
Ha aparecido un gran circuito macrosocial que involucra a la naturaleza y está estrechamente vinculado con los derechos humanos en cuanto derechos de la vida humana. Es un circuito marcado por amenazas globales que no son más que los efectos indirectos de las violaciones de los derechos humanos que están en curso. Amenazas globales como la exclusión de una gran parte de la población, la subversión de todas las relaciones sociales y la destrucción ambiental. Estas violaciones son impulsadas por la política vigente de totalización de los mercados que opera en nombre de la eliminación de las llamadas distorsiones del mercado.
Desde la óptica de la lógica de mercados todas la medidas que podrían contrarrestar este proceso destructor son consideradas distorsiones del mercado. Y la eliminación de éstas es lo que produce el cataclismo de los derechos humanos que vivimos desde comienzos de los años ochenta. De la violación de los derechos humanos resultan las amenazas globales, mientras la misma política extremista de la eliminación de las distorsiones del mercado hace imposible contestar las amenazas globales que produce. La trampa de la globalización amenaza la existencia de la humanidad y también de la naturaleza externa a ella.
En El hombre rebelde Camus dice: "¿El fin justifica los medios? Es posible. ¿Pero quién justifica el fin? A esta cuestión que el pensamiento histórico deja pendiente, la rebelión responde: los medios". Pero la rebelión no es solamente de los rebeldes de Camus, sino que los medios mismos están rebelándose frente a los fines y el rebelde tiene que asumir esta rebelión de los medios: medios de producción. Medios de consumo, medios de comunicación, medios de transporte. A través de las amenazas globales se rebelan los medios frente a los fines, y el ser humano no tiene posibilidad de seguir viviendo si no responde a esta rebelión de los medios rebelándose él. Las amenazas globales –exclusión, subversión de las relaciones sociales, destrucción del ambiente– son la voz de los medios que se rebelan frente a los fines.
Los medios revelan el significado de los fines, pero la rebelión de aquéllos es pasiva y no crea, sino amenaza. La rebelión de los medios, que revela el significado de los fines, la experimentamos empíricamente, siendo al respecto paradigmátca la bomba atómica, que como medio revela el hecho de que cualquier fin que se le impute es irracional dado que lleva a la muerte de todos: se trata de un arma nueva contrapuesta a las convencionales que, aunque perversas, difieren de aquélla en que tienen una racionalidad: permiten destruir al otro para reemplazarlo, permiten la victoria, permiten también enfrentar amenazas de posibles agresores. En cambio, la bomba atómica, una vez accesible para muchos, se rebela contra cualquier fin que se le pueda imputar. Y como ser humano no se puede asumir esta rebelión del medio, a no ser no usándolo, que es a lo que el medio obliga -siempre que el ser humano insista en su vida.
Por eso Camus, al reflexionar sobre los medios, llega a reflexionar igualmente sobre el suicidio. Para enfrentar al suicidio no hay que cambiar los fines sino decidir sobre los medios. Frente a la bomba atómica no hay que cambiar los fines por otros, sino controlar el medio. La rebelión de la que habla Camus es la única respuesta posible.
La ceguera en la persecución de nuevos medios está subvirtiendo los fines. Las vacas locas atestiguan una locura humana. La racionalidad de los fines se vacía cuando los medios para alcanzarlos los transforman en vehículos de la muerte. No se trata de elegir otros fines para los medios, sino de decidir sobre los medios independientemente de los fines que les imputamos. Exclusivamente el juicio sobre los medios puede justificar los fines, pero lo puede nada más en la dimensión en que los fines no justifican los medios. No es en relación con los fines que hay que decidir sobre los medios, sino independientemente de los fines que se les imputa. Sólo medios justificables independientemente de los fines pueden tener fines racionales. Al juzgar sobre los medios no se juzga sobre fines, sino sobre la pregunta: ¿Tienen estos medios potencialmente fines?
