En la mayoría de nuestros campesinos e indígenas hablar de “el corredor” provoca reacciones iguales o similares a las generadas en el pasado al referirse a los parques nacionales o reservas de protección estatal. ¿Por qué, si su conceptualización es clara? -dirán algunos tomadores de decisiones. ¿Por qué, si debemos promoverlo para proteger la riqueza en biodiversidad? -diremos algunos científicos. ¿Por qué, si estamos pensando en el desarrollo sostenible? -dirá una gran mayoría.

El principal problema radica en el enfoque. Estamos cometiendo los mismos errores del pasado al asumir que estos conceptos elaborados desde arriba significan lo mismo, están claros para todos y tienen sentido en la cotidianidad de las personas que habitan la mayor parte de las áreas que han sido declaradas de interés para vincular el corredor. Esto evidentemente no es cierto, y en la región nos encontramos tantas visiones como comunidades y grupos involucrados existen.

Por ejemplo, para muchos técnicos el hecho de que no existan comunidades dentro del área del corredor podría implicar que no se presenten conflictos socioambientales, sin considerar que las relaciones que los usuarios locales tienen con los recursos naturales superan los límites geográficos de sus fincas o parcelas. En este caso, de manera incorrecta se presupone que vivir cerca de un futuro corredor no es vivir en el corredor.

Muchas comunidades rurales consideran una amenaza estar dentro de las áreas vinculadas al corredor, debido a que lo asocian con un área silvestre protegida y, por ende, lo ven como un posible factor de pérdida de su tierra o de su derecho al uso. Esto aun cuando, de manera acertada, el enfoque del Corredor Biológico Mesoamericano se ha venido sustentando en la idea de que los seres humanos tienen derecho al uso de los recursos de la biodiversidad para lograr un nivel de vida adecuado, y promete ser un proceso fundamentado en los principios de equidad y justicia, de enfoque de género, de respeto a la diversidad cultural y a la sostenibilidad ambiental en el largo plazo.

Sobre ello hay -entre varios posibles- un buen ejemplo: en el corredor biológico del Atlántico de Costa Rica el derecho a la participación local en el problema de la exploración petrolera ha sido respetado y los técnicos y directivos del proyecto de corredor han estimulado la opinión de las personas.

Pero la prioridad de la región mesoamericana es, más que la consolidación de un corredor biológico, la vinculación integral de los asuntos biológicos, sociales, culturales y económicos. Los indicadores de fragmentación biológica, social y económica de la región son claros y evidencian el alto grado de vulnerabilidad existente en la región (véase cuadro).

Fragmentación biológica

Fragmentación social

Fragmentación económica

 

Extinción de especies y ecosistemas.

Inseguridad alimentaria

Vulnerabilidad de las economías locales

Alteración microclimática

Pérdida de formas y prácticas de vida

Disminución de las alternativas productivas

Alteración de los ciclos vitales (suelo, agua, aire)

Pérdida de identidad

Homogenización de la economía local

Aislamiento genético, invasión de especies

Pérdida de confianza en capacidades locales

Pérdida en la relación con otras economías

Ruptura del paisaje y vulnerabilidad

Desarraigo geográfico y cultural

Valoración de los recursos estrictamente economicista

  Es evidente que para avanzar hacia la consolidación de un corredor que respete la filosofía del desarrollo sostenible deberemos considerar y fortalecer no sólo el capital natural regional (plantas, animales, microorganismos, genes, ecosistemas; servicios como regulación de los regímenes de agua y clima, formación y tratamiento del suelo, ciclo de nutrientes, control biológico, tratamiento de desechos [Pretty 1998]), sino también el capital social (las capacidades humanas para el desarrollo socioproductivo, el mejoramiento de la calidad de vida, etcétera [Pretty 1998]); ambos capitales, juntos, proveen las bases para el crecimiento económico y el bienestar humano.

