OTTÓN SOLÍS 


Partido Acción Ciudadana

 

    Las relaciones económicas externas de Costa Rica han sido un componente importante de su evolución económica y han respondido a diferentes paradigmas: desde el mercantilismo colonial, pasando por la época liberal, hasta llegar al intervencionismo estatal (1962-2000). Esta última etapa tiene dos momentos: el intervencionismo estatal industrializador (1950-1980) y el intervencionismo estatal exportador (1983-2000). Ambos han estado caracterizados por una fuerte participación del estado por medio de políticas dirigidas a la promoción de sectores específicos, utilizando aranceles proteccionistas, subsidios, exoneraciones fiscales y algunas instituciones, todo ello con el fin de promover la industrialización y las exportaciones, respectivamente.

El objetivo implícito, y en ocasiones explícito, de la acción estatal desde 1950 ha sido la creación de una economía que compita con los países más desarrollados del planeta. En ese contexto, acudiendo a diversas formas de proteccionismo y subsidio, hemos intentado sustituir parcialmente a esos países como proveedores de nuestro mercado interno (1962-1980), o como proveedores de sus propios mercados (1983-2000). Esa búsqueda de competitividad se ha caracterizado por la ausencia de desarrollos tecnológicos autóctonos que se constituyeran en el punto de partida de ventajas comparativas nacionales. Hemos actuado como si fuese posible reproducir la estructura económica de los países más avanzados. El intervencionismo del estado ha estado dirigido a dotar de rentabilidad la acción de transferir procesos productivos de los países desarrollados al nuestro.

En esa tesitura hemos olvidado la historia, la cultura y las ventajas comparativas de que han dispuesto esos países para alcanzar su estado actual de desarrollo. La importación llave en mano de un modelo, aun si los países avanzados se estacionaran en el modelo que les compramos, no rinde frutos fácilmente. Para llegar a ese modelo esos países experimentaron siglos de severos sacrificios, largas jornadas laborales en condiciones paupérrimas y con niveles de consumo denigrantes. Les correspondió hacer las investigaciones y los desarrollos tecnológicos originales y resolver numerosos obstáculos en los procesos productivos. Toda esa riqueza esta acumulada en su modelo de producción actual. Un país como el nuestro debe pagar una renta (patentes, alquileres, franquicias, dividendos) por utilizarlo. Entonces siempre vamos a tener costos de producción más elevados y estar en desventaja con los países que lo desarrollaron.

Pero las posibilidades reales de competir son aun inferiores si se toma en cuenta que los países avanzados disponen de los recursos para permanentemente mejorar sus tecnologías. De tal manera que aunque no tuviésemos costos por la utilización del modelo llave en mano, cuando lo comenzamos a aprovechar éste ya es menos eficiente que el utilizado en los países avanzados. De ahí que las posibilidades de competencia -sea sustituyendo importaciones o exportando- hayan dependido fuertemente de subsidios y exoneraciones fiscales altos y de niveles salariales bajos. La tarea se ha hecho aun más difícil en vista de que en esa lucha por recrear las ventajas comparativas de los países más desarrollados utilizando el presupuesto público y bajos salarios para lograrlo, nos acompañan numerosos países en América Latina, Africa y Asia. De ese modo el modelo de competitividad impulsado ha llegado a ser insostenible, tanto fiscal como políticamente. La imposibilidad para eliminar los desequilibrios fiscales y el consecuente incremento en la deuda interna, así como la creciente desconfianza en las instituciones de la democracia y en los políticos, se originan parcialmente en esa insostenibilidad.

El nuevo milenio nos enfrenta al reto de fortalecer nuestra participación en la economía mundial, pero de manera compatible con la estabilidad macroeconómica y el desarrollo humano. En este contexto, existen posibilidades de construir un modelo de desarrollo que partiendo de lo que tenemos, nos permita, por medio del desarrollo de tecnologías relacionadas con la totalidad de la materia ambiental, posicionar a nuestra economía de manera exitosa en los mercados mundiales.

El objetivo general de nuestra estrategia de competitividad internacional anclada en el ambiente es la creación de condiciones económicas para elevar el nivel del desarrollo humano en Costa Rica. Y los objetivos específicos son la reorientación de la discusión nacional relacionada con la políticas de desarrollo, la gobernabilidad democrática y el logro de una mayor conciencia nacional sobre la necesidad de proteger el ambiente.

Nuestro país ha venido explotando sus recursos naturales como fuente de ventajas comparativas produciendo materias primas y bienes de consumo y, también, ha utilizado el medio natural como depósito de los desechos de los procesos de industrialización y de consumo. Sólo últimamente se ha comenzado a explotar los recursos naturales sin destruirlos -por medio del turismo ecológico y de la venta de oxígeno y otros servicios ambientales.

La estrategia de desarrollo que proponemos tiene como eje el ambiente. Más allá del bio-centrismo y del antropo-centrismo, se trata de utilizar el ambiente como factor de competitividad internacional, pero no explotándolo por medio de su destrucción sino de su conservación. No se trata de que el modelo de crecimiento económico sea compatible con el ambiente, sino de que se base en la protección ambiental. La estrategia de desarrollo, pues, además de anclarse en un principio extraordinariamente estético y ético como es la protección del ambiente, utiliza éste como medio para nuestra competitividad internacional. Ha de protegerse el ambiente no sólo porque el ambiente sano y equilibrado es un fin loable, sino porque puede utilizarse como medio para nuestros crecimiento económico y desarrollo humano (...el cual en su misma génesis sería sostenible).

