Es normal que cuando se trata de recursos marinos en los que se piensa es en los vivos, o sea, en el producto que se extrae con fines comerciales o deportivos, que, junto con el combustible fósil, ha gozado de prioridad de consideración en el ámbito de los asuntos marinos. Pero el mar y las costas, y particularmente los nuestros, contienen otros recursos de omisa atención, o indebida consideración, que eventualmente podrían merecer una importante inversión alternativa. Este es el caso del recurso escénico, de los minerales del fondo oceánico y de la energía asociada a los procesos oceánicos, aún no incorporados del todo, o de manera integrada y rentable, a los planes de desarrollo nacionales.

Por estar nuestro país generosamente irrigado por agua dulce, hemos descartado las mareas como fuente energética, pero hoy en día, dada la creciente demanda del recurso hídrico y el avance de la tecnología, la no rentabilidad del negocio de producir electricidad a partir de las mareas pasa a  ser una verdad a medias.

El vaivén del agua de mar, o cíclico cambio de altura del nivel del agua, notorio en la mayoría de los sitios costeros, es el resultado de la interacción de la luna y el sol con nuestro planeta. Ese movimiento es predecible tanto en el tiempo como en el espacio y su ocurrencia puede ser anticipada con exactitud matemática, lo cual es en extremo fundamental a efectos de aprovechar la energía que tal vaivén -o, mejor, onda física- lleva asociada. No obstante, la forma clásica en que se ha aprovechado la energía de marea obliga a contar con rangos de marea grandes -superiores a los 5 m de diferencia entre marea alta y baja-, por ser la así llamada energía cinética vertical de marea la que se ha explotado comercialmente. Así, en sitios como La Rance -Francia-, la Bahía de Fundy –Canadá- y aun en el Mar de Cortés -México-, esta alternativa resulta rentable. En sitios como la costa pacífica de América Central el rango medio de marea hace que la rentabilidad de este tipo de inversión, según los procedimientos tradicionales, en principio sea baja.

Requisito para que las economías nacionales sean significativamente beneficiadas por los recursos marinos es contar con las tecnologías necesarias para una extracción o aprovechamiento rentables. En los últimos años, la compañía canadiense Blue Energy ha optimizado la así llamada Hidroturbina Davis, que aprovecha la energía cinética lateral de la marea [véase “Ocean Energy Technology. The Davis Hydro Turbine”, en Refocus, ISES, U.K., March 2001]. El diseño de esta turbina aprovecha la energía cinética de la marea como una fuerza lateral –horizontal- eliminando el requisito de contar con enormes represas verticales de agua, como sucede en los sitios anteriormente citados. Un sistema en serie de estas unidades, conocidas como turbinas de valla, es capaz de alcanzar factores de capacidad de hasta el 60%, contra el rango conocido de 20-40% correspondiente a los sistemas eólicos y fotovoltaicos solares.

Es conveniente anotar las ventajas intrínsecas a la utilización de la energía de marea mediante el uso de la turbina Davis: Energética: el agua de mar es 832 veces más densa que el aire, por lo que la energía cinética disponible en una corriente de 5 nudos es equivalente a una velocidad del viento de 270 km/hora o, lo que es lo mismo, 180 veces más potencia que la conseguible con tecnologías eólicas o solares. De predicción: debido a la exactitud matemática en el movimiento relativo de los astros, la turbina Davis genera electricidad consistente y predeciblemente. Ecológica: esta turbina genera electricidad sin emisión de gases de efecto invernadero, representa un riesgo mínimo para los pequeños seres vivos marinos y permite el libre movimiento de agua y fango. Económica: un factor de capacidad del 40-60% permite la rentabilidad de esta nueva opción prácticamente en cualquier mercado de nuestro planeta. De versatilidad: depende del agua en movimiento y no del rango de marea in situ, lo que hace el proceso viable para un número mucho mayor de sitios costeros. De madurez: al día de hoy es el resultado de más de dos décadas de investigación y desarrollo tecnológicos. De abundancia: la energía del océano es quizá el mayor recurso energético no explotado del planeta.

Si tomamos en cuenta los considerandos y cuantificaciones anteriores y pensamos en la creciente demanda de agua y electricidad por parte de una sociedad en progresión geométrica, y a ello sumamos la urgencia de tomar medidas drásticas en favor de una preservación del orden natural y de la calidad de vida de los seres humanos -especialmente los del ámbito marino, donde a juicio de los entendidos está el futuro de la humanidad-, vemos cómo la energía del mar se torna no sólo en una alternativa viable desde el punto de vista económico sino, sobre todo, en el contexto de la formulación de planes de desarrollo sostenible, por brindar opciones factibles para esos sectores poblacionales costeros que en los países en desarrollo constituyen el perímetro demográfico de mayor modestia económica.


El autor, oceanógrafo, es director del Laboratorio de Oceanografía y Manejo Costero de la Universidad Nacional, al cual pertenece aquel Servicio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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