Por Eduardo Mora

Entrevista a Álvaro León, ideólogo y líder de nuevo grupo ecologista

"Rehuimos el conservacionismo fundamentalista"

Hace cuatro meses -después de una década de existencia- se dividió la Asociación Ecologista Costarricense (Aeco), el más beligerante y exitoso grupo de activismo en pro de la naturaleza en el país. Aeco, capítulo costarricense de Amigos de la Tierra Internacional, era diáfano exponente del ecologismo duro. Las dos organizaciones resultantes tienen orientaciones medianamente dispares. La Asociación Ecologista para la Cogestión Comunitaria (cuyo presidente es Freddy Vargas, por cierto el último presidente que tuvo Aeco) pone énfasis en el tema del uso de los recursos naturales (su distribución) -rehusando el papel de simple protector de los mismos- y, consecuentemente, se orienta a trabajar más con comunidades campesinas e indígenas.

En esta entrevista a Álvaro León, ideólogo y líder de la Asociación Ecologista para la Cogestión Comunitaria, se evidencian las razones de la separación y los renovados derroteros conceptuales y prácticos de tal grupo.

Eduardo Mora: ¿La Asociación Ecologista para la Cogestión Comunitaria ha redefinido los principios teóricos o ideológicos que orientaban a la desaparecida Aeco?

Álvaro León: No, seguimos definiéndonos como grupo ecologista, como grupo que entiende la problemática ambiental haciendo caso de las causas profundas. Con la división de Aeco lo que varió para nosotros es la práctica política, la concepción estratégica. Pero los principios ideológicos de los dos grupos resultantes son muy similares.

Desde hace mucho tiempo nosotros vimos y explicitamos la necesidad de dar un salto hacia compartir nuestros planteamientos con otros actores sociales; queríamos insertar más a la Aeco dentro de lo que es el movimiento social. Sentíamos ciertas limitaciones de parte de los actores tradicionales del ambientalismo: en los años ochentas y noventas éstos eran principalmente oenegés; el actor ambiental, pues, se profesionalizó mucho. Creimos que era muy importante rescatar la dimensión ambiental de la problemática cotidiana que viven otros actores -que nosotros llamamos actores o entidades básicas-, como los campesinos, los indígenas y los pobladores urbanos; y que la problemática que éstos viven siempre va a tener una dimensión ambiental, la cual es la que hay que rescatar y trabajarla con ellos. Propusimos incluso un congreso con la participación de esta gente para llegar a una redefinición de agenda y consolidar alianzas con esos sectores, de manera que nuestro trabajo no estuviera sustentado en meras ocurrencias sino que se concatenara con las acciones de otros actores sociales; que tuviéramos, conjuntamente, un plan articulado respetando la identidad de cada actor. Habíamos quienes sosteníamos esta tesis y otro grupo que no, que consideraba que eso nos haría perder identidad, que no era necesario, que más bien había que dar línea a aquellos actores respecto de cuál debiera ser su posición ante lo ecológico. Básicamente en eso, y en otros aspectos que no vale la pena sacar a colación -de carácter doméstico-, fue donde se plantearon las diferencias.

De hecho, algunos miembros de este grupo al que ahora pertenezco veníamos ya trabajando con la Mesa Indígena, con la Mesa Campesina y con otros sectores en torno a la constitución de una plataforma permanente, una especie de frente de lucha, para hacer una propuesta sobre lo que debe ser el desarrollo rural en el país. Muy pronto vamos a emprender una serie de congresos regionales, y posiblemente en enero o febrero del próximo año realizaremos un congreso nacional sobre desarrollo rural. Una característica definitoria de esta plataforma es que no se erige desde la tradicional perspectiva "oenegeísta" -desde la que se convoca para montar proyectos-, sino que se alza convocando para actuar sobre políticas y para proponerlas. Primero se va a discutir sobre políticas nacionales y, luego en las regiones, se va a hacer propuestas muy concretas de estrategias principalmente en el plano de política agropecuaria, en el productivo, y a nivel regional. Eso nos va a permitir tener un marco general para diseñar estrategias en el ámbito de la gestión territorial y funcionar con una visión un poco más consensuada de lo que debe ser el desarrollo en los distintos territorios donde trabajamos.

