Costa Rica es conocida mundialmente como uno de los principales destinos ecoturísticos, y la mayoría de quienes la visitan lo hacen atraídos por su naturaleza. Sin embargo, no siempre lo que se promociona como ecoturismo es realmente turismo sostenible -entendido éste como el que satisface las necesidades económicas teniendo en cuenta criterios ambientales, culturales y socio-económicos. El turismo manejado sin esta perspectiva de sostenibilidad se convierte en una amenaza para la conservación de la biodiversidad y los recursos culturales. Sin embargo, la actividad económica generada por el ecoturismo puede convertirse en un importante estímulo para la preservación del ambiente natural y la revitalización cultural. Y en esto, precisamente, es en lo que pretende incidir el Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) con el financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (Gef), que es gestionado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

La práctica de un turismo sostenible gestionado localmente ha surgido con fuerza como una opción económica para la preservación de los recursos naturales y culturales. Hasta la fecha el PPD ha apoyado en Costa Rica cerca de cuarenta pequeños proyectos en esta línea, ubicados principalmente en áreas de amortiguamiento de parques nacionales, corredores biológicos y territorios indígenas.

Todos estos proyectos son desarrollados íntegramente por las comunidades locales mediante grupos organizados que al mismo tiempo desempeñan acciones de protección y educación ambiental. El papel del PPD es dotar de asistencia financiera y apoyo técnico a estos grupos con el fin de fortalecer las capacidades locales para gestionar la actividad de forma eficiente y con criterios de sostenibilidad ambiental, social y cultural. Como parte de ese fortalecimiento se hace especial énfasis en la creación de redes, el intercambio de experiencias, la adopción de tecnologías de bajo impacto y el uso racional de los recursos locales. Entre otras prácticas, se promueve la generación de energía eléctrica por medio de fuentes renovables, el uso de cocinas solares, el buen manejo de residuos y la producción orgánica, entre otros. También se estimula la conformación de covirenas (comités de vigilancia de los recursos naturales) que complementan mediante la participación local voluntaria la acción del Ministerio del Ambiente en el control y protección frente a delitos ambientales.

Para el PPD el desarrollo y promoción del ecoturismo comunitario no es un fin en sí mismo, sino el medio por el cual algunos grupos que desarrollan acción ambiental pueden hacer un uso sostenible de los recursos que protegen, generando beneficios económicos a la comunidad. Esta actividad reduce los impactos ambientales asociados a un turismo "de masas" y permite la participación equitativa de la población local en el desarrollo de la oferta turística y en la distribución de los beneficios, con un papel protagonista en la toma de decisiones y como empresarios, en lugar de simplemente como mano de obra.

Es importante señalar, no obstante, que el ecoturismo comunitario se concibe como un complemento y no un sustituto de otras actividades económicas tradicionales; más bien se trata de un dinamizador de la economía local mediante la promoción de servicios complementarios y el consumo de productos locales. El ecoturismo no debe ser visto como la panacea que podrá dar respuesta a todas las necesidades locales frente a una crisis agrícola y limitaciones en el uso de los recursos naturales por fines de conservación. Un desarrollo turístico sostenible debe estar inserto en una planificación racional del uso de la tierra y los recursos, siendo una opción muy válida en determinados lugares y bajo determinadas condiciones.

El PPD está apoyando a grupos que promueven la conservación de los recursos bosque y agua en las cuencas hidrográficas que habitan. Este es el caso, por ejemplo, de la Fundación Montealto, en la Península de Nicoya, que recauda fondos entre la población local y a nivel internacional para ir adquiriendo tierras que se destinan a protección absoluta, con lo que han logrado frenar el grave problema de falta de agua que se presentó hace unos diez años por causa de la deforestación en las áreas de recarga acuífera. La construcción de un albergue y la creación de senderos para observación de aves les ha permitido generar un ingreso adicional, y dar a conocer su actividad a un turismo interesado en la conservación de la naturaleza. Del mismo modo, la Unión de Amigos para la Protección del Ambiente, al sur del país, y la Asociación para el Desarrollo de San José Rural, cercano a la capital, han emprendido campañas similares para la protección de las cuencas hídricas donde habitan, y están desarrollando infraestructura básica para recibir visitantes observadores de la naturaleza.

