Desde hace mucho tiempo leo y me aprendo de memoria muchos de los poemas de Nietzsche por lo bellos que son. Los considero grandes obras que hay que tener presentes en nuestro tiempo. Muchas veces son terribles, pero siempre hermosos y profundos.

No quiero entrar en un duelo con Nietzsche -eso sería demasiado nietzscheano: uno de los problemas de Nietzsche es precisamente que se siente todo el tiempo en duelos...

Leo a Nietzsche desde mi juventud y no hay muchos autores a los que haya leído tanto, pero siempre tuve una relación ambivalente con él. Por un lado la gran fascinación que ejerce, por el otro el horror que me produce. Para mí lo fascinante de él siempre ha estado vinculado con lo horroroso que es. El año pasado, que se recordaba los 100 años de su muerte, seguí mucho los comentarios y artículos que aparecieron -sobre todo en Alemania. Me sorprendió que el horror que produce no apareceriera ni una sola vez.

Desde el golpe militar en Chile he seguido los grandes textos que acompañan los genocidios de Occidente. Siempre se repite algo parecido. Cicerone, el gran filósofo con su estilo incomparable en latín, escribe un llamado al genocidio igualmente incomparable. Lo hace en sus discursos anticatilinarios. Sin embargo, se lo celebra como el hombre de gran cultura que efectivamente fue. Pero el horror de los anticatilinarios no se menciona.

Bernardo de Claraval es un gran místico con una mística fina y conmovedora. Sin embargo, en toda la historia no hay ni un escritor cristiano tan bárbaro y espeluznante como él con su prédica de las Cruzadas, toda la cual es un gran llamado al genocidio. ¿Un santo? Ciertamente, pero santo y bestia. Los historiadores suelen no hablar de eso. Lo celebran como místico y estadista.

Lutero se hace presente con su llamado en nombre de la libertad del cristiano. ¿Quién no va a sentir la grandeza de este llamado? Sin embargo, en contra de los campesinos alemanes levantados escribe su Contra las hordas ladronas y asesinas de los campesinos, otro llamado al genocidio, en el que es llamativo el hecho de que está claramente inspirado en la prédica de las Cruzadas de Bernardo de Claraval, muchas veces textualmente.

En la Modernidad hay dos autores que más brutalmente siguen en esta línea y que posiblemente superan a todos los anteriores: John Locke y Nietzsche.

A Locke todo el mundo lo celebra como el padre de los derechos humanos y la democracia, como hombre de la libertad. Sin embargo, su Segundo tratado sobre el gobierno civil es un formidable llamado al genocidio de todo el mundo. Dice sencillamente a nuestra burguesía que puede matar como bestia salvaje a cualquier que se le ponga en el camino.

Nietzsche habla de la libertad, es genio y poeta. Pero habla con desprecio incomparable de todo el mundo, que no considera a su altura -su altura de aristocracia pretendida. Considera a todos "malparados", "parias". Y con la misma sutileza con que escribe sus bellas poesías llama a destruirlos. Se dice muchas veces que no se trata de los pobres en el sentido de Gustavo Gutiérrez, el gran teólogo de la liberación. Considero eso un error. Nietzsche se dirige a los pobres, y me parece que no puede haber ninguna duda. Lo dice sobre todo en los textos sobre el nihilismo, publicados después de su muerte con el título de La voluntad del poder, pero toda su obra está atravesada por esta actitud.

Hay un fascinosum que inspira horror. El fascinosum se vincula con el tremendum. Acompaña a Occidente en toda su historia. Pero es precisamente Nietzsche quien nos obliga a verlo y también a responder.

Yo, personalmente, no puedo leer a Nietzsche sin recordar el nazismo. Tenía 14 años cuando cayó este régimen. Era suficiente para recordar las frases con las cuales nos trataron como niños. ¿Tienen los nietzscheanos presente cuántas son? Me suben del inconsciente cuando leo estos textos. Me revientan desde adentro. Por todos lados andaban las citas de Nietzsche sin que haya aparecido explícitamente la fuente. Solamente con la lectura de Nietzsche me di cuenta.

Se suele decir que los nazis comprendieron mal a Nietzsche. Yo no considero eso un argumento válido, que en el fondo no hace más que negar la responsabilidad (¿moral?) de Nietzsche por los usos y abusos que se hizo de sus textos. Pero no se trata de un juicio moral, se trata de un juicio histórico.