Para la consolidación del Corredor Biológico Mesoamericano urge entonces la vinculación de esfuerzos regionales, nacionales y locales en el afianzamiento del avance social, económico y ambiental integrados. Se debe pasar del discurso del desarrollo sostenible a la práctica, consolidando mecanismos de conservación más justos, equitativos, democráticos y participativos, más horizontales, legítimos y transparentes. Esta visión más holística es la única alternativa para que el desarrollo de la región se fortalezca de la mano de la conservación ambiental, para lo cual son necesarias y urgentes tres acciones:

Conservación de la biodiversidad, promoviendo acciones que reduzcan el riesgo de la disminución de especies y erosión genética de la región. Para esto (1) debe desarrollarse esfuerzos regionales orientados a disminuir el riesgo de extinción de las especies más vulnerables, analizando si se dispone o no de evidencia científica para demostrar los beneficios potenciales de los corredores. Además, (2) debe realizarse investigación aplicada en la región sobre el tema de especies invasoras y su impacto a nivel ecosistémico. Asimismo, (3) el tema de la biodiversidad agrícola ha de incorporarse a las discusiones y proyectos de corredor biológico a nivel nacional y de la región.

Reconocimiento de la multietnicidad y la pluriculturalidad de la región mesoamericana, incluyendo una perspectiva de género que permita la articulación conceptual y práctica de las diversidades biológica y cultural. Para esto (1) hay que establecer normas de acceso a los recursos genéticos y bioquímicos de la región asegurando una justa y equitativa distribución de beneficios derivados de su uso. Además, (2) se debe respetar y reconocer efectivamente los derechos de los pueblos indígenas y campesinos en las áreas de corredor (principalmente los derechos a sus territorios y a la tierra). Asimismo, (3) hay que desarrollar acciones orientadas a la conservación de formas de vida tradicional y del conocimiento tradicional en las áreas de corredor. También (4) hay que realizar actividades en función de la conservación y la educación ambiental que partan de las necesidades particulares de los diversos grupos: jóvenes, niños y ancianos, de manera que se fortalezca el orgullo y la autoestima local. Finalmente, (5) debe reconocerse y valorarse el potencial de los pobladores locales para la transmisión de sus conocimientos y experiencias a través de intercambios comunitarios horizontales y la formación de redes y alianzas solidarias.

Desarrollo de una gestión ambiental participativa y descentralizada a todos los niveles, que clarifique los papeles y las competencias de los diversos actores que participan en la gestión ambiental. Para esto (1) hay que desarrollar y sistematizar mecanismos de información y resolución de conflictos que permitan el rescate y la confianza en un proyecto común. También (2) establecer sistemas y metodologías de planificación, evaluación y monitoreo que incorporen a los diferentes actores a nivel local,  asegurando la incorporación de sus aportes para el mejoramiento de las iniciativas propuestas. Asimismo, (3) se debe desarrollar prácticas de co-manejo establecidas en los espacios protegidos dentro de las áreas de corredor propuestas. Además, (4) hay que sistematizar y divulgar experiencias de conservación de la biodiversidad con enfoque de género y participación que aporten a la generación de políticas más eficaces y eficientes. Igualmente, (5) debe haber capacitación y participación directa de las comunidades en la presentación y negociación de propuestas para la conservación y el desarrollo humano, fortaleciendo la capacidad autogestionaria y la visión de futuro. Y finalmente, (6) debe establecerse instancias locales que integren los distintos sectores de la sociedad en la toma de decisiones sobre las acciones a realizar en el Corredor Biológico.

El Corredor Biológico Mesoamericano tiene la ineludible tarea de orientar acciones hacia un desarrollo socio-productivo más sostenible, hacia la seguridad alimenticia en la región y la valorización -o justa apreciación- de los conocimientos de las comunidades locales, hacia el mejoramiento de la participación de la gente en la toma de decisiones referentes a su desarrollo y hacia la reducción de la fragmentación social a través del establecimiento de alianzas entre los grupos y sectores de interés. La voluntad para esto existe, lo que falta es llevar las ideas a la práctica y ser consecuentes con el discurso.


Las autoras son, respectivamente, gerente de la Cooperativa  Autogestionaria de Servicios Profesionales para la Solidaridad Social (CoopeSol i Dar RL) y oficial de proyectos de género y ambiente de Hivos.  

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