La rápida expansión del sector turismo representa uno de los principales cambios estructurales que ha experimentado la economía costarricense en los últimos años. En efecto, dentro de las actividades productivas neo-exportadoras favorecidas con la apertura comercial y las políticas de incentivos, el turismo destaca entre las actividades con mejor desempeño [Acuña, M. y K. Ruíz. “Contribución del desarrollo turístico sobre el empleo rural no agrícola en Costa Rica”, en Economía y Sociedad, Sept-Dic-2000: 87], representando hoy la principal actividad exportadora generadora de divisas del país (véase cuadro 1). Especialmente importante resulta el turismo proveniente de Europa, América del Norte y América Central, siendo estas dos últimas regiones las más dinámicas en cuanto a crecimiento de la ola turística, y, coincidentemente, ellas mismas son las más importantes en tanto mercados de destino de las demás exportaciones costarricenses. Mientras el turismo procedente de todo el continente americano crece sostenidamente entre 1995 y 1998 (y más abruptamente este último año), el de Europa pierde dinamismo en cuanto al número de visitantes.

En 1998, gracias a un mayor número de turistas, el ingreso de divisas alcanzó la suma de $883,5 millones, pero el peso proporcional del ingreso por turismo en el conjunto de las exportaciones globales del país decreció, pasando del 19% en 1995 al 15,8% en 1998. Sin embargo, con excepción de 1997, la participación relativa de ese sector en el producto interno bruto (Pib) muestra cada vez mayor importancia: en 1995 representó el 5,69% y tres años después el 6,36%. Por su parte, los egresos de divisas por turismo, si bien crecieron a una tasa mayor que el ingreso por el mismo concepto en 1996 y 1997, generaron un saldo positivo que representa aproximadamente el 50% de los ingresos registrados en el período en estudio.

En el país se ha incrementado, aunque con una tendencia decreciente, el número de empresas que ofrecen servicios de hospedaje (véase cuadro 2). Durante el período 1996-1999 el Instituto Costarricense de Turismo registró que del total de dichas empresas sólo aproximadamente el 20% han sido declaradas turísticas –lo que no quiere decir que el 80% de dichas empresas operen fuera del marco legal que regula al sector turismo nacional, sino sólo que ellas no se acogieron a los esquemas de incentivos turísticos creados por el estado para promover el desarrollo y la competitividad de este sector. No obstante (véase mismo cuadro), cerca del 50% de las habitaciones que ofrece el total de empresas de hospedaje en el país corresponden a aquel 80% de las empresas denominadas sin declaratoria. Además, tanto el número de dichas empresas como el número de habitaciones que ofrecen, muestran mayor crecimiento respecto de aquellas calificadas con declaratoria. Ello hace que el promedio de habitaciones en el ámbito nacional se mantenga prácticamente invariable durante el período en estudio.

En lo que respecta a las agencias turísticas existentes en el país, su número apenas aumenta en un 7,04% entre 1998 y 1999. En general, la inversión turística declarada creció más del cien por cien durante 1997 y 1998; sin embargo, en 1999 la misma cayó en más del 80%. En consecuencia, la importancia relativa de la inversión turística respecto del Pib decreció de manera significativa en 1999, a razón de un 2,29%, comparado con el 12,64% y 25,22% en 1997 y 1998, respectivamente.

Además, el sector turismo, conocido tanto por su capacidad de generar encadenamientos con otras actividades como por su capacidad de generar empleo, ha contribuido a dinamizar los mercados de trabajo regionales y locales, especialmente en las áreas rurales. Se estima que el sector ha creado cerca de 200.000 empleos directos e indirectos, aproximadamente el 15% de la población económicamente activa. En 1998 la totalidad de empleos rurales creados por el auge de la actividad se estimó en 71% del total de empleos generados por el sector. Asimismo, del total de ocupados por el sector, alrededor del 20% se ubican en la zona rural, representando cerca del 35% del empleo rural no agrícola [Ibid.: 87 y 101].

Relación turismo-ambiente

El turismo depende de la existencia y permanencia de ciertos atractivos socioculturales y políticos, naturales y artificiales. Su desempeño económico, social y ambiental demanda una amplia comprensión, con el propósito de establecer los límites dentro de los cuales es posible una adecuada gestión de su relación con el ambiente (entendido éste como un conjunto –natural o artificial- de factores externos capaces de influir en un organismo). En general, los diversos impactos negativos de distinta índole que se le atribuyen al turismo son resultado de un sobredimensionamiento de esta actividad respecto de la capacidad de carga que pueden soportar esos atractivos turísticos. El desarrollo del turismo trasciende los límites en los que ya no es posible evitar impactos negativos, incluso algunos de carácter irreversible, paradójicamente dañando los atractivos, razón de ser de dicha actividad. En este contexto, explorar y documentar los alcances de la relación turismo-ambiente tiene un doble propósito: reconocer la necesidad y conveniencia de imponer límites y someter a planes de manejo el desarrollo de la industria turística (en la medida en que sea una prioridad reducir efectivamente sus impactos negativos), y demostrar en la práctica que la sostenibilidad y la competitividad de la industria turística son objetivos convergentes, lo cual depende tanto de una clara comprensión como de una adecuada gestión de la relación turismo-ambiente. Recrear esa relación en sus formas convergentes ofrece al sector la oportunidad de innovar y contribuir en la construcción de un concepto más preciso y operativo de desarrollo sostenible.  

