El hiperconsumo de carros particulares, no su vejez, es lo que daña el ambiente

Por

Juan Figuerola

Un estudio de este año (Impacto ambiental de la importación de vehículos en Costa Rica: un análisis prliminar) realizado por dos investigadores del Centro Científico Tropical (Jaime Echeverría y Gerardo Solórzano) y publicado por el mismo CCT, concluye afirmando que la principal causa de la contaminación del aire en San José es los autos usados. Para aliviar el problema, y sobre la base de que cada día salen al mercado nuevos modelos de automóviles más eficientes en el uso de energía y menos contaminantes, se recomienda que el gobierno promueva la importación de carros nuevos, bajando los aranceles a las importaciones y los impuestos al ruedo. Los investigadores del CCT parten de la premisa de que el consumo de automóviles puede crecer sin límites y cada día más personas pueden comprarse un automóvil, premisa que, sin duda, es muy favorable para la industria, el comercio de automóviles y, en general, el crecimiento económico, pero cabe preguntarse si es igualmente favorable para un modelo de desarrollo sostenible.

Contrastantemente, el Worldwatch Institute, en su libro How Much is Enough?, escrito por Alan Durning (1992), señala lo siguiente: "Colectivamente, los vehículos públicos antiguos conforman sistemas de transporte que contaminan mucho menos que una flotilla equivalente de automóviles privados, y proveen a la clase media un medio accesible para trasladarse al trabajo, a la escuela y al mercado. La clase consumista, en contraste, emplea medios de transporte -el automóvil privado y el jet - que no podrían ser usados por todas las personas del mundo sin arruinar la atmósfera y cubrir grandes áreas de tierra con pavimento".

Aquí nos adherimos a esta última postura, y dada la relevancia que entre ambientalistas y científicos costarricenses tiene el CCT, expondremos a continuación unos argumentos en debate con la tesis asumida por los investigadores de esta entidad.

Lesividad ambiental de los carros particulares

Contaminación del aire: Si bien es cierto que la tecnología avanza y los motores, accesorios (filtros, catalizadores, etcétera) y combustibles hoy contaminan el aire menos que ayer, promover las importaciones de vehículos nuevos no resuelve el problema de la contaminación. Al contrario: lo justifica, lo legitima y lo perpetúa. En la medida que aumente el número de vehículos y motores en funcionamiento, por más "limpios" que sean, aumentarán la contaminación y el deterioro ambiental.

Consumo energético: Un auto particular o privado requiere energía para mover su propio peso (entre una y dos toneladas) y para transportar a una o dos personas. Esta relación de consumo energético es altamente ineficiente y desproporcionada, comparable a incendiar la cocina para freír un huevo.

Espacio urbano: El usurpador del espacio urbano y la principal causa de embotellamientos es el auto particular. Ocupa tanto espacio como quince personas bien sentadas, seis bicicletas o cuatro motos. Un bus en promedio abarca aproximadamente el espacio de tres autos particulares y transporta de diez a veinte veces más gente. Los taxis no son tan eficientes como los buses en el uso del espacio y el consumo de energía, pero brindan un servicio continuo y así resultan relativamente más eficientes que los autos particulares, que pasan la mayor parte del tiempo en cocheras y estacionamientos ocupando cientos de hectáreas de terrenos sepultados bajo el concreto que podrían haberse empleado para fines recreativos o áreas verdes, o bien en innovadores proyectos de agricultura urbana.

Tiempo y recursos: Mientras en los anuncios el auto particular promete independencia y rapidez, en la vida real le quita a cada propietario cientos de horas por año. Consume valioso tiempo y mucho dinero pagar el auto, el combustible, los lubricantes, las llantas, los repuestos, los accesorios, las alarmas, los seguros, los marchamos, las multas, las reparaciones, etcétera.

Accidentes y muerte: Actualmente, la principal causa de muerte en Costa Rica no es el cáncer ni el sida, sino los accidentes de tránsito, cuya gran mayoría son causados por los errores e imprudencias de conductores de autos particulares. Los cinturones de seguridad y las bolsas de aire tienen a muchos con un pie en el acelerador y el otro en el cementerio. La policía de tránsito, la velocidad, las maniobras temerarias, las pruebas de intoxicación etílica y la Fabrica Nacional de Licores, combinadas con los autos particulares, son un negocio redondo.

Los anteriores son sólo algunos de los problemas ambientales, sociales y económicos relativos al consumo masivo de autos particulares; no mencionamos los robos de éstos, los ruidos, los cientos de litros de agua de cada lavada, los materiales y la energía para la fabricación de piezas y repuestos, la eliminación de aceite usado, la incineración de llantas, la producción de combustibles y lubricantes, el consumo de electricidad, etcétera.

Soluciones coherentes en un país ecológico

Afortunadamente, en medio de este sombrío panorama Costa Rica tiene condiciones ideales para impulsar un modelo de transporte de orden mundial, acorde con los criterios económicos, sociales y ambientales del desarrollo sostenible. Las distancias urbanas e interurbanas son considerablemente menores que en las grandes urbes, el clima es más benigno que en las zonas templadas, la topografía es relativamente moderada, hay un gran porcentaje de población joven, tenemos una notable afición por actividades al aire libre… El transporte se constituye así en un excelente medio para ratificar el cuestionado prestigio ecológico internacional de nuestro país.

El gobierno debería aumentar considerablemente los aranceles a las importaciones y los impuestos al ruedo a los autos particulares y destinar lo recaudado al fomento de un sistema de transporte público de alta calidad, con tecnología de punta (a través de incentivos, exoneraciones, subsidios, etcétera), y a la modernización vial metropolitana, dándole prioridad a los ciclistas y peatones. Todo dentro de un sólido y consistente marco legal. Además, debemos aprender a organizarnos mejor y reducir al mínimo nuestras necesidades personales de transporte.

En los hechos, la propuesta del CCT estimula el comercio de automóviles (último modelo) en vez de intentar desestimularlo, a pesar de que nuestro gran problema de fondo no es los autos usados o los chorros de humo de los buses, sino el consumo masivo de carros particulares. Las personas que al transportarse dañan menos el ambiente y la atmósfera no son los complacidos propietarios de esos carros (ni nuevos ni usados), sino quienes a diario nos movilizamos a pie, en bicicleta o en los deficientes -pero felizmente accesibles y mejorables- medios de transporte público. La responsabilidad de velar por el ambiente es de todos los ciudadanos, y el solo hecho de estar contribuyendo a la conservación de éste nos hace merecedores de mayor atención por parte de los científicos y tomadores de decisiones, así como de mejores servicios públicos y derechos más justos y equitativos.

 


Juan Figuerola es integrante de los Comités de Vigilancia de los Recursos Naturales (COVIRENA).