En este momento nosotros le damos menos énfasis al tema de la conservación y más al tema de los conflictos distributivos ecológicos, o sea, a cómo se distribuyen los recursos naturales, a quién benefician los servicios ecológicos en este país. Sentimos que eso es muy importante porque ahí, en el fondo de eso, es donde están los problemas ecológicos del país. Pensamos, junto con otra gente, que una meta razonable por la cual trabajar es una sociedad donde los planteamientos económicos actuales no sean los únicos, donde no exista un totalitarismo de mercado, como en este momento. Creemos que es posible compartir propuestas alternativas con otros, a la par de propuestas específicas propias y propuestas específicas ajenas.

Nosotros creemos que debe haber una economía estatal en campos estratégicos, la cual debiera apoyar a una economía realmente empresarial -empresarial en el sentido de emprendedora y no de simple beneficiaria de una estructura de incentivos, como actualmente- y a una economía popular muy fuerte; la economía estatal debiera ayudar a esos otros dos espacios económicos, conviviendo. En este sentido, estamos elaborando una propuesta que posiblemente se discuta en el encuentro nacional mencionado.

Eso es como un marco general de la sociedad que consideramos viable. Nosotros no estamos persiguiendo una sociedad utópica, paradisíaca, porque en este momento no es viable. Antes bien, vamos a trabajar más en función de ir constituyendo esos espacios; ese norte marca el rumbo de nuestra asociación y la organización de nuestro trabajo.

Mora: ¿No te parece que darle menos peso a la conservación de la naturaleza y más al uso de los recursos constituye un cambio de rumbo de tu grupo?

León: Yo pienso que no, porque cuando hablo de quitarle peso al tema de la conservación me refiero al modelo conservacionista nacional que es el modelo de arca de Noé: tener un espacio para la protección y para el turismo -para preservar y que se vea desde afuera-, y un espacio totalmente distinto para ser habitado, para ser ocupado por los seres humanos. Yo preferiría un espacio continuo menos impactado, y habitado; es decir, un espacio que pueda ser cogestionado por las comunidades y no un espacio vitrina. Para nosotros se trata de impulsar el modelo de la cogestión -por parte de las comunidades- de zonas, de territorios, sin hacer concesiones a las grandes transnacionales verdes -que, por cierto, existen-.

Se puede luchar por el hábitat de una determinada especie natural, claro, pero los seres humanos también necesitan ciertas condiciones de hábitat y en éstas justamente está la causa de la problemática del hábitat de las otras especies animales y vegetales. Ahí es donde queremos atacar, aunque por implicar la afectación de intereses fuertes y poco flexibles sea difícil... El campesinado de este país, por ejemplo, está desapareciendo, lo cual es ecológicamente muy grave. Aquél, en tanto productor, tiene que mantenerse para gestionar la naturaleza, aunque para ello tiene por supuesto que reeducarse, a fin de hacer esa gestión de modo distinto. Reeducación que no consiste en que los campesinos pasen a ser empresarios, como se considera de acuerdo al modelo imperante... Nosotros no creemos que esta orientación nuestra signifique una renuncia a la preservación de los recursos, sino que significa una aspiración y una lucha por un cambio del modelo total de relación con la naturaleza... Pero, es cierto, no vamos a enfatizar en el proteccionismo en este momento.

Mora: Ustedes, pues, hacen cambios en la estrategia y reivindican otro tipo de protección de la naturaleza y, por ende, de la relación global con ésta, lo cual se relaciona con tu propuesta de tratar el territorio como un continuo, no con bolsones de protección y el resto dejado a la mano de dios...

León: No un continuo absoluto, sino con diferencias...

Mora: Sí. ¿Esa intelección del territorio como un continuo, con sus implicaciones respecto de cómo relacionarse con los recursos y de en qué consiste la protección, es teóricamente fundante del nuevo grupo?