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La naturaleza y la magnitud de los impactos indeseables de diversa naturaleza atribuidos al desarrollo turístico dependen del tipo de turismo, de la afluencia turística y de la localización de las empresas. En general, en presencia de una cultura empresarial cortoplacista, renuente a invertir parte de las ganancias en el mantenimiento del valor intrínseco del capital natural, retribuyendo así parte de sus servicios, tales impactos tienden a ser más significativos. En este contexto, el desarrollo sostenible del sector turismo, expresado en función de un mejor desempeño económico, social y ambiental, deviene, a nueva cuenta, de una adecuada gestión de la relación turismo-ambiente y, en particular, de una conducta de responsabilidad empresarial fuertemente orientada a la protección y la gestión ambiental -mientras el principio de precaución se hace una práctica consuetudinaria en la cultura de gestión de las empresas turísticas.

La relación turismo-ambiente es importante, entre otras razones, porque de la identificación y preservación de los recursos con poder de atracción turística depende el desarrollo y permanencia de un destino turístico determinado, y también porque las actividades relacionadas con el turismo pueden competir entre sí y con otras actividades económicas por el uso de los mismos recursos ambientales en un área determinada, lo cual tiende a generar conflictos entre grupos de interés e impactos negativos en torno a los recursos y los factores naturales. La competencia entre las firmas podría causar el deterioro cuantitativo y cualitativo de los atractivos turísticos, y una competencia sin límites podría causar impactos negativos sobre la imagen del destino turístico, lo que induciría una caída en la demanda turística con la consecuente generación de pérdidas económicas importantes [Briassoulis, H. y J. van der Straaten (eds.). 1992. Tourism and the Environment. Netherlands].

Tales consideraciones conducen a la necesaria caracterización del sector turismo en cada uno de los espacios en que se desarrolla, lo cual implica identificar las especificidades de la oferta y de la demanda turísticas y de las condiciones en las que se desarrollan. Es determinante poder conocer los distintos aspectos relevantes de la relación turismo-ambiente con el propósito de establecer una adecuada gestión competitiva de las distintas industrias que conforman ese sector, gestión que tiene que abarcar las estrategias competitivas de las empresas en las distintas industrias, procurando que en su misión y metas sea incorporado un criterio de responsabilidad empresarial.

En el caso de Costa Rica, el desarrollo del ecoturismo ha coadyuvado a la consolidación y ampliación de un sistema nacional de áreas protegidas públicas y privadas, proceso éste que ha sido determinante en la reducción de las amenazas de explotación de esas áreas mediante usos no sostenibles, y en la recuperación de espacios alterados por la ganadería extensiva de décadas anteriores. En muchas de esas áreas los pastizales han sido sustituidos mediante procesos de regeneración natural, como en el Área de Conservación Guanacaste. Con ello se ha logrado una lenta pero importante recuperación de atractivos naturales con potencial ecoturístico [Furst, E. (ed.). Escenarios del cambio estructural en Costa Rica: Un análisis cualitativo basado en el modelo de la telaraña. Efuna. Costa Rica: 249].

La ausencia de un plan operativo de desarrollo y manejo ecoturístico, con programas de desarrollo rural, regional y local que se articulen mutuamente, impide que la actividad tenga una base comunitaria fuerte. Estos instrumentos son necesarios para promover una efectiva participación de los grupos locales en la explotación racional y sostenible de los recursos naturales con fines ecoturísticos. Las comunidades se constituirían así en salvaguardia de esos recursos, reduciendo la presión local en usos no sostenibles. Los vacíos propios de la legislación ambiental, los conflictos de competencia institucional, la escasez de recursos operativos y la poca voluntad política, entre otros factores, magnifican los impactos ambientales indeseables asociados al ecoturismo. En este contexto, el estado está llamado a ejercer un fuerte liderazgo. Las instituciones públicas rectoras del turismo tienen que promover el diseño de estrategias con visión integral y objetivos empresariales comunes. La responsabilidad empresarial debiera basarse en una conducta orientada por el principio de precaución. El objetivo es procurar que la actividad turística disminuya la intensidad de uso de materiales y energía por unidad de servicio para evitar alteraciones irreversibles en los ecosistemas y su ciclo de vida. Los empresarios del sector han de coordinar esfuerzos para lograr una competitividad auténtica que se caracterice por un adecuado desempeño ambiental de sus negocios y menos por la búsqueda de rentas.

