
Corredores
biológicos son extensiones geográficas, continentales o marinas, cuya función
es interconectar áreas para facilitar la dispersión de flora y fauna y proveer
las condiciones naturales que aseguren la conservación de las mismas. Hábitats
esenciales son los ecosistemas (a) utilizados por la biota al menos en una etapa
crítica de su ontogenia (huevo, larva, juvenil o adulto), (b) los que son lugar
de una significativa combinación de características abióticas (hidrología,
climatología, oceanografía, geología y geomorfología) y bióticas (alta
biodiversidad, productividad), (c) los de gran complejidad estructural (cantidad
de nichos sujetos de colonización) y (d) los que favorecen la reproducción,
apareamiento, alimentación y protección.
En
Costa Rica, por ejemplo, algunos ambientes que por las anteriores características
pueden ser considerados hábitats esenciales son el Golfo de Nicoya (uno de los
estuarios tropicales más productivos del mundo), el Golfo Dulce, los canales de
Tortuguero, los arrecifes de coral de Cahuita y Manzanillo y la Laguna de
Gandoca. Estos ecosistemas representan estaciones de descanso, alimentación,
refugio, apareamiento y reproducción de poblaciones de peces, crustáceos,
moluscos, aves y mamíferos acuáticos, cuyos patrones etológicos incluyen
migraciones espaciales y temporales. Estos hábitats esenciales son corredores
marinos que funcionan como trampolines interconectando ecosistemas a lo largo de
ambas costas centroamericanas. Los pastos marinos (Thalassia sp.) y los
arrecifes coralinos de los cayos del Caribe hondureño y nicaragüense son
lugares de protección, crecimiento y alimentación de tortugas (Chelonia
mydas), langostas (Panulirus argus), robalos (Centropomus
paralellus), sábalos (Tarpon atlanticus) y gaspares (Atractostues
tropicus), especies que, cumpliendo con una fase de su historia de vida,
llegan a reproducirse al Caribe costarricense (desde la Barra del Colorado hasta
Gandoca) y panameño (costas de Bocas del Toro e isla Bastimento). Por otro
lado, el Golfo de Fonseca, el afloramiento de Papagayo, el Golfo Dulce y la
surgencia de Panamá representan hábitats y corredores marinos para especies
transzonales y migratorias, como los tiburones (Carcharhinus sp, Mustelus
sp. y Sphyrna sp.), marlín (Makaira sp.), pez vela (Istiophorus
sp.), pez espada (Xiphias sp.), atún (Thunnus), delfín nariz de
botella (Tursiops sp.) e inclusive ballena jorobada (Megaptera
novaeangliae).
Con
excepción de las tortugas, los delfines y las ballenas, las demás representan
grupos de importancia comercial, lo que plantea la necesidad conservarlas, función
que desempeñan los corredores marinos.
Amenazas
Geológicamente,
los países del istmo centroamericano comparten una historia similar. La formación
de pasos marinos, puentes terrestres y amplios golfos ha consolidado una red de
hábitats costero-marinos (bosques de manglar, playas fangosas, arenosas,
ensenadas, barras, arrecifes de coral, islas, lagunas costeras y pastos
marinos), que, aunque mayoritariamente se encuentran separados por cientos de
kilómetros, dan lugar a una conectividad natural que favorece las cadenas tróficas,
la oferta alimentaria y la migración de larvas y juveniles.
Sin
embargo, esta misma conectividad natural puede convertirse en una amenaza por el
efecto sinergético (efecto bola de nieve) que puede gatillarse y expandirse al
perturbar su equilibrio. El problema recrudece cuando consideramos la
sobrepesca, la contaminación por hidrocarburos, las muertes masivas por tóxicos,
los plaguicidas, la expansión de la frontera agrícola, el blanqueo de
arrecifes, la extracción de arena, los cambios de salinidad por vertidos de
aguas servidas y aguas negras, la modificación de la línea costera por
construcciones de obras (hoteles, puentes, etcétera), la colmatación de
manglares y lagunas costeras y pérdida de diversidad debido a alteraciones en
las cadenas tróficas. Como si lo anterior fuera poco, no podemos omitir que
existen taxones con estrategias de vida extremadamente vulnerables, es decir,
una estrecha relación población-reclutamiento, incapaces de soportar una presión
de pesca sostenida, longevos, lento crecimiento, ciclos reproductivos extensos,
delimitadas épocas y zonas de apareamiento y crianza, madurez sexual tardía,
bajo número de crías y alta mortalidad natural.
Restricciones
ecológicas:
Aunque
la conectividad de los hábitats esenciales también es una fortaleza para
establecer pautas de conservación y manejo, existen restricciones ecológicas
que debe considerarse: (1) La extinción local de una población intermedia genéticamente
se traduce en pérdida de variabilidad, un inevitable cuello de botella, la
deriva génica y posterior extinción de las poblaciones periféricas.
(2) La colonización por larvas o juveniles es un factor exógeno a los hábitats
esenciales y depende exclusivamente de los patrones de migración que han sido
acoplados a los sistemas de corrientes locales que fluyen tanto en el Pacífico
oriental como en el Caribe; cualquier alteración (contaminación, sobrepesca,
etcétera) de estos patrones puede significar la ausencia de estados tempranos o
abundancia de especímenes adultos. (3) La conservación de especies sombrilla o
especies carismáticas (delfines, vacas marinas, ballenas) no siempre significa
bienestar para el resto de la biota.
No
se puede aplicar recetas de manejo, que han probado ser efectivas con estos
grupos. Debe procurarse el manejo ecosistémico más que el específico mediante
el estudio de los requerimientos de las especies.
Apreciaciones
finales
Aunque
la discusión parece sombría, los hábitats esenciales y corredores biológicos
son unidades de conservación que debemos integrar en los planes de manejo. De
igual forma como existen diferentes categorías de protección de biotopos
terrestres (parques, reservas, refugios, etcétera), debe incentivarse la creación
de una nueva categoría que trascienda los límites geopolíticos regionales y
avance hacia una agenda de manejo y conservación ambiental centroamericana. Se
busca una estrategia que permita el manejo costero integrado mediante la educación
marina, el desarrollo de investigaciones sobre el estado de los recursos objeto
de extracción, el análisis social y económico de las familias que viven de
estos corredores y sobre todo un plan que promueva nuevas alternativas
laborales. Reducir la presión que se está ejerciendo sobre los hábitats
esenciales permitirá consolidar, por ejemplo, un verdadero corredor biológico
mesoamericano, en donde los hábitats terrestres se complementen con los marinos
en cuanto a conservación y manejo
Recomendaciones
Para la conservación de hábitats esenciales y manejo de corredores biológicos debe considerarse: (a) la representatividad de los tipos de hábitat existentes, ya que los esfuerzos de conservación se optimizan cuando hay una combinación de ambientes (manglares, playas, etcétera); (b) la determinación de los patrones de distribución (endemismo, disyunción o cosmopolitismo) de la biota; (c) el estatus de conservación de las especies que reside en un hábitat esencial, es decir taxones en vías de extinción, vulnerables o con poblaciones reducidas; (e) la inclusión de los principios de la biogeografía de islas en lo que se refiere a tasas de migración, inmigración, muerte y nacimiento; (f) la definición de parámetros ecológicos como área, heterogeneidad y dinámica de parches, efecto de borde, conectividad y zonas de amortiguamiento, y (e) la inclusión de oceanografía satelitaria, sistemas de información geográfica, manejo costero integrado, legislación marina y convención sobre la biodiversidad -entre otros.
El autor, biólogo, es consultor en manejo de recursos naturales.