Yo no tengo ninguna duda de que Nietzsche jamás habría aceptado el uso que se hizo de sus textos. ¿Cómo iba a aguantar a los nazis si ni soportaba a Bismarck? Un hombre tan fino como él jamás aceptaría eso. Pero en una evaluación histórica no se trata de eso, sino de explicar el hecho de que el pensamiento de Nietzsche se podía usar en función del nazismo. No tiene ninguna importancia considerar eso un abuso e inclusive una falsificación. No estamos juzgando las intenciones de Nietzsche. Tampoco estamos contestando la pregunta -hipotética- de si él hubiera, dado el caso, aceptado el nazismo.

Para aclarar el punto hago la pregunta al revés. ¿A qué pensador anterior al nazismo los nazis podrían haber usado tan contundentemente como a Nietzsche? No se me ocurre ninguno. Lo intentaron con muchos pero el uso resultó siempre marginal. El hombre fáustico de Goethe, el deber de Kant, el espíritu del mundo de Hegel: estas cosas no dieron más que para referencias  aisladas. Con Nietzsche fue diferente. Se prestó para producir toda una visión del mundo correspondiente a la ideología nazi, como hoy se presta para la ideología de la estrategia de globalización.

Tampoco podían usar a Locke, porque aunque el suyo fuera un pensamiento bastante asesino no cuadraba con lo que era el nazismo. El estalinismo sí usó (¿o abusó?) a Locke: véanse los discursos de Vishinski, el fiscal de las purgas estalinianas en los años treinta. En general se puede afirmar que a los nazis no servían gran cosa los pensamientos de inspiración racionalista. Pero Nietzsche había renunciado a eso.

El pensamiento de Nietzsche tenía las aperturas que otros pensamientos no tenían, y para un juicio histórico éste es el punto. Considero por tanto bastante irrelevante -para este juicio- si los nazis comprendieron bien a Nietzsche o no. Se dieron cuenta que el pensamiento de éste era aprovechable para sus propósitos de una manera superior a cualquier otro pensamiento conocido. A ellos no les importaba comprender bien a Nietzsche, sino que éste era el pensador a quien podían usar (y quizás abusar) mejor. Y éste es el único juicio sensato sobre Nietzsche en referencia al nazismo. Y para hacer este juicio no hace falta saber mayor cosa sobre las intenciones que Nietzsche tuvo al escribir. Sus textos fueron un arsenal perfecto para las armas ideológicas de la muerte que el nazismo necesitaba.

Hay textos que tienen aperturas que el autor no procura ni sospecha, y ellas hacen historia. Cada texto tiene su historia propia, por lo que muchas veces no cabe un juicio moral pero sí uno histórico. Hay textos que marcan categorías del pensamiento y de la acción, aunque el autor no lo quiera. Concentrar nuestra atención en lo que querría el autor nos impide entender la historia y sus dimensiones de apertura. Una vez escrito, el texto tiene su propia historia, que es parte de la historia de la humanidad, y el autor ya no puede reclamar propiedad sobre aquél (aunque tenga el copyright), porque la historia no la podemos dominar. El texto significa lo que significa y no lo que el autor querría significar; el texto se escapa al autor.

En la literatura sobre Nietzsche, que ciertamente no conozco a fondo, encuentro poco análisis al respecto. En los libros de Kaufman –hoy, entre los más leídos- sólo hay apología de las buenas intenciones de Nietzsche. Por ser un pensador multifacético Nietzsche fue usado (¿y abusado?) por el nazismo y por los ideólogos de la actual estrategia de globalización, y también ha sido usado con la intención de alguna emancipación humana, la cual, verdaderamente, es imposible sacar de él. En él solamente podría apoyarse una emancipación contra todo humano, que a la postre consistiría en una brutalidad desenfrenada. Heidegger –excepcionalmente entre los intérpretes de Nietzsche- ve eso muy bien: habla de la rationalitas en la animalitas como esencia del superhombre.

Yo no pretendo saber la verdad sobre Nietzsche y creo que la pregunta sobre ésta no tiene mucho sentido. Pero considero que él se identifica con la Modernidad como la estamos viviendo. No estoy contra de la Modernidad ni sé cómo realistamente se podría estar. Nietzsche es esa Modernidad in extremis que hoy pretende ser postmodernidad. Y sí estoy en contra de este in extremis. Lo tuvimos con el nazismo y lo tenemos hoy con la ideología de la globalización. Lo que nos hace falta es llevar la Modernidad de su extremo a la capacidad de sobrevivir, lo cual significa ir más allá de Nietzsche –representante de la Modernidad en sus extremos. Con él no se puede enfrentar este extremo, sino solamente aceptarlo y llevarlo a sus consecuencias más extremas. El extremo que Nietzsche considera libertad yo lo llamo suicidio.

 

 

 

 

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