Hay un solo criterio para contestar esta pregunta: ¿Es posible seguir viviendo en el caso de que tal medio se aplique? Evidentemente no se trata de lo que se llama juicio de valor, que es un juicio sobre fines, y las metodologías correspondientes (donde la autoridad máxima sigue siendo Max Weber) excluyen dogmáticamente el juicio sobre los medios anterior a los fines. En cuanto a estos juicios Weber hablaba despectivamente de ética de convicción (Gesinnungsethik), oponiéndole lo que él llamaba ética de responsabilidad. Pero resulta que ésta es una falsificación de monedas, es la ética de la máxima irresponsabilidad.
Este juicio sobre los medios es un juicio con arreglo a la racionalidad reproductiva. La rebelión de los medios es una rebelión que grita por la ausencia de la racionalidad reproductiva. Las amenazas globales (exclusión de la población, subversión de las relaciones sociales, destrucción del ambiente) son este grito. En cuanto a la última amenaza, Leonardo Boff habla del grito de la tierra. Pero es un grito de ausencia. Solamente si es respondido por la rebelión del ser humano como sujeto de la vida humana puede haber creatividad humana. Mas esta rebelión tiene que ocurrir frente a los medios, juzgados independientemente de los fines que se les adjudique. Por eso tiene que ser una rebelión en nombre de la racionalidad reproductiva.
La bomba atómica es paradigmática. Una vez accesible para muchos, es un medio sin fines posibles a condición que excluyamos el suicidio, que no es un fin posible, porque elimina toda posibilidad de tener fines. Pero las otras amenazas globales revelan un hecho que transforma toda nuestra cotidianidad: que todos los medios, al generalizarse, subvierten la posibilidad de tener fines. Subvierten la racionalidad de los fines en racionalidad aparente. Un árbol se puede cortar sin consecuencias globales, pero tal corta se transforma en amenaza global en cuanto la tala de bosques se generaliza. Eso vale para todos los medios independientemente de los fines que les podamos imputar. Si todo el mundo lograra la densidad del tráfico automovilístico que hoy hay en los países centrales, la biosfera quedaría destruida. La generalización de la civilización técnica en los términos de los países centrales destruiría la posibilidad de la vida humana. Los medios se rebelan. Cada una de las técnicas parece inocente, pero la acumulación de sus efectos en el curso de su generalización hace imposible la vida humana, por lo que no hay medios inocentes. Mas este juicio es un juicio sobre medios independientemente de los fines que les imputamos. Por eso, a este respecto, la discusión sobre juicios de valor es completamente irrelevante y oscurece solamente el juicio. Es un juicio de racionalidad reproductiva, es sobre la compatibilidad de los medios (medios para fines) a la luz de la posibilidad de la vida humana y, por tanto, de todos los seres humanos. Juzga sobre la posibilidad de los medios de tener fines, cualesquiera que sean.
Eso es la globalidad de la humanidad y de la Tierra como ha resultado en el último medio siglo. La estrategia de acumulación de capital surgida en la últimas décadas, y a la cual se da el nombre de globalización, se ha transformado en la peor de las amenazas globales que penden sobre nosotros. Trátase de una estrategia de acción basada en la legitimidad irrestricta de los medios en relación con fines que excluye el juicio sobre los medios independientemente de los fines que les podemos imputar, que excluye los juicios de la racionalidad reproductiva. Por eso ésa es una estrategia catastrofista, que elimina toda posible respuesta en nombre de la eliminación de las distorsiones del mercado, paralizándose entonces la humanidad frente a las amenazas que aparecen, es una estrategia de suicidas.
La rebelión de los medios revela el hecho de que la racionalidad económica hay que asumirla frente a los medios y no frente a los fines y, entonces, se hace necesario asumir la racionalidad reproductiva. Toda humanidad futura tiene que basar su existencia y su posibilidad de vivir en su capacidad de enfrentar las amenazas globales que surgen, y solamente puede lograrlo sometiendo todas las posibles estrategias de acumulación de capital a esta tarea. Una estrategia de acumulación de capital como la hoy impuesta con el nombre de globalización rechaza este sometimiento a las condiciones de posibilidad de la vida humana. La rebelión de la que hablaba Camus, que exige la justificación de los medios independientemente de los fines que nos pintan los utopistas de la estrategia de acumulación vigente, es la necesaria respuesta -en curso- a dicha estrategia.