León: Sí, efectivamente, esa es una de las cosas que nos caracteriza. Ahora bien, cuando hablo de continuo me refiero más a la presencia y a la gestión de determinados actores -fundamentalmente los locales- en esos territorios; es decir, no queremos bolsones aislados gestionados por actores ajenos, que no contribuyen al desarrollo local -dicho esto entre comillas-, que no hacen un aporte al patrimonio de la comunidad como tal. Muchas veces la gente siente que estos territorios le son ajenos. Pienso que el modelo Sinac [ del Sistema Nacional de Áreas de Conservación] de alguna manera da un paso en aquel sentido, pero un paso insuficiente. Yo tengo dudas de que el actual gobierno realmente esté apostando algo por el modelo Sinac. Siento que hay un intento de retroceder en ese sentido. Hay movimientos detrás de los que uno puede suponer que están los intereses de las transnacionales verdes, para ser ellas (una serie de fundaciones) las gestoras de todos esos territorios a través de concesiones y otros procedimientos.

Mora: ¿Cuáles fundaciones?

León: Prefiero no citarlas ahora porque puede implicar reacciones jodidas, pero siento que hay intereses que se están moviendo en ese sentido de nuevo. El Sinac está cuestionado por la misma ministra, no tiene el respaldo institucional con que debiera contar. Desde otros departamentos del Minae [ Ministerio del Ambiente] se impide al Sinac el ejercicio de sus funciones naturales: Osa es un ejemplo, aunque ahora de nuevo la dirección del área está recuperando su lugar, pero ahí no se ve el planteamiento de un Sinac nacional, no se nota la presencia de un Sinac nacional, y sí se aprecia otros intereses del Minae ahí, con mayor presencia. Incluso me parece que, de alguna manera, los problemas de Osa fueron una excusa para cuestionar al Sinac y retomar viejos caminos.

Pero en el modelo Sinac, por más "progresista" (por llamarlo de alguna manera) que sea, no se ve claro a qué actores se va a privilegiar, por qué actores se está apostando. No se ve claro una política en las áreas de amortiguamiento, no hay una coordinación interinstitucional para esas áreas, etcétera. Sigue sien-do básicamente un modelo de protec-ción, de creación de áreas de protección con algunas accio-nes muy puntuales de capacitación y de educación ambiental en un sentido muy restringido: limitándose a hacerle ver a la gente la necesidad de proteger esos parques, de no impactar mucho con sus actividades, mas no hay una propuesta de nuevas prácticas productivas ni una intencionalidad y una política en ese sentido.

Nosotros queremos apostar hacia eso; nosotros no vamos a trabajar en las áreas protegidas: son áreas ya protegidas, la mayoría -incluso- de protección absoluta. En este momento, por ejemplo, dentro del campo forestal nos parecen clave las reservas forestales, y en el campo de la producción agropecuaria nos parece clave el enfoque agroecológico. Esto lo vamos a trabajar en el marco del programa Campesino a Campesino, y ahí nos interesa mucho lo que es zonas de frontera agrícola y modelos agroforestales.

Mora: ¿Esos serían los campos de trabajo privilegiados?

León: No, son más. Vamos a trabajar en tres áreas: dos hacia afuera y una hacia adentro. La primer área es la de políticas ambientales, que va a tener tres ámbitos de trabajo: el primero tiene que ver con el tema de reforma al marco legal e institucional, el segundo tiene que ver con campañas y defensoría y el tercero tiene que ver con una serie de propuestas técnicas que queremos hacer cuyo sentido será el de perfilar instrumentos para la toma de decisiones y orientados a tomadores de decisiones. Muchas veces, algunos tomadores de decisiones -autoridades del Poder Ejecutivo y del Legislativo...- no se convencen mucho de una determinada propuesta porque la misma posiblemente no es llevada a las últimas consecuencias en términos operativos, no se ve viable, no se conocen las posibilidades más allá de lo que existe y muchas veces no son adoptadas por eso o son adoptadas a medias. Por ejemplo, como nosotros creemos que el modelo de manejo forestal tiene una serie de errores, estamos tratando de hacer una propuesta de manejo referente a la Reserva Forestal Golfo Dulce, para luego validarla y tratar de adoptarla como modelo a nivel nacional, lo cual implicaría una coordinación institucional entre el Minae y el Ministerio de Agricultura (ya hay algunas conversaciones al respecto y va a ser objeto de atención en el proceso de la plataforma de desarrollo rural).

