Oportunamente, hace cerca de dos décadas, el país decidió utilizar la naturaleza como eje central del producto turístico nacional. Sea como visita a parques nacionales, a reservas privadas, a la playa, a hacer rafting o a observar aves, le estamos ofreciendo naturaleza al visitante. Esta particularidad hace difícil poder precisar qué es ecoturismo y qué no lo es, quién es ecoturista y quién no. Si bien hay algunos parámetros teóricos a considerar, relacionados con impacto, conciencia ambiental, aporte a la conservación y responsabilidad social, en los distintos segmentos de turismo encontramos iniciativas y empresarios comprometidos con estos valores.

La experiencia en el país señala que para ser ambientalmente sostenible y comprometido con el fortalecimiento de la responsabilidad ciudadana en la materia, no se necesita ser pequeño ni estar en medio del bosque, sino convicción del valor que esto representa para la empresa y para el país y del valor que esto agrega al producto que se ofrece.

Esta misma situación hace que en las distintas encuestas realizadas se revele que al visitante le resulta difícil ubicarse como ecoturista o en otro segmento; es común encontrar inconsistencias en las respuestas. El punto importante aquí es que parte del sector se ha visto motivado o se ha visto presionado por el mismo mercado a adoptar prácticas afines al ecoturismo, buscando la sostenibilidad no sólo de la actividad, sino también en la conservación del recurso natural asociado.

Desde el punto de vista económico lo importante de destacar es que los más de un millón de turistas que recibimos durante el 2000, y que tuvieron la oportunidad de disfrutar directa o indirectamente de nuestra naturaleza, generaron $1.100 millones a la economía nacional, rebasando holgadamente la actividad agrícola más tradicional. El gasto diario de ellos fue de poco más de $100 por persona y su estadía promedio de 11,1 noches, mientras que en destinos más tradicionales, como México, la estadía promedio es de tres noches.

Durante los últimos años no sólo se ha incrementado la cantidad de visitantes, sino también la cantidad de días que permanecen en el país, siendo ésta una condición importante con respecto a la generación de ingresos y a la rentabilidad de la actividad.

En el 2000, el 58 % de los turistas internacionales dijo haber visitado áreas silvestres protegidas, el 43% dijo haber ido a la playa y el 37% dijo que la observación de la naturaleza había sido una de las actividades realizadas durante la visita.

i bien filosóficamente se planteó que el ecoturismo debería apoyar iniciativas de conservación, en la práctica en el país este proceso se ha dado en doble vía: iniciativas del sector turismo para apoyar conservación, e iniciativas del sector conservacionista para promover actividades ecoturísticas como medio para la conservación de la biodiversidad.

En el primer caso, se puede citar iniciativas del sector o de empresas individuales. Ejemplos del primer tipo de iniciativas son: el Certificado para la Sostenibilidad Turística, la integración del Sistema Nacional de Áreas de Conservación del Ministerio del Ambiente en diferentes esfuerzos de promoción que realiza el sector, el establecimiento de premios a personas u organizaciones comprometidas con un turismo ambientalmente sostenible, el apoyo a iniciativas de organizaciones locales de guías y el programa Bandera Azul. El aporte económico directo a los parques, la capacitación de funcionarios de parques y guías locales, el establecimiento de reservas privadas, la inclusión en la oferta turística de servicios que ofrecen comunidades rurales y la compensación económica por el servicio ambiental de belleza escénica, son algunas de las iniciativas de empresas privadas.

Por otro lado, el sector conservacionista también ha encontrado en el ecoturismo una oportunidad. Ilustración de esto es la promoción de proyectos ecoturísticos en zonas de amortiguamiento de parques nacionales y en zonas importantes por su función de corredores biológicos mediante iniciativas como el Programa de Pequeñas Donaciones del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo; también proyectos de ecoturismo comunal como parte de la estrategia de ordenamiento territorial en la cuenca del Río Savegre, y el ecoturismo como fuente de financiamiento de reservas privadas -como en el caso de Monteverde.

Es preciso indicar que si bien hay ejemplos exitosos de integración del turismo y la conservación como los antes citados, también es mucho lo que falta por hacer en el ámbito nacional para evitar los impactos adversos sobre la biodiversidad, los cuales se siguen dando ante la limitada capacidad nacional en la materia y la falta de planificación integral del desarrollo turístico. La costa del Pacífico ofrece los mejores ejemplos en el país de deterioro ambiental asociado al desarrollo de infraestructura turística.

alores nacionales y equidad son algunos de los principios que deben adquirir relevancia en la nueva fase que iniciamos, adaptándonos a la nueva realidad internacional. El desarrollo del producto turístico nacional, basado en la relación del turista con el medio natural, sin duda se ha fundamentado en la rica naturaleza que poseemos, pero debemos recordar que igualmente importantes han sido una serie de condiciones sociopolíticas que han permitido a Costa Rica posicionarse como un destino verde, pacífico y de gente amable.

Durante los últimos años, el eje de la campaña de promoción y de competitividad se ha basado en el componente verde de la actividad; sin embargo, los recientes cambios en el contexto internacional representan una muy buena oportunidad para redimensionar el aspecto social, el que posibilitó que nuestra naturaleza -que, no está de más decir, no es mucho más espectacular que la de los países vecinos- se convirtiera en una importante fuente de divisas. Sí, una oportunidad para reposicionar valores fundamentales que le dan al ecoturismo en Costa Rica una dimensión particular: la democracia, la paz, la neutralidad ante conflictos internacionales, la no existencia de ejército y la importancia que pareciera se le está dando de nuevo a la educación, son algunos elementos que complementan y particularizan nuestro producto ecoturístico.

La actual situación ofrece oportunidades de repensar las posibilidades de disfrute de la naturaleza que le ofrece el sector turismo al costarricense. Las más de 400.000 visitas a parques nacionales por parte de costarricenses durante 2001 puede servir como indicador del potencial de la naturaleza como producto para el turismo nacional.

La planificación requerida para reorientar el desarrollo turístico ante la crisis internacional debe incluir, como parte esencial del producto, las características del país antes mencionadas. Esto resulta fundamental sobre todo cuando se está empezando a abrir una nueva oportunidad: el agroturismo, la posibilidad de disfrutar y aprender del paisaje natural y cultural en compañía de miembros de comunidades rurales. Las características sociopolíticas antes señaladas representan una de las mayores ventajas competitivas para promover el desarrollo de este nuevo segmento.


El autor, ingeniero forestal, es coordinador del Programa de Conservación para el Desarrollo del Instituto Nacional de Biodiversidad

 

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