En 1997, los presidentes centroamericanos definieron el Corredor Biológico Mesoamericano (CBM) como “Un sistema de ordenamiento territorial compuesto de áreas naturales bajo regímenes de administración especial, zonas núcleo, de amortiguamiento, de usos múltiples y áreas de interconexión, organizado y consolidado que brinda un conjunto de bienes y servicios ambientales a la sociedad centroamericana y mundial, proporcionando los espacios de concertación social para promover la inversión en el uso sostenible de los recursos naturales con el fin de contribuir a mejorar la vida de los habitantes de la región”.

Dos años después, en el Área de Conservación Guanacaste, representantes de organizaciones y de instituciones gubernamentales presentes en la zona prioritaria La Cruz-Rivas (prioritaria por ser un sector fronterizo) decidimos aclarar algunos conceptos básicos a fin de entendernos mejor: Hábitat es el tipo de lugar donde normalmente vive un organismo, hay presencia de otras especies, y tiene ciertas características físicas y químicas. Fragmentación de hábitat es la degradación de hábitats -a causa de las actividades humanas- por reducción del área donde viven diferentes poblaciones de especies. Un hábitat fragmentado se asemeja a un océano con islas donde éstas serían los reductos de bosque original y las áreas degradadas el agua, no habiendo entre las islas conexión física y estando los organismos “atrapados” en ellas. El corredor biológico -concepto todavía en discusión que nace con la relativamente nueva biología de la conservación- une hábitats severamente fragmentados donde las poblaciones han quedado “aisladas”, y es muy importante porque ayuda a mantener flujos genéticos, dispersar, permitir migraciones (estacionalidad) y darle conectividad a los ecosistemas.

En pocos minutos de discusión nos dimos cuenta de que lo que habían definido los presidentes en 1997 era difícil -si no imposible- de conciliar con los términos y definiciones biológicas strictu sensu y la realidad de la región. En nuestra área prioritaria fronteriza, después de discutir durante casi un día y mucho pensar después, quedó diáfano que el CBM ha venido desarrollándose entre dos conceptos que tradicionalmente han sido antagónicos, lo que ha ocasionado falta de una visión clara sobre lo que realmente se quiere lograr. Se navega, pues, entre dos posiciones: el CBM debería ser un proyecto regional de desarrollo sostenible (desarrollador de alternativas socio-productivas amigables con la naturaleza para mejorar la calidad de vida de los habitantes de la región –sobre lo que tanto se ha dicho y tan poquito se ha hecho-), y el CBM debería ser estrictamente una iniciativa para interconectar áreas protegidas en Mesoamérica evitando la pérdida de biodiversidad –o, en otras palabras, proteger la biodiversidad.

No queda duda de que el verdadero arte será conciliar las dos posiciones, y algunos de nosotros no sólo creemos que se puede sino que tenemos pruebas de que son conciliables, pero no tratando de mezclarlas ni de bautizarlas con nombres confusos, sino definiendo muy bien lo que se quiere lograr en cada campo de acción.

Debe consolidarse áreas silvestres protegidas muy bien definidas, concebidas dentro de un contexto biológico, económico y social, con su propio juego de reglas. Y no me refiero aquí a conservación strictu sensu, sino a conservación y desarrollo de la biodiversidad con bioalfabetización, investigación, ecoturismo y, sobre todo, con personas comprometidas y con mística para manejar con inteligencia y conocimiento de causa la biodiversidad silvestre, todo en función del biodesarrollo para mejorar la calidad de vida de los habitantes de la región. Y fuera del área silvestre protegida debe funcionar el agropaisaje con su propio juego de reglas, desarrollando allí agricultura orgánica y proyectos sostenibles, mejorando cotidianamente las prácticas para no dañar el ambiente e incrementando la calidad de vida de los ciudadanos... Pero no nos engañemos creyendo que estamos conservando la biodiversidad.  


La autora. bióloga, es investigadora del Área de Conservación Guanacaste.

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