La segunda área es de gestión territorial. Los resultados de los congresos regionales y nacional ya mencionados van a proporcionar el marco de trabajo en esta área; el énfasis va a estar puesto, ya sabemos, en el trabajo en los campos agroecológico, forestal y agroforestal. Ahí vamos a elaborar algunos modelos, vamos a trabajar con pequeños y medianos productores en el marco del programa Campesino a Campesino, donde tenemos una alianza establecida con organizaciones campesinas de base -como la Mesa Campesina-, con organizaciones indígenas y con otras oenegés con las que estamos conformando un equipo de apoyo -entre ellas está Cedeco, la Pastoral de la Tierra y otras cuya presencia ha sido más nominal que práctica-.

Y la tercera área de trabajo es la interna, y en ella también adoptamos algunos criterios un poco distintos de los que traíamos. Ésta es un área para fortalecimiento institucional en la que vamos a hacer básicamente tres cosas: primero, nos interesa mucho el análisis de coyuntura y queremos hacerlo en sociedad y con otras organizaciones: vamos a tratar de generar una propuesta para que otras organizaciones interesadas en esto compartan con nosotros; en segundo lugar, trabajaremos muy fuertemente en formación interna de cuadros, lo que trataremos también de hacer compartidamente con otras organizaciones, tanto ambientalistas como afines; y, tercero, nos interesa la independización económica, para lo que hemos pensado en un proyecto no ajeno a nuestras actividades en tanto organización, sino eslabonado con ellas -acaso lo hagamos en combinación con organizaciones indígenas y campesinas-.

Si bien creemos que en tales tres áreas no hay una ruptura con el trabajo que veníamos haciendo, y que hay continuidad en cuanto a que trabajamos con los mismos actores de antes y en los mismos campos, sí nos parece que hay un cambio de énfasis.

Mora: Una aclaración: ¿qué es el proyecto Campesino a Campesino?

León: Es un programa mesoamericano (México, Centroamérica y, desde hace dos años, Cuba, Dominicana y Haití) que intenta generar una nueva oferta tecnológica desde el propio campesinado, a partir de sus necesidades, de su práctica cotidiana y de las condiciones en que se encuentran sus unidades productivas. Se ha orientado a la conservación y mejoramiento de suelos por medios naturales reduciendo los insumos externos, procurando que los campesinos mantengan prácticas que les garanticen reproducirse en tanto tales, fundamentalmente bajando costos e, incluso, aumentando la productividad. Se apoya procesos de experimentación en ciertas metodologías, comprometiéndose los campesinos a experimentar y a compartir esas experiencias... Sin embargo, se ha venido creciendo en las aspiraciones: ahora se está pasando a planos más políticos...

Mora: ¿Por quién fue gestado y financiado ese programa?

León: Campesino a Campesino surgió como un rescate, de parte de los productores mayas provenientes de Guatemala y asentados en Chiapas, de las prácticas de ellos antes de migrar por razones políticas hace como 30 años. Iniciaron luego un intercambio con la zona de Tlascala, donde estaba trabajando Sedepaz [ Servicio de Paz y Justicia] , entidad que a su vez trabajaba con la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos, de Nicaragua. Así iniciaron, en 1987, un intercambio entre países, y el programa se empezó a llamar de la manera dicha. En 1992, en el marco de la Conferencia de Río, surgió la red Sur-Sur, con presencia en África, Filipinas, Oriente Medio, Suramérica, Caribe y Mesoamérica, constituyendo cada región un capítulo con su propio planteamiento. El capítulo mesoamericano trabaja un poco el tema de incidencia en políticas ambientales, dentro de un área que se llama Desarrollo Alternativo, que incluye un proyecto llamado Pueblos Civiles y Medio Ambiente y otro denominado Campesino a Campesino. Entonces, el Sur-Sur asume el trabajo de regionalizar el programa que venían trabajando México y Nicaragua bilateralmente, y a partir de 1992 se dan encuentros nacionales -hasta 1996 anualmente, y desde entonces bianuales-. Ha sido un programa bastante exitoso para el campesinado más pobre, ubicado en frontera agrícola; ha estabilizado las poblaciones y en algunos casos ha logrado recuperar ecosistemas. Es financiado por Hivos -oenegé de Holanda- y por Oxfam-Inglaterra, que es una familia inglesa de agencias de cooperación, familia que a su vez está vinculada estrechamente con otras oxfams de varios otros países, que son también familias de agencias de cooperación.

Mora: ¿Esta línea de trabajo en el marco de Campesino a Campesino es la principal línea de trabajo de ustedes ahora, en la que ponen más energía?

León: No. Se trata simplemente de un campo más de trabajo, no el principal. Tan es así que, desde hace un par de años, nos hemos abocado a la tarea de fortalecer un equipo de apoyo al programa, es decir, no adoptarlo en exclusiva, y en este momento estamos compartiendo con varias oenegés y organiza-ciones campesinas de segundo grado la gestión del programa; lo hacemos compartidamente. Para nosotros el programa tiene vida propia y lo apoyamos en algunas cuestiones de gestión, de propuestas, de estrategia, etcétera, con vistas a impulsar una gestión más política del mismo... Pero para nosotros no es el programa estrella en este momento.

A nosotros nos interesa mucho el tema de política ambiental, nos interesa trabajar una propuesta y en eso estamos estos días.

Mora: Para ilustrar, ¿en qué otro proyecto están trabajando ustedes ahora?

León: Bueno, hemos continuado con muchos de los proyectos que traíamos: en la campaña contra la minería seguimos ocupando un lugar muy relevante; en la campaña contra la expansión piñera, en la zona de Buenos Aires, se ha creado un frente de lucha que incluye múltiples sectores: trabajadores, extrabajadores, pequeños y medianos productores, miembros de diversas iglesias, organizaciones comunales, etcétera, y en este momento a nivel nacional se están incorporando otras organizaciones como la Mesa Campesina. Estamos, además, en la propuesta de un modelo de ordenamiento forestal, y en el marco de Campesino a Campesino tenemos varios proyectos... Sin embargo, no puede afirmarse que este programa consuma nuestra mayor energía.

Mora: ¿Harán alianzas o acercamientos a algunas organizaciones; se alejarán de otras?

León: Si el ecologismo realmente quiere insertarse en lo que son movimientos sociales, si quiere convertirse en una propuesta política real, creemos que tiene que buscar otros actores, lo que denominamos las identidades básicas. Es imprescindible que las propuestas ecologistas sean asumidas por actores que sientan que no están adoptando algo artificial que les sirve hoy y ya no mañana. Los estudiantes universitarios, por ejemplo, son muy beligerantes, pero duran uno o dos años; toman una actividad y mañana están en otra cosa. Pasa lo mismo con los profesionales del ambiente, que realizan una gestión muy casuística y muy puntual. En cambio, hay actores en cuya problemática hay una dimensión ambiental; hacia ellos nosotros vamos sin perder nuestra identidad de organización ecologista. Nos parece que esto nos puede permitir una política más permanente, nos puede permitir adoptar ejes de trabajo más estratégicos, por lo que vamos a poner allí el énfasis. O sea, vamos a entrar más en el campo de lo que son los conflictos distributivos, entendiendo que el modelo de sociedad al que estamos aspirando no va a resolver el problema de tenencia de la tierra en Costa Rica, por ejemplo, pero sí por lo menos a frenar tendencias y dar paso a una convivencia entre una economía popular y otras. Una sociedad alternativa a la actual es algo que tenemos que imaginar con los sectores directamente vinculados a la gestión productiva; es en el marco de una plataforma con ellos -por ejemplo con la Mesa Campesina, con la que ya tenemos mucho recorrido- que vamos a plantear metas más precisas y alcanzarlas.