La estrategia parte de los siguientes supuestos:

1. Los valores en los principales centros de consumo del mundo evolucionarán hacia compromisos crecientes con el ambiente. La incorporación acelerada de preocupaciones relacionadas con la protección de la naturaleza y la limpieza del ambiente, en la cultura y en la escala de valores de la humanidad, constituirá la revolución más importante de las próximas décadas. Comenzando en las sociedades más ricas, aspiraciones relacionadas con el ambiente estrujarán a las variables económicas conocidas. Los consumidores privilegiarán bienes y servicios originados en países comprometidos con esos valores. El contexto ambiental en que opere una empresa será su principal elemento promocional. Por ejemplo, al decidir sobre qué productos consumir, las características ambientales de la producción, el empaque y la disposición de desechos ganarán terreno ante el precio, la calidad, las garantías, la disponibilidad de repuestos o los servicios post-venta.

Los países que ganarán la batalla de la competitividad internacional serán los que prohíban la agricultura no-orgánica, separen y reciclen la basura, obliguen a las empresas a tener certificaciones de producción limpia, tengan normas ambientales rigurosas, consuman madera de plantaciones y no del bosque natural, ingieran carne únicamente de animales reproducidos y -por lo tanto- prohíban la pesca y la caza y tengan pocos vehículos per cápita en relación con su ingreso per cápita pues predomine el transporte público.

2. Costa Rica tiene un compromiso con el ambiente relativamente fuerte. Ninguna estrategia de desarrollo puede partir de la nada. Si bien es cierto las ventajas comparativas se pueden construir, las dificultades para alcanzar el éxito serán menores en el tanto esas ventajas se busquen en características cercanas a la realidad. En relación con el ambiente y a pesar de serios peligros referentes a los bosques y al agua y al atraso total en materia de disposición de deshechos sólidos, Costa Rica ha desarrollado legislación y experiencias que le sitúan ventajosamente en relación con otros países. Además, gracias a la labor pionera de algunas autoridades públicas y sobre todo de científicos nacionales y extranjeros, ha acumulado alguna reputación en el mundo como país amante de la naturaleza. Pero aun más importante que esos factores es el hecho de que la población ha desarrollado un compromiso especial por la naturaleza y ha incorporado valores que la comprometen con la conservación ambiental. Tal evolución es de suma importancia pues la cultura de un pueblo es más importante en la consolidación de un determinado estilo de desarrollo que la legislación coercitiva o los incentivos económicos. De ahí que la ejecución de una estrategia de competitividad internacional basada en la conservación del ambiente parta de una realidad cultural que facilite su puesta en práctica.

3. La participación en la globalización es inevitable y además conveniente. Para comprender este supuesto es necesario enfatizar que la globalización no es un fenómeno nuevo y que no es lo mismo que neoliberalismo. Globalización es el proceso de integración entre los diferentes pueblos, comunidades y países de la Tierra, y se inició hace ocho mil años con la agricultura, a la que sobrevinieron la especialización y el comercio que, aunados al desarrollo tecnológico de la navegación -especialmente en el Mediterráneo-, constituyeron el primer acto de globalización realmente importante, dando pronto paso al intercambio de mercancías y tecnologías por todo el globo (...) Nada nuevo ha ocurrido hoy que defina una nueva época. Se trata de los milenarios cambios de grado que han hecho que los límites de las aldeas se rocen y hasta se rompan para avanzar hacia la aldea común. El desarrollo tecnológico causa incrementos en el comercio de bienes: primero, al permitir la generación de excedentes cada vez mayores; segundo, al abaratar los costos de transporte, y, tercero, al homogeneizar los patrones de consumo. Dado que el desarrollo tecnológico es inherente a la naturaleza humana (no obedece a ninguna ideología particular) la globalización es inevitable. Y dado que la búsqueda de mayor bienestar es inherente al ser humano, y que la especialización y sus corolarios -el intercambio y el comercio- aumentan el bienestar, la humanidad se ha estado globalizando desde siempre y continuará haciéndolo.

Por su parte, el neoliberalismo es una ideología particular que proclama la supremacía universal de las fuerzas del mercado para resolver los problemas económicos. Este tipo de ideas han existido desde hace dos siglos y ningún país exitoso las ha puesto en práctica. La humanidad ha confiado en el conocimiento para controlar las fuerzas de la naturaleza, incluyendo las de la oferta y la demanda, cada vez que se ha dado cuenta que ese control conduce a un aumento de su bienestar.

Desde tiempos antiguos el ser humano ha buscado fórmulas mágicas, atajos, entrega de responsabilidades a fuerzas supernaturales, al enfrentar los retos de la supervivencia. En los dos últimos siglos, numerosos pensadores han adoptado el materialismo histórico como paradigma para entender la organización social. En ese marco han adjudicado al desarrollo tecnológico y las fuerzas económicas efectos inevitables en la institucionalidad de cada sociedad. Tanto el comunismo como el neoliberalismo prácticamente eliminan el papel del conocimiento humano en la evolución de la organización política e institucional. Para los primeros, el comunismo es la inexorable culminación de la historia, para los segundos la libertad total de las fuerzas del mercado es el destino inevitable. Ambas ideologías yerran al monospreciar el papel de los seres humanos y su conocimiento en la construcción de su historia.

La estrategia no debe enfrentarse a la intensificación de los vínculos entre los pueblos, sino aprovechar la evolución de los valores mundiales para situarnos adecuadamente en el ámbito internacional y competir a partir de nuestras potencialidades y fortalezas, construidas a lo largo de la historia. Si adicionalmente logramos cumplir con un objetivo moralmente correcto, como la protección del ambiente, se estarían combinando los factores óptimos para crear un norte y una dinámica de integración nacional y de desarrollo que nos permita soñar a todos.

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