En las playas de Gandoca, en el Caribe, y Playa Grande, en el Pacífico, llegan cada año a desovar cientos de tortugas baula, principalmente. Existen grupos locales organizados para proteger los huevos y las tortugas de la extracción indiscriminada y la cacería ilegal. Patrullan la playa durante la época de desove, establecen anualmente viveros con los huevos de tortuga para asegurar su reproducción y llevan a cabo campañas de educación ambiental para crear conciencia entre sus vecinos. Pero además conducen grupos de turistas que en la temporada llegan por cientos a observar el fenómeno. Con el apoyo del PPD los guías locales se están capacitando para brindar un servicio profesional, y están adquiriendo los equipos necesarios para su actividad, además de editar materiales divulgativos.

Los Buzos de Paquera son un grupo de pescadores locales que han visto con preocupación cómo la pesca se ha ido agotando, principalmente especies sobre-explotadas como las langostas. Con el apoyo del PPD los buzos desarrollaron arrecifes artificiales en los que se reproduce la fauna marina con un gran incremento en la productividad por metro cuadrado. Pero además, como complemento a su actividad pesquera se están capacitando como dive masters, y adquiriendo el equipo de buceo necesario para conducir grupos de turistas de buceo a observar los arrecifes y otros fondos marinos del entorno.

No muy lejos, el Parque Nacional Palo Verde, humedal de importancia internacional y sitio Ramsar, se encuentra amenazado desde que en los años setenta se suspendió la actividad ganadera dentro del mismo. La consecuencia ha sido una expansión incontrolada de la thyffa, una especie herbácea invasora que va reduciendo los espejos de agua y provoca que las importantes aves acuáticas migratorias que acuden al humedal busquen cobijo en los arrozales cercanos, con el consecuente peligro de intoxicación por agroquímicos y daños a los productores. Las mujeres organizadas de Bagatzí, una comunidad cercana y dependiente del cultivo del arroz, han aprendido a elaborar papel con la fibra de esta planta, que extraen del humedal contribuyendo de este modo a su control. El Programa les apoya en la construcción de un taller y un centro de venta de este producto, en forma de cuadernos, sobres y otros adornos decorados con motivos de la fauna y flora locales.

En Talamanca, la región caribe del país, habita la etnia bribri. En la reserva indígena Kekoldi se produce un fenómeno único en el mundo (sólo superado en número por Israel y México), que es la migración de aves rapaces desde América del Norte hacia el sur a comienzos del invierno en el hemisferio norte. Un grupo organizado local llamado Wak ka koneke (Cuidadores de Kekoldi) está construyendo con financiamiento del Programa una torre de observación de aves y un albergue, orientados principalmente al turismo científico y educativo. De esta forma el grupo obtendrá recursos para sus actividades de protección ambiental, principalmente la conservación del bosque, y para el desarrollo socioeconómico de la comunidad.

Si bien todas estas son iniciativas muy valiosas y con un alto potencial, también se han identificado algunas debilidades que el PPD está tratando de abordar mediante una estrategia de apoyo integral al sector. Se trata principalmente de cuatro aspectos: falta de capital para inversión, insuficiente conocimiento sobre la actividad turística, falta de articulación entre sí y con el mercado y una débil atención e incentivos por parte de las instituciones del estado.

Mediante un programa de capacitación y asistencia técnica continuo, se está fortaleciendo las capacidades de los grupos para compensar la falta de experiencia en la actividad. La alianza con instituciones del estado ha sido clave en este sentido, así como el acceso a nuevas oportunidades de financiamiento. Por otro lado, para abordar el aspecto crítico de la vinculación al mercado, el PPD está tratando de identificar con los grupos el segmento o los segmentos de mercado para este sector, así como sus preferencias y los mejores canales de promoción y comercialización.

Es muy alentadora la reciente creación de la Alianza Costarricense por el Turismo Alternativo Rural, integrada por todos los grupos que trabajan en ecoturismo comunitario y son socios del Programa de Pequeñas Donaciones. Esta red nacional puede constituirse en un grupo pionero en la región que represente los intereses del sector y fortalezca su desarrollo con criterios de equidad y sostenibilidad, favoreciendo la articulación con los sectores público y privado.

El PPD considera muy importante apoyar el ecoturismo comunitario en Costa Rica, pues además de representar un equilibrio entre intereses de conservación y desarrollo, de no ser fortalecido se corre el riesgo de que un desarrollo turístico insostenible provoque la exclusión económica y social de las poblaciones locales, además de una degradación de los recursos naturales que son precisamente la base de esta actividad y la carta de presentación del país frente al mundo.


La autora es especialista en ecoturismo comunitario en el Programa de Pequeñas Donaciones/PNUD.

 

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