
OTTO GUEVARA
Partido Movimiento Libertario
Vivimos en un mundo cada vez más conciente de la importancia de un ambiente sano para su supervivencia. Sin embargo, en nuestro país estamos padeciendo una serie de problemas relacionados con el deterioro ambiental. Los bosques han ido desapareciendo aceleradamente. La mayoría de los ríos que atraviesan centros urbanos son cloacas abiertas adonde se arroja todo tipo de contaminantes. El ruido y los olores provenientes de diferentes industrias hace insoportable la vida de sus vecinos. Muchas especies animales de nuestra rica biodiversidad están extinguiéndose. El recurso pesquero es cada vez más escaso.
¿Por qué se dan esos problemas a pesar de la gran cantidad de regulaciones, de las innumerables instituciones del estado que velan por los recursos naturales y a pesar de que éste es el dueño de muchos de esos recursos?
Por un lado, porque el estado ha intervenido en nuestras vidas asumiendo una serie de funciones ilegítimas, como la de dirigir la economía del país. Es así como en la década de los setenta, cuando el Banco Central era el "nervio y motor de la economía nacional", se decidió subsidiar la ganadería extensiva, mientras al mismo tiempo existían serias barreras al comercio de la madera, lo que redundaba en una disminución del valor del bosque. El incentivo creado por el estado era para sustituir bosque por ganado. Para agravar dicha situación los bancos estatales –los únicos que existían en esa época debido al monopolio estatal- consideraban que una finca con árboles tenía mucho menos valor que una sin éstos, para efectos de las garantías bancarias. Inclusive llegaron a prestar dinero para hacerle mejoras a las fincas, entendiendo por mejora la tala de los árboles. En la últimas dos décadas, para subsanar aquellas distorsiones el estado creó otra: los Certificados de Abono Forestal, que significan una transferencia que somos obligados a realizar todos los costarricenses a unos cuantos por reforestar sus tierras. ¿Cuánto bosque existiría hoy si el estado no hubiera intervenido cambiando las señales del mercado? ¿Cuánto nos hubiéramos ahorrado si el estado no hubiera asumido esas funciones ilegítimas?
Por otro lado, el estado es permisivo consigo mismo o con ciertas actividades económicas que contaminan. Varios ejemplos sirven de ilustración: vertimiento de las aguas negras del Gran Área Metropolitana directamente a los ríos sin ningún tipo de tratamiento, por parte de las municipalidades respectivas; existencia de botaderos municipales a cielo abierto y en laderas que colindan con ríos; manejo desastroso durante décadas del botadero de Río Azul; operación de beneficios de café que durante décadas han vertido sus desechos a los ríos; industrias que contaminan el aire de vecinos de ciertos barrios; establecimientos de entretenimiento nocturno que contaminan con ruido el área donde operan. En estos casos, ¿cuánto hubiéramos mejorado nuestra calidad de vida en relación con un ambiente no contaminado, si el estado hubiera asumido sus funciones legítimas? Lamentablemente, en lugar de ser un colaborador en la defensa de los derechos de los individuos, el estado se ha convertido en un violador de derechos y en cómplice por omisión de violadores de derechos de los habitantes del país.
Otra de las explicaciones del deterioro ambiental tiene que ver con la
naturaleza humana. Para la mayoría de las personas vale más su jardín que
todos los bosques del mundo. Reaccionamos a veces hasta con furia si alguien
tira basura en nuestro jardín, mientras que al enterarnos que un bosque
primario fue arrasado no pasamos de apenarnos. Eso muestra la diferencia entre
mi jardín y la propiedad pública, que al ser de todos no es de nadie y por eso
nadie la cuida. Lo que es propio, su dueño está dispuesto a conservarlo o
mejorarlo, porque tiene la seguridad de su goce o de su aumento en valor. El
sistema comunal o colectivo del uso de recursos naturales resulta en la
sobreutilización y el abuso, porque las personas aprovechan lo que es de nadie
antes que otros lo hagan. Esa es una de las causas de la sobreexplotación de
los recursos pesqueros o de la contaminación de los ríos y del aire.
