
El borde este del Pacífico Tropical Oriental, entre 5º N y 17º N,
entre noviembre y mayo está sujeto a muy intensos afloramientos inducidos por
el viento en tres partes del istmo centroamericano: el Golfo de Tehuantepec -México-,
el Golfo de Papagayo -en el límite entre Nicaragua y Costa Rica- y el Golfo de
Panamá. La cadena montañosa mesoamericana, cuya altura media es de 2.500 m, en
dichos sectores tiene cortes que bajan su relieve a menos de 600 m.,
consecuentando esto eventos eólicos a los que el océano
responde muy rápidamente con descensos de su temperatura superficial de hasta
10° C en un día. Los vientos alisios que generan los eventos de
Papagayo y Panamá [Chelton,
D. B., M. H. Freilich y S. K. Esbensen. “Satellite observations of
the wind jets off the Pacific coast of Central America…” (partes
I y II), en Mon. Wea. Rev., 128, 2000]
ocasionan una mezcla turbulenta de aguas en las capas superficiales del océano
y un fuerte transporte en la dirección del viento; chorros muy energéticos del
orden de 1m s-1 advectan aguas frías desde la costa y hasta cientos
de kilómetros mar afuera -en Panamá, por ejemplo, los parches fríos y de alta
productividad se extienden hasta las Galápagos. La generación de remolinos
anticiclónicos de 100 a 350 km de diámetro que se trasladan hacia el oeste con
velocidades de 10-20 cm s-1, y hacia el sur a 1-3 cm s-1,
son las características más llamativas de Tehuantepec y Papagayo [Ballestero
D. y E. Coen. “The generation of squirts and eddies in the gulf of Papagayo, Costa
Rica”, en International Journal of Remote Sensing (en prensa)]. Los mencionados afloramientos de aguas
enriquecidas de nutrientes y dióxido de carbono se extienden desde las costas
mesoamericanas hasta más allá de la longitud 100 W.
Entre diciembre-1997 y mayo-1998, es decir, durante El Niño,
a pesar de que los alisios del este generaron los eventos de Papagayo y Panamá,
los florecimientos de clorofila-a fueron muy débiles (véase figura 1), porque
como durante El Niño la termoclina se profundiza, las aguas afloradas eran de
temperaturas más elevadas. Sin embargo, entre diciembre-1998 y mayo-1999 se
observaron florecimientos importantes de clorofila-a muy por encima del
promedio, llamando particularmente la atención las grandes extensión y
concentración de clorofila-a en marzo y abril de 1999 en las zonas de Papagayo
y Panamá.
Como durante La Niña se da un enfriamiento de las aguas oceánicas y la
termoclina se encuentra a una menor profundidad, en febrero de 1999 la
temperatura superficial permanecía un grado centígrado por debajo de lo normal
en el Pacífico Ecuatorial (entre los 170° E y 90° W), lo cual era acompañado
por alisios fuertes del este de bajo nivel y reducidas precipitaciones. Las
temperaturas subsuperficiales a lo largo del ecuador se mantuvieron entonces
acordes a un patrón típico de la fase madura de los episodios fríos (Niñas),
con anomalías positivas en el Pacífico Occidental y negativas en el extremo
oriental. Desde enero de 1998 se dio un florecimiento importante de clorofila-a
asociado a las condiciones de fuertes vientos en la zona centroamericana y las
condiciones particulares de La Niña.
Desde diciembre de 1999 se observó una ligera expansión hacia el este de las anomalías positivas subsuperficiales dentro del Pacífico Central, lo que indica un pequeño "almacenamiento" de calor en la región ecuatorial. Históricamente, esta fase de "almacenamiento" en el ciclo que conforma el Enos (El Niño/Oscilación del Sur) ha ocurrido entre uno y dos años antes de la aparición subsecuente de una fase cálida (El Niño). Durante los últimos meses de 1999 ocurrió una transición suave del episodio frío, con un debilitamiento de sus condiciones. En el segundo semestre del 2000 se dio un subsecuente estado "neutral" o "condiciones débiles de un episodio frío". Y en el primer trimestre del 2001 aconteció una leve anomalía en la temperatura superficial del océano. Según el Centro de Predicción del Clima de la NOAA (CPC, por sus siglas en inglés), las anomalías climáticas de agosto del 2000 reflejan condiciones que corresponden a la etapa neutra del Enos, lo que refleja un fin del ciclo climático-oceanográfico, estando actualmente en condiciones promedio o normales en lo que a temperaturas del Pacífico ecuatorial se refiere.
Sin embargo, según el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la
Nasa, la atmósfera en general no presenta un comportamiento "normal"
debido a que está respondiendo tanto a la fase negativa de la Oscilación
Decadal del Pacífico Norte, que está dominando el comportamiento oceánico-atmosférico
del Océano Pacífico, como al trastorno en las condiciones océanico-atmosféricas
relacionado con los más de veinte meses en los que estuvo presente La Niña. Es
decir, tendrán que transcurrir algunos meses para que la atmósfera vuelva a
recuperar las características correspondientes a una etapa neutra del Enos.
Los autores, físicos, son investigadores del Laboratorio de Oceanografía y Manejo Costero de la Universidad Nacional.