Cada año, en el extremo oriental del Océano Pacífico tropical, entre 5º N y 17º N, se producen importantes eventos de afloramiento (levantamiento de frías aguas profundas hacia la superficie) forzados por el viento en tres lugares de Centroamérica: el Golfo de Tehuantepec –México-, el Golfo de Papagayo –en el borde entre Costa Rica y Nicaragua- y el Golfo de Panamá. En tales puntos hay interrupciones de baja altura en la cordillera centroamericana por donde los vientos que soplan desde el Caribe hacia el Pacífico se canalizan en fuertes chorros dirigidos desde la costa hacia mar adentro. Estos jets pueden durar de 1 a 15 días, alcanzar velocidades de 20 m s-1 de magnitud y extenderse cientos de kilómetros sobre el mar.

El sistema de Tehuantepec es forzado por sistemas subtropicales de alta presión originados en Norteamérica que se desplazan hacia el sur sobre el Mar Caribe, creando grandes diferencias de presión entre el Golfo de México y las masas de aire más calientes y de menor presión que residen sobre el Pacífico. Estos sistemas pueden desplazarse sobre el Caribe más hacia el sur generando secuencialmente los jets de Papagayo y Panamá luego de un evento en Tehuantepec, pero los dos jets del sur pueden desarrollarse sin correlación con las condiciones en Tehuantepec, como resultado de la intensificación de los vientos alisios [Chelton, D., M. Freilich y S. Esbensen. “Satellite observations of the wind jets off the Pacific coast of Central America, Part I: Case studies and statistical characteristics”, en Mon. Wea. Rev., 128, 2000].

En los tres sitios la respuesta del océano a estos forzamientos eólicos es muy rápida. El nivel del mar varía siguiendo las variaciones del viento sin un retardo observable y la temperatura superficial del mar (TSM) puede descender hasta 10o C en un día [Barton, E. et al. “Supersquirt: Dynamics of the Gulf of Tehuantepec, Mexico”, en Oceanography, 6, 1, 1993]. Filamentos de agua muy energéticos transportan aguas frías afloradas cerca de la costa, con velocidades del orden de 1 m s-1, cientos de kilómetros mar adentro. La mezcla turbulenta con aguas subsuperficiales frías inducida por el viento reduce aun más la temperatura de la capa superior del mar, en una medida comparable al enfriamiento que resulta del afloramiento. Uno de los efectos más espectaculares es la generación en Tehuantepec y Papagayo de grandes remolinos (100-450 km de diámetro) de agua anticiclónicos (que rotan en sentido inverso a la rotación de la Tierra) que persisten durante meses y se propagan hacia el oeste y hacia el ecuador.

La figura 1 es una composición de imágenes de TSM derivada de los datos del instrumento Advanced Very High Resolution Radiometer obtenidos en la estación terrena de satélites de nuestro laboratorio en la Universