He leído con mucho interés y agrado los planteamientos de los señores candidatos a la Presidencia de la República para el mandato 2002-2006. Con interés, porque Costa Rica se está jugando su futuro a partir de lo que se haga y deje de hacerse con su ambiente. Con agrado, porque los cuatro candidatos coinciden, en mayor o menor grado, en que es urgente reorientar la política ambiental en nuestro país.

Sin embargo, hay omisiones que le quitan sustento a los hermosos discursos. Señalo tres:

Primera: Falta definir una estrategia integrada. No es el momento de una larga lista de propósitos sin la debida articulación. En este punto don Ottón Solís se acerca al meollo cuando afirma "no se trata de que el crecimiento económico sea compatible con el ambiente, sino de que se base en la protección ambiental". Esto hace una enorme diferencia. Sin embargo, tampoco apunta al modelo que responda a ese propósito. Valga la ocasión para señalar que en este punto no es necesario inventar el agua tibia; internacionalmente se maneja el concepto de las tres agendas: azul, verde y café, identificando las tres grandes áreas que constituyen el objetivo de cualquier acción de protección y conservación del medio: el agua, el bosque y la contaminación. Tres áreas que no se deben manejar de forma aislada, sino como aspectos de un todo.

Segunda omisión: Los cuatro candidatos mencionan la importancia de la participación ciudadana. Sin embargo, este enunciado puede seguir quedando como simple enunciado si no se instrumentaliza. Don Otto Guevara dice algo interesante que podría ser una aproximación "Los problemas de la conservación, imposibles de resolver para el estado, se vuelven dóciles cuando se permite la libertad y la propiedad privada, que, con su sistema de ganancias, incentiva a poner toda la inteligencia en preservar y aumentar los recursos naturales que nos pertenecen". Lejos estoy de apoyar la tesis de partir la patria en pedacitos o en pedazotes que tengan dueños y menos aun de que el ansia de lucro sea el incentivo para cuidar la naturaleza. Sin embargo, rescato la idea de que es a los ciudadanos en común, con el apoyo del estado, a quienes corresponde velar por el ambiente. La gran mayoría deseamos hacerlo, lo que falta es que el estado abra los espacios necesarios para que los habitantes del país puedan ser protagonistas en la protección de lo que es de todos y todas. No es posible que sigamos impotentes y rabiosos frente al desfile de camiones transportando, ya muertos, los que fueron vigorosos árboles de nuestros bosques tropicales. Tampoco es posible que tengamos que seguir dando luchas sin cuartel para evitar las explotaciones petroleras, la minería a cielo abierto, programas hidroeléctricos que amenazan mantos acuíferos, contaminación de los ríos por deshechos ambientales, etcétera, todo propiciado por el mismo estado. La participación ciudadana debe ser real y efectiva, desde las decisiones hasta las acciones.

Tercera omisión: Ninguno de los candidatos se refiere a la revisión y eventual modificación de la legislación ambiental. Don Abel Pacheco se aproxima al tema cuando señala "Actividades económicas ambientalmente no amistosas, por más productivas que fueran desde el punto de vista de la renta tradicional que generan, no serán apoyadas por nuestro gobierno, mientras no se hagan sostenibles ecológicamente."

El punto es que mientras esté vigente la actual Ley de Hidrocarburos, producto directo de los compromisos que nuestro país adquirió en el Plan de Ajuste Estructural (PAE III), las puertas del país están abiertas a los grandes inversionistas extranjeros que desean explotar las riquezas del subsuelo terrestre y marino con el consecuente, inevitable e irreversible daño al ambiente.

Los y las electores de este país esperamos pronunciamientos más concretos en estos puntos.


La autora es dirigente de los empresarios turísticos caribeños y de Acción de Lucha Antipetrolera (Adela)

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