En toda utilización -humana o natural- del agua es esencial su calidad, por lo que es obligado el reconocimiento de la simbiosis entre los recursos hídrico y forestal y, consecuentemente, de la necesidad de conservar los bosques y manejar apropiadamente las cuencas, especialmente en su relación con los aprovechamientos hidráulicos. Erróneamente, el recurso suelo es concebido como el simple soporte mecánico de las plantas, lo cual se deriva de la revolución verde, que marcó el comienzo de una etapa en la agricultura iniciando la intoxicación de los suelos con productos químicos artificiales. También suele conceptuársele como el simple sitio de establecimiento de los asentamientos humanos. Pero más allá de esas visiones los suelos representan un sistema viviente donde coinciden una gran cantidad de organismos que conforman todo un ecosistema, a saber: insectos, hongos, bacterias, algas y plantas superiores, conformando la base de las cadenas alimentarias de los ecosistemas terrestres; conociéndose como rizosfera a esa porción del suelo viviente, que alberga los organismos fijadores de nitrógeno, elemento esencial en la nutrición de plantas y animales.

Unas revaloración y reconceptualización del papel que juegan los suelos en los ecosistemas son necesarias para dejar clara su importancia para la ecosfera. Hans Fassbender ["Conceptualización y consecuencias edafológicas de los impactos ambientales en ecosistemas naturales y agrarios de América tropical", en Ciencias Ambientales 20] agrupa las funciones del suelo en dos categorías: culturales y naturales, estando entre estas últimas el ser hábitat de plantas, animales y microorganismos, el contribuir a la biodiversidad y almacenar información genética grande, el regular los procesos de intercambio de energía, de la infiltración del agua y descomposición de residuos (mineralización de la materia orgánica), el almacenar los elementos nutritivos y el agua esenciales para el desarrollo de las plantas, fuentes y sumideros de gases termoactivos (CO, NO2 y CH4), factores de regulación, de acumulación y de transformación de sustancias químicas nocivas... etcétera. Las funciones culturales de los suelos son: constituir la base de la producción de alimentos y otros productos esenciales para la sustentación de los seres humanos, ser asiento de las áreas para el desarrollo de las actividades antropogénicas (asentamientos, industria y explotación energética), almacenar la información del desarrollo natural y cultural, determinar a través de su uso las estructuras sociales y religiosas de los seres humanos... etcétera. Un concepto del suelo así enriquecido nos conduce a considerar la planificación de su uso como primordial.

Los cambios no planificados en el uso del suelo, como suceden en la realidad, acarrean serios problemas: inundaciones, escasez de agua para uso humano, contaminación ambiental, potenciación de desastres naturales, pérdida de paisaje, erosión, etcétera. La acelerada forestación, por ejemplo, amenaza el abastecimiento de agua y la biodiversidad en general, agravando la situación la creciente pobreza en las zonas tropicales, la corrupción estatal y el capitalismo salvaje que explota los recursos naturales desaforadamente, a veces con el disfraz de uso sostenible, como sucede con los planes de manejo forestal en nuestro país. Estudios han probado que en plantaciones forestales tropicales manejadas como monocultivo se pierde en promedio 53t.ha-1.año-1 de suelo [MAB Digest. 1991. Carbón, Nutrient and Water Balances of Tropical Rain Forest Ecosystems subject to disturbance: Management implications and research proposal. Unesco. Francia].

Los recursos naturales deben utilizarse como capital y no como ingreso; o sea, lo correcto es mantenerlos o incrementarlos extrayendo solamente los beneficios -análogo a retirar del banco sólo los intereses, manteniendo el capital-, proporcionándonos eso que se conoce como elasticidad ambiental. Actualmente, al haberse agotado la frontera agrícola el entorno ha cambiado y es imperativa la planificación y el ordenamiento territorial para asegurar la sobrevivencia del urbanismo y el abastecimiento de agua destinada al consumo humano, la producción agropecuaria y el uso industrial.


Los autores, ingeniero agrónomo y biólogo –respectivamente-, son profesores en la Universidad Nacional.

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