Vamos a mantenernos dentro de la Fecon [ Federación para la Conservación del Ambiente] , con la que estamos trabajando la propuesta de servicios ambientales, y con quien consultamos sobre otras propuestas nuestras, por ejemplo sobre aspectos legales del ambiente... Y a propósito: queremos darle mucho seguimiento al trabajo que está haciendo el Minae para reorganizar la legislación ambiental; estamos tratando de abrirnos un espacio ahí para ejercer cierta fiscalización y trabajar en propuestas alternativas.

Mora: ¿Van a redefinir alianzas internacionales?

León: Sí, efectivamente. Muchas veces, la gestión internacional sin querer impone agendas, que no son las agendas fundamentales a nivel nacional y que dados los limitados recursos humanos que tenemos y los recursos financieros con que contamos nos abren una serie de frentes de lucha que no podemos asumir. Este problema nos obliga a priorizar agendas y le vamos a dar más énfasis a las alianzas en la región centroamericana y latinoamericana.

Vamos a tener siempre contactos a nivel internacional pero más de carácter informativo, y tratando que las agendas internacionales no sean ajenas a la realidad nacional.

Cuando la división de Aeco, el otro grupo insistió en mantener un poco más las relaciones con Amigos de la Tierra. Nosotros no objetamos nada; nos interesaba más el Enlace Sur-Sur. Creemos que éste es mucho más afín a lo que hacemos. El Enlace Sur-Sur se caracteriza por contar con procesos en cada país: se hacen asambleas nacionales, se nombran comisiones y en el marco de éstas se forman equipos de trabajo según la afinidad de las organizaciones; el trabajo es más de equipo. En Amigos de la Tierra Internacional las políticas se trazan en una reunión donde hay un representante por país, lo que hace que luego en cada país la agenda se construya de arriba hacia abajo: de lo diseñado allá se parte para hacer la agenda nacional; además, no se diseña una agenda internacional coherente sino a base de ocurrencias dadas en la asamblea anual. Todo esto trae como consecuencia la apertura de unos frentes de lucha -en el ámbito nacional- muy complicados. Por ejemplo, de pronto había que ponerse a trabajar en el tema del bromuro de metilo, que es una cosa demasiado específica, con actores como los meloneros -tema que a nosotros genuinamente no nos interesaba. Entonces, muchos de los compañeros que trabajaban en Aeco andaban atendiendo mil cosas a la vez y era muy difícil ser más efectivos en lo que de veras nos interesaba centrarnos.

Estamos tratando de dejar de lado esas circunstancias entrabantes. Acciones de solidaridad uno las puede realizar perfectamente, pero un trabajo que consuma muchos recursos en temas de escaso interés no es acertado. Tampoco queremos conver-tirnos en una organi-zación muy grande; es decir, para nosotros esto es una trinchera que debería coadyuvar a la creación de un movimiento social.

Mora: ¿Un movimiento social sin apellido?

León: Sin apellido en estos momentos.

Mora: ¿Un movimiento social que apunte a una redistribución más equitativa?

León: Y en el cual debiera en algún momento asumirse la discusión sobre las formas de hacer política. Incluso debiéramos sentarnos a hablar con la gente que hace política de la manera tradicional, o sea, con los partidos políticos... Yo creo que determinadas estructuras políticas debieran ser sólo una especie de canal formal para que los reclamos de diferentes identidades sociales puedan ser llevados al espacio donde se toman las decisiones políticas. Algunas estructuras políticas -ya existentes o por nacer- podrían y debieran cumplir la función de potenciar el movimiento social del que hablo, no haciéndolo pertenecer al partido o estructura política sino simplemente abriéndole un espacio ahí, abriéndole un canal para que plantee sus reclamos y permitiendo que los grupos integrantes del movimiento continúen su trabajo desde sus particulares identidades... Algunos representantes de esas identidades podrían, incluso, llegar a participar en elecciones y ocupar puestos de toma de decisiones, sin ser por esto adoptados por el partido.

Yo pienso que éste es un tema de discusión pendiente y que en algún momento debe asumirse. El tema de la forma de hacer política me parece importante; o sea, el tema de si realmente tienen sentido en este momento las estructuras partidarias tradicionales. Mientras no aborde-mos esta temática estaremos perdiendo tiempo valioso y oportunidades. Yo no estoy planteando aquí que nos metamos en una determinada estructura, ni mucho menos, sino abrir el espacio para una reflexión.