Ecoturismo, cluster y dinámica local

El ecoturismo es la consumación de un conjunto de actividades relacionadas cuya eficiencia y competitividad depende fundamentalmente de la acción colectiva de actores privados y públicos, así como de una adecuada gestión de los recursos naturales. En ese contexto, la actividad es capaz de generar polos dinámicos de desarrollo local y regional, lo que hace que el ecoturismo sea una actividad propicia para explorar en Costa Rica los avances en torno a la formación de clusters ecoturísticos, respecto de lo cual es conveniente destacar aquí algunos resultados de una investigación reciente sobre los alcances de la formación de un cluster ecoturístico en Monteverde (entendiendo por cluster una concentración sectorial y geográfica de empresas en la que la competitividad de cada una depende directamente de las otras, y la eficiencia depende de un conjunto de vínculos organizacionales entre ellas; la ventaja competitiva no es creada dentro de una empresa individualmente considerada; y la operación eficiente de las empresas es esencial pero no suficiente para competir globalmente).

En la comunidad de Monteverde se nota una importante conformación y desarrollo de vínculos entre empresarios ecoturísticos mediante encadenamientos de diverso tipo y calidad, entre los que descollan aquellas inversiones cuyo fin es brindar hospedaje, alimentación e información de cierta calidad a los turistas. El cluster ecoturístico de Monteverde permite destacar los negocios derivados de este tipo de vínculos, relacionados con actividades complementarias o de soporte, hoteles, restaurantes y agencias de viaje, que han venido apareciendo en la zona.

Otras actividades y servicios adecuadamente desarrollados y provistos influyen en la competitividad y buen desempeño del cluster en mención, el cual muestra cierta tendencia propia de las actividades ecoturísticas; en particular la de multiplicarse conforme se acelera su dinamismo. Ciertas actividades públicas y privadas cumplen diversas funciones en el cluster, tales como incidir en la prestación de servicios de calidad y coadyuvar a la eficiencia y competitividad del mismo. En general, la investigación evidenció que los distintos componentes del cluster, en particular los  actores y grupos que lo conforman, son relativamente activos y emprendedores. Sus relaciones son, por motivos comerciales, la mayor parte de las veces de carácter informal pero buenas. No obstante, los criterios sobre los problemas comunales y ambientales de la zona no son canalizados adecuadamente por falta de liderazgos adecuados y por las debilidades y desarticulación de las capacidades organizativas de la comunidad. El dinamismo de los negocios en general se debe al impulso natural que emana de la riqueza biológica del principal atractivo, la Reserva Monteverde, la cual es la principal causa de la creciente demanda turística nacional y extranjera, especialmente porque la conservación y resguardo de los recursos naturales y de las áreas protegidas ha sido el foco de atención de la mayoría de los actores interesados en mantener los atractivos turísticos de la zona.

Asimismo, la diversificación de los atractivos turísticos naturales de valor agregado, importantes hoy en la zona, no ha mermado el atractivo turístico y la visitación de la Reserva Monteverde. Son un complemento dinámico del ecoturismo al ampliar la oferta de atractivos turísticos naturales en la zona. Los nuevos atractivos turísticos naturales del cluster, entre los que destacan la Finca de Mariposas, el Serpentario, la Finca Ecológica y el Jardín de Orquídeas, el Canopy Tour, el Sky Trek, el Sky Walk y Aventuras Aéreas, han atenuado la presión de los visitantes sobre las áreas protegidas, particularmente sobre aquellas que se administran con criterios de capacidad de carga. Pero también es muy importante el hecho de que han contribuido a ampliar el núcleo de fincas privadas sujetas a protección y manejo sostenible de los recursos y de los atractivos turísticos naturales. En consecuencia, los turistas pueden hoy satisfacer parte de sus motivaciones ecológicas en estos nuevos atractivos sin poner en riesgo las áreas protegidas. A pesar de que en Monteverde la preocupación por los problemas ambientales y la cultura ambientalista son muy generalizadas, y que -como señala la investigación- los actores sociales ponen la conservación de la naturaleza por encima del interés económico en el turismo, los compromisos y acciones colectivas en relación con programas efectivos de gestión ambiental son aún bastante limitados.

La experiencia de Monteverde, en tanto uno de los más importantes destinos ecoturísticos del país, demuestra que en Costa Rica existe un gran potencial de responsabilidad ambiental comunal. La comunidad de ese lugar debe ser un ejemplo de desarrollo ecoturístico en torno al cual los gobiernos han de gestar estrategias sostenibles y competitivas para el sector turismo nacional.

[Algunas partes de este artículo provienen de otros documentos recientes de los mismos autores]


Los autores, economistas, son –respectivamente- investigador del Centro Internacional de Política Económica de la Universidad Nacional y consultor independiente.

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