Por cientos de años las tortugas marinas han sido un recurso de gran importancia en los países de Centroamérica y el Caribe. Unos científicos calculan que cuando Cristóbal Colón llegó por primera vez a este mar había entre 16.104.000 y 585.948.000 tortugas verdes Chelonia mydas [Bjorndal, K. et al. “Twenty-six years of green turtle nesting at Tortuguero, Costa Rica: An encouraging trend”, en Conservation Biology 13(1), 1999], y otros incluso creen que había 660.000.000 [Jackson, J. “Reefs since Columbus”, en Coral Reefs 16, Suppl., 1997]; y también había poblaciones grandes de tortuga carey Eretmochelys imbricata [Meylan, A. y M. Donnelly. “Status justification for listing the hawksbill turtle (Eretmochelys imbricata) as Critically Endangered on the 1996 IUCN Red List of Threatened Animals”, en Chelonian Conservation and Biology 3(2), 1999]. Desafortunadamente, las tortugas marinas fueron perseguidas por los europeos por sus valiosos carne, grasa, huevos y caparazones. Antes de llegar la refrigeración, las tortugas constituían una de las únicas fuentes de carne fresca para los marineros que visitaban la región. Además, se exportaba tortugas vivas y productos de éstas a Europa y después a Estados Unidos y Japón con el fin de mantener los mercados de sopa de tortuga (hecha con la grasa corporal de la tortuga verde) y la concha de carey (tortoiseshell, en inglés; bekko, en japonés).

La caza de tortuga verde y tortuga carey era de gran importancia económica en los tiempos coloniales. Por ejemplo, se estima que en Belice la caza de tortugas marinas era la pesca colonial más importante durante 250 años [Smith, G., K. Eckert y J. Gibson. 1992. Sea Turtle Recovery Action Plan for Belize. CEP Technical Report Nº 18]. El uso intensivo de éstas no era sustentable y, una tras otra, las grandes poblaciones desovadoras de tortugas marinas disminuyeron: en las Islas Cayman, donde había poblaciones inmensas de ellas, después de siglos de sobreuso ya casi no queda ninguna desovando; en Playa Chiriquí –Panamá-, que posiblemente era uno de los lugares del Caribe más importantes para la tortuga carey, los patrullajes nocturnos de los “veladores” -recolectores de tortugas que venían a desovar- han dado como resultado una disminución casi total de la población (Meylan y Donnelly 1999). Meylan y Donnelly (1999) reportan que en los años cincuenta un “velador” podía capturar hasta 35-50 tortugas carey en una milla de playa en una sola noche, mientras que en los ochenta podía capturar nada más entre una y cinco. En Tortuguero -Costa Rica- se estima que la población de tortuga carey ha disminuido en 3,9 % anualmente desde 1956 [Troëng, S. En prensa. Decline of hawksbill turtles Eretmochelys imbricata in Caribbean Costa Rica. Proceedings of the 21st Annual Symposium on Sea Turtle Biology and Conservation. Philadelphia, USA].

Sin duda alguna, la disminución de tortugas marinas ha tenido un efecto en los ecosistemas marinos donde viven. La tortuga verde se alimenta de pasto marino o algas y es un elemento sumamente importante en este ecosistema. Sin ella el pasto dura un tiempo considerable en deshacerse y así convertirse en comida o nutrientes para otros animales y plantas, mientras que cuando aquélla existe el pasto pasa por su sistema digestivo y puede ser usado por animales y plantas en un plazo de algunos días [Bjorndal, K. “The consequences of herbivory for the life history pattern of the Caribbean green turtle, Chelonia mydas”, en Bjorndal, K. (ed.). 1995. Biology and Conservation of Sea Turtles]. Es posible que la presencia de tortugas verdes pueda aumentar la producción de especies de importancia comercial, como por ejemplo la langosta. La tortuga carey se alimenta principalmente de esponjas en los arrecifes coralinos y áreas rocosas [Meylan, A. “Spongivory in hawksbill turtles: a diet of glass”, en Science 239, 1988]. La depredación selectiva de algunas especies de esponjas permite que otras especies de esponjas, corales o algas puedan usar el espacio liberado cuando la carey se come las esponjas. Es posible que todo el ecosistema de los arrecifes coralinos haya cambiado con la disminución drástica de la carey (Jackson 1997).

Además, las tortugas marinas son importantes transportadoras de nutrientes. Se alimentan en ecosistemas marinos altamente productivos como los pastos marinos y los arrecifes coralinos, guardan esa energía y la depositan en las playas de anidación en forma de huevos. Estos huevos y los neonatos que resultan sirven como nutrientes para plantas [Bouchard, S. y K. Bjorndal. “Sea turtles as biological transporters of nutrients and energy from marine to terrestrial ecosystems”, en Ecology 81(8), 2000] y como comida para una gran cantidad de animales presentes en la playa y en la selva adyacente, como por ejemplo cangrejos, pizotes, mapaches, tayras y zopilotes. Sin las tortugas marinas se pierde el transporte de energía entre los hábitats marinos y terrestres pudiéndose afectar poblaciones de animales y plantas lejanas a los ecosistemas donde se alimentan aquéllas.