Mora: Parece que tu grupo es menos indiferente, o apático, o escéptico, o desdeñoso respecto del ámbito de lo político (el del estado, partidos y políticos profesionales) que la desaparecida Aeco...

León: Depende. Sí somos desdeñosos ante una forma de hacer política. No con los políticos. Además, éstos pueden transformar su forma de hacer política. A nosotros nos interesa tener un diálogo con ellos y sobre todo con los políticos que quieren realmente construir una opción, una alternativa. Pero nos interesa que entiendan que nosotros consideramos que hay distintas formas de hacer política y que con nosotros deben actuar de igual a igual, que el hecho de ocupar un puesto de elección popular no les da privilegios a la hora de discutir con nosotros. Nos parece, pues, que efectivamente somos menos indiferentes ante el ámbito de lo político; creemos que vivimos una coyuntura en la que si no damos la discusión acerca de nuestra intervención en el ámbito político y no tomamos las medidas consecuentes, perderíamos oportunidades.

Mora: Parece que dentro de la problemática ambiental ustedes le están dando más énfasis a aquellos temas relacionados con lo rural, y que dentro de la problemática social -en general- a ustedes les interesa también más lo que se relaciona con lo rural.

León: No. Lo que pasa es que en este momento, por las alianzas que ha sido posible construir, para nosotros lo rural es una prioridad. El trabajo urbano en Aeco era un trabajo muy desordenado que, incluso, fue gestionado por equipos distintos y que cambiaba de énfasis según el estilo de cada persona. Pero nosotros sí queremos meternos en la problemática urbana; de hecho estamos empezando a diseñar una política al respecto y a establecer contactos con algunas organizaciones que consideramos tienen voluntad de crear una especie de alianza de cara a una propuesta y de generar una polí-tica en el campo urbano.

Creemos que es importante trabajar con algunos go-biernos locales y comunidades, y con las organiza-ciones de éstas, en torno al tema de los anillos de protección urbana. En estos momentos atravesamos una coyuntura interesante por cómo están las fuerzas políticas en las distintas municipalidades, lo cual ofrece espacio para plantear el tema (...) Nos interesa mucho también el tema de las redes de economía popular campo-ciudad; y en lo meramente urbano el tema de calidad de vida (consumo, nutrición, costos, autoabasto, etcétera). Estamos elaborando algunas propuestas de trabajo en esto y conversando para integrarnos a la Red Latinoamericana de Alternativas de Comercialización. En resumen, nos interesa el tema urbano vinculado al tema de la participación y al del ordenamiento ambiental de las comunidades; siempre con el énfasis en el hábitat alternativo.

Mora: ¿Cuán voluminosa es la membresía de ustedes, cómo está organizada y cuál es su perfil?

León: Habemos algunos que estábamos en la antigua Aeco con trabajo a tiempo completo, como funcionarios. En este momento nosotros tenemos un alto componente de autosostenimiento individual, cada uno de nosotros hace trabajo en su campo profesional u oficio. Nos interesa depender menos de la cooperación internacional, por eso procuramos la inde-pendización económica respecto de nuestra asociación. En ese sentido la membresía ha cambiado, ha cambiando su perfil. No podemos dedicarle tiempo completo a la organización pe-ro estamos com-prometiendo más a la gente en su trabajo cotidiano. No es una mem-bresía formal que implique roles y tareas muy espe-cíficas. Tenemos mucha membresía fuera del Área Metropolitana, más que aquí.

Nos interesa tener gente que esté en espacios importantes de lucha ambiental en las distintas zonas donde trabajamos, pero que, además, haga una lectura de esa problemática que incluya la consideración de actores, de intereses y de posibilidades y necesidades de negociación, una lectura que no conduzca a un fundamentalismo de protección de los recursos naturales, porque en términos de una política real eso no suele tener buenos resultados (hemos tenido experiencias muy jodidas en ese sentido). Esos son algunos criterios para invitar a participar en nuestro grupo. Hay compañeros que nos han pedido su afiliación y que no son de organizaciones ambientalistas, sino de organizaciones campesinas, y que, eso sí, quieren plantear dentro del ámbito campesino un modelo distinto de gestión campesina.

