradado en la Amazonía ecuatoriana donde se han instalado las empresas petroleras. Más aun, es inhumano el hecho que etnias locales hayan desaparecido ante la presión de empresas que prometen progreso.
En las comunidades donde se da exploración y explotación petroleras, al inicio y muy transitoriamente hay cierto estímulo económico debido a la aparción de fuentes de trabajo para personas no calificadas -los técnicos y expertos contratados suelen ser extranjeros que manejan equipos sofisticados. Y al final de la extracción, como ha sucedido con los enclaves bananeros en Costa Rica, quedan áreas deprimidas, enfermas y reducidas a la pobreza extrema.
¿Cuál debe ser la actitud de Costa Rica en la búsqueda de un modelo de desarrollo que tenga en cuenta las necesidades humanas de hoy sin comprometer las oportunidades de las generaciones venideras? Aún estamos a tiempo para responder a las necesidades humanas de actuales con justicia prospectiva, lo que significa velar por la calidad del ambiente de la población actual y de quienes aún no han nacido. Urgen decisiones que en forma integral orienten el desarrollo por medio de políticas que contemplen lo económico, lo social y lo cultural en armonía con el medio natural.
Ya que somos parte de un mundo de interdependencias e interrelaciones, sobre todo conviene profundizar en el conocimiento de los recursos y aprender a negociar. No podemos alegar ignorancia a la hora de permitir exploraciones y eventualmente explotaciones, ni tampoco pecar de ingenuos respecto de otros recursos como el agua y la biodiversidad. Hay que prepararse para tomar decisiones sabias que tengan en cuenta el futuro sin comprometer la soberanía, por lo que hoy conviene hacer eco del maestro Joaquín García Monge: "Porque los viejos supieron que uno de los ineludibles deberes del hombre y del ciudadano es la conservación, a todo trance, del suelo nativo; sin él no hay libertad económica y sin ésta no hay soberanía posible. La tierra es la que sustenta a hombres libres. Los pueblos que venden sus tierras porque ya no quieren, no pueden o no saben cultivarlas con estudio y cariño, de propietarios se tornan inquilinos .Es digna de la escultura esta previsora y saludable advertencia del profeta Martí a sus pueblos de América: ´El suelo es la única propiedad plena del hombre y tesoro común que a todos iguala, por lo que para la dicha de la persona y la calma pública, no se ha de ceder, ni fiar a otros, ni hipotecar jamás`" (Obras Escogidas, Educa, 1974).
El autor, biólogo y profesor en la Universidad Nacional, es pionero del conservacionismo costarricense.