Los enormes desastres ecológicos descubiertos en el antiguo bloque soviético, que no permitía la propiedad privada, claramente han demostrado que los peores problemas de contaminación a menudo ocurren cuando los derechos a la propiedad privada no son reconocidos y cuando se pone en manos del estado el control de los recursos naturales. Esta debería ser una lección para los que piden un control centralizado del estado para "proteger" el ambiente.
Por todo lo anterior, es que los libertarios sostenemos que la solución principal a los problemas ambientales es, por un lado, concentrar al estado en sus funciones básicas, como lo son velar por el respeto al estado de derecho a través de una policía eficiente y efectiva, así como proveer un muy buen sistema de administración de justicia (no como el que tenemos hoy); y, por otro lado, afirmar, defender y ampliar el derecho a la propiedad, con su garantía de que los recursos serán cuidados hoy y mañana.
En relación con este último punto, no podemos pasar por alto que a nuestro alrededor se ven los beneficios de la "domesticación" de plantas y animales, lo que no es otra cosa que, en términos populares hoy, la "privatización" de los recursos naturales. Aquellas especies que el ser humano ha descubierto que pueden hacer su vida más satisfactoria no sólo han sido mejoradas con sus manos e inteligencia, sino que han sido multiplicadas, como las gallinas, vacas, avestruces, cerdos, iguanas, tilapias, etcétera. Ninguna de ellas corre peligro de extinción y el interés de sus dueños asegura que aumenten y mejoren. Lo mismo sucede con las especies de plantas, que son cuidadas contra plagas y enfermedades, que son mejoradas genéticamente y que son cultivadas sistemáticamente. Así, por ejemplo, si se facilitara la cría de lapas para su exportación habría abundancia de ellas en vez de tenerlas en peligro de extinción.
Otro ejemplo lo tenemos en las múltiples organizaciones privadas alrededor del mundo que operan con éxito muchas reservas naturales de millones de hectáreas, ya sea por ser ellas mismas las propietarias de esas reservas o porque venden servicios muy eficientes y efectivos de administración de áreas protegidas estatales. El turismo ecológico nos ha mostrado que puede ser muy buen negocio cuidar y fortalecer la naturaleza y desarrollar su propia zona privada de naturaleza.
También la libre competencia tiene su papel en la conservación de los recursos naturales. A lo largo de décadas, las empresas han mejorado sus técnicas, han procurado disminuir los costos de materia prima y han mejorado sus materiales, en un proceso continuo que va eliminando procesos contaminantes ineficientes para substituirlos por procesos de producción más seguros y más acordes con nuestra ecología.
Por otra parte, para garantizar el pleno derecho a la propiedad, es necesario evitar que haya personas inescrupulosas que dañen los bienes del otro y peor aun si amenazan su vida. Por eso es necesario garantizar que nuestras leyes protejan la vida, cuerpo y propiedad de cada persona contra la contaminación, incluso cuando sean entidades del estado las que la realicen. La contaminación viola los derechos individuales, y los responsables deben pagar por sus acciones.
El Movimiento Libertario considera que la propiedad privada hace que las personas se interesen en proteger, preservar, conservar y hasta multiplicar los bienes naturales que son útiles. Los problemas de la conservación, imposibles de resolver para el estado, se vuelven dóciles cuando se permite la libertad y la propiedad privada, que con su sistema de ganancias incentiva a poner toda la inteligencia en preservar y aumentar los recursos naturales que nos pertenecen. Cualquier esfuerzo de limitar, restringir y reducir la propiedad privada de los recursos naturales, aunque sea bien intencionado, sólo empeora el problema, como lo hace la intervención estatal en todas las áreas de la vida humana.