Mora: ¿Ustedes trabajan con una asamblea que define orientaciones y un comité ejecutivo?

León: Sí. En setiembre tendremos una asamblea extraordinaria porque por la división y los trámites legales que hubimos de realizar para formalizar nuestra existencia no tuvimos tiempo de hacer una verdadera revisión de estatutos. Los estatutos de Aeco eran muy confusos, ambiguos, y eso permitía que se hicieran cosas bastante enredadas y que mucha gente tirara en direcciones distintas. Queremos dejar más claro que las decisiones son colectivas y que los órganos colectivos son los que prevalecen; pero que sean decisiones realmente colectivas y maduradas, no improvisadas.

Mora: ¿En caso de haberlo, cuál de los dos grupos resultantes de la división de Aeco recupera el legado de Oscar Fallas [ expresidente de Aeco muerto en un incendio junto con Jaime Bustamente y María del Mar Cordero, también dirigentes de la organización, en 1994] ?

León: Ambos grupos lo reclaman. A nosotros nos interesa el contenido de ese legado, no el reclamo; es decir, no nos interesa la bandera del reclamo. No queremos mitificar. Estamos convencidos de que hemos recuperado por lo menos una parte de ese legado. Yo siento que en Aeco se mitificó mucho a los compañeros muertos; más que como seres humanos algunos han querido verlos como dioses y mártires del ambientalismo. Hacer eso es negar el mismo legado de los compañeros. Nosotros no queremos culto y, además, en algunos casos hemos dado pasos que yo no sé si con Oscar se hubiera dado; pasos cualitativamente distintos de los efectuados en vida de él, porque sentimos que había que darlos, y que no responden a los planteamientos de Oscar ni de Jaime en su momento.

Unos días o semanas antes de su muerte tuve una discusión con Oscar: me decía que no estaba contento con la marcha en ese momento de Aeco, que sentía mucha disper-sión y que había que reestructurar algunas cosas. Me decía: "yo siento que David Madariaga [ diri-gente de Aeco también fallecido en circunstancia extraña en 1995] se tiene que hacer cargo de las relaciones in-ternacionales, vos tenés que replantear la cuestión interna -las áreas de trabajo, etcétera- y yo [ Oscar] , un poco la coordinación general...". Algunos elementos discutidos en esa reunión fueron recogidos en 1995, cuando se hizo la reestructuración de Aeco, y apuntaban a esa idea de que la Aeco se convirtiera antes que en una oficina de gestión de proyectos -a nosotros eso no nos interesa- en una organización más orientada a lo político, hacia promover un movimiento social.

Nosotros creemos desacertado vivir de proyectos, creemos que toda la dinámica de los proyectos ha generado muchísimos problemas en este país: esas convocatorias enormes que se han hecho y que han girado alrededor de los fondos llegados para repartir según proyecto, no han permitido construir una propuesta política.

Posiblemente se tendrá que seguir haciendo proyectos, pero éstos deberán derivar de una estrategia, tendrán que desprenderse de una propuesta política y de programas que se puedan plantear como programas, no sólo viables en cuanto materialmente realizables sino viables en cuanto a los objetivos de un nuevo modelo de gestión, alternativo. A nosotros no nos interesa gestionar esos proyectos. En el peor de los casos los vamos a cogestionar con las organizaciones, pero preferiríamos que fueran las organizaciones de base las que los gestionaran directamente. Muchas veces un proyecto implica una lógica distinta a la lógica estratégica y políticamente correcta de un proceso de trabajo, y, entonces, se termina estando más atento y preocupado por que se hagan las actividades del proyecto formal y aprobado por la agencia de cooperación externa, para poder enviarle un informe coherente y satisfactorio a ésta, que por el proceso mismo y, entonces, lo que se hace más bien es poner obstáculos al proceso.

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