Después de años de sobreuso las tortugas verdes están clasificadas en el Libro Rojo de la UICN como en peligro de extinción, y las tortugas carey y baula como en peligro crítico de extinción. Sabemos la importancia ecológica que tienen las tortugas marinas, ¿pero cómo podemos reconciliar las necesidades de las comunidades costeras con la conservación de estos magníficos animales?

Un ejemplo de un uso alternativo se ha dado en Tortuguero, donde la pequeña comunidad humana allí existente usó las tortugas marinas de manera extractiva por muchos años. Pero a mediados de las años cincuenta se inició un programa de investigación y monitoreo de las tortugas verdes de la zona -que constituyen la población de tortugas verdes anidadoras más grande de las que quedan en el Atlántico y en el hemisferio occidental-, y en 1963 el Gobierno de Costa Rica, habiendo puesto atención a los resultados de la investigación, prohibió la recolección de huevos en la playa Tortuguero, y en 1969 prohibió la exportación de calipee (la grasa verde usada para la sopa de tortuga) y decidió que las tortugas verdes se podrían cazar para el mercado nacional solamente en instalaciones con permiso para realizar esa actividad. En 1975, se creó el Parque Nacional Tortuguero principalmente para proteger las tortugas y el bosque tropical muy húmedo, detrás de la playa. También, se prohibió la pesca de tortugas al frente de la playa de anidación. Sin embargo, se permitió que la comunidad de Tortuguero usara un número limitado de especímenes para su subsistencia y desde 1983 se permitió por decreto la caza de 1.800 tortugas verdes al año por parte de los pescadores de Limón.

En 1990, con cooperación de la organización no gubernamental Caribbean Conservation Corporation, del Servicio de Parques Nacionales y de la comunidad, se realizó el primer curso para guías turísticos en Tortuguero, que tuvo apenas 12 participantes de los que sólo ocho lo terminaron [Jacobsen, S. y R. Robles. “Ecotourism, sustainable development and conservation education: development of a tour guide training program in Tortuguero, Costa Rica”, en Environmental Management 16(6), 1992]. También se estableció un sistema que permitía que turistas pudieran observar en la playa el desove de las tortugas solamente si estaban acompañados por guías turísticos. Esta actividad ya se ha convertido en una de las fuentes de ingresos más importantes para la comunidad, y en el curso para promotores turísticos (guías) de 1999 participaron aproximadamente 150 personas. En 1993, se prohibió por completo la caza de tortugas en Tortuguero, ya que el aprovechamiento de la tortuga verde como atracción turística había llegado a un nivel muy importante. En 1999, la Sala Constitucional declaró con lugar un recurso de amparo contra el decreto que permitía la caza de 1.800 tortugas verdes debido a que la cuota no estaba basada en un estudio técnico y porque se sabía que la caza legal escondía una caza ilegal aun más grande. Desde entonces la tortuga verde ha sido completamente protegida en Costa Rica. Ahora el único uso extractivo de productos de tortugas marinas que se permite en el país es la recolección limitada de huevos de la tortuga lora (Lepidochelys olivacea) en la playa Ostional -costa pacífica-, donde miles de tortugas lora llegan a desovar en arribadas que duran algunos días. Ellas usan una parte pequeña de la playa y un alto porcentaje de los nidos depositados durante los primeros días de una arribada se pierden porque las tortugas que vienen más tarde los sacan para poner sus propios huevos. Por esa razón se permite la recolección de huevos durante los primeros días de cada arribada.

Hoy el turismo en Tortuguero para ver el desove de las tortugas marinas tiene un valor de por lo menos ¢1.598 millones anuales y ofrece trabajo a cientos de personas [ICT. 2000. Plan de desarrollo turístico de Limón. Instituto Costarricense de Turismo]. La conservación de las tortugas marinas en Tortuguero ha tenido resultados positivos y en un análisis reciente se estima que había más nidos de tortuga verde depositados en Tortuguero en los años noventa que en los setenta [Bjorndal, K., Bolten, A. y M. Chaloupka. 2000. “Green turtle somatic growth model: evidence for density dependence”, en Ecological Applications 10(1), 2000]. El ejemplo dado por los pobladores y guardaparques de Tortuguero nos ha enseñado que podemos proteger las tortugas marinas y al mismo tiempo asegurar ingresos a las comunidades costeras. Lo que debemos ahora hacer es reproducir este éxito en otros lugares de Centroamérica y el Caribe.


El autor, biólogo, es coordinador de investigación de Caribbean Conservation Corporation – Costa Rica.

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