
El entorno marino costero, incluida la plataforma continental, es
especialmente importante en relación con la utilización de los recursos vivos;
en 1989, por ejemplo -según reporte de Fao-, la pesca en el ambiente costero
representó el 97,5% del total de la captura mundial. El predominio aplastante
de los sistemas costeros en la producción y en la recolección de los recursos
marinos vivos está relacionada con la base ambiental y con factores socioeconómicos.
Las masas de agua de las áreas costeras se caracterizan por procesos físicos
intensos que aseguran un aporte continuo de nutrientes para la producción orgánica,
siendo la producción de plantas marinas en esas áreas entre dos y cinco veces
mayor que en el mar abierto. La alta producción primaria es la razón principal
de la importancia de las áreas costeras en la utilización de los recursos
vivos, pero las condiciones topográficas particulares también son benéficas
para dichos recursos.
En efecto, el océano abierto se comporta como un desierto biológico
donde sólo en áreas muy especiales, como aquéllas en las que suceden fenómenos
de afloramiento, tenemos índices de productividad lo suficientemente altos como
para sostener los primeros niveles de la cadena trófica. Por fortuna, el Pacífico
centroamericano experimenta estacionalmente (en el caso de los afloramientos
costeros) y permanentemente (con el domo térmico de Costa Rica) este tipo de
fenómenos que tienen un impacto importante en las pesquerías de pelágicos en
nuestro istmo.
El término zona
de afloramiento,
o zona
de surgencia, es utilizado en oceanografía para designar aquella área
en la que la temperatura superficial del agua experimenta una baja por el
ascenso de agua de mar desde niveles más profundos. Pero no sólo la
temperatura del agua experimenta cambios drásticos en una zona de afloramiento,
sino también se observa un aumento de los nutrientes y una disminución en el
contenido de oxígeno de las aguas de los estratos menos profundos. Este
enriquecimiento con sales nutritivas hace que dichas zonas ofrezcan un potencial
pesquero significativo, por lo que es de suma importancia que todas aquellas
empresas que realizan sus faenas de pesca en regiones donde ocurre ese fenómeno
tengan un conocimiento lo más completo posible del mismo.
Los afloramientos más comunes son los de carácter costero, habiendo
muchos ejemplos de ellos: frente a las costas peruanas, africanas y, más cerca
de nosotros, las del Caribe hondureño. En el Hemisferio Norte, cuando el viento sopla
paralelo a la costa y ésta se encuentra a la izquierda del viento (como ocurre
en el Caribe hondureño durante la época de los alisios del noreste), el océano
se ajusta de tal forma que se produce un flujo de agua desde la costa hacia el
mar abierto –al que se conoce como transporte
de Ekman-. En la medida en que el agua superficial se comienza a
desplazar mar adentro, del fondo emerge hasta la superficie, sustituyendo dicho
flujo, agua muy fría que paulatinamente baja la temperatura del área oceánica
más próxima a la costa. En nuestra región este tipo de afloramiento ocurre únicamente
en la costa caribeña de Honduras, cuya orientación este-oeste propicia tales
afloramientos cada fin y principio de año, cuando los vientos del noreste son
muy fuertes, presentando el Golfo de Honduras un enfriamiento estacional.
Además del afloramiento en el Caribe hondureño, en América Central se da otro tipo de surgencia costera en la cual el viento no sopla paralelo a la costa sino atravesando el istmo desde el Mar Caribe hacia el Pacífico a través de dos pasos montañosos: el Lago de Nicaragua y el Canal de Panamá, por donde circulan los alisios del noreste que, al soplar sobre la superficie del Pacífico, obligan al agua superficial a moverse en la misma dirección del viento, siendo ella sustituida por aguas frías provenientes de los niveles más profundos, enfriándose así la superficie (véase figura 1).
Estos fenómenos conocidos
como afloramientos de Papagayo y de
Panamá ocurren todos los años entre noviembre y mayo -la época seca-.
Cuando se dan estos enfriamientos, aparecen en el océano frentes
térmicos, que son regiones con un potencial pesquero importante,
sobre todo para especies pelágicas.
Existe otro tipo de afloramiento de carácter oceánico conocido como domo
térmico, cuya explicación es menos simple: al igual que en el caso
anterior, el agua del fondo emerge hasta la superficie como respuesta del océano
al campo de vientos; ejemplos de esto son los domos térmicos de Angola, de
Nueva Guinea y el de
Costa Rica, que enriquece las aguas oceánicas del Pacífico frente a las
costas centroamericanas, y su centro se ubica en 9°N-89°00W. Este domo es permanente,
variando sólo su intensidad, de manera que la fase madura se alcanza en
setiembre de cada año. Debe anotarse que, interesantemente, existe una
interacción muy fuerte entre los afloramientos costeros y el domo de Costa
Rica, dándose lugar a una dinámica muy compleja de las aguas en esta parte del
Pacífico tropical oriental.
En Costa
Rica, debido a los fenómenos de afloramiento (domo térmico y golfos de
Papagayo y Panamá), efectivamente las pesquerías de pelágicos experimentan
entre noviembre y mayo de cada año un aumento en sus capturas (véase figura
2), y el Laboratorio de Oceanografía de la Universidad Nacional ha recogido
información valiosa que permite afirmar que tales fenómenos impactan
positivamente las pesquerías de toda la región centroamericana. Al respecto no
debe olvidarse que las aguas del Pacífico guatemalteco también se ven
influenciadas por los afloramientos costeros que ocurren en el Golfo de
Tehuantepec en la misma época en que se dan los otros dos más al sur.
El autor, oceanógrafo
físico, trabaja en el Servicio Regional de Información Oceanográfica de la
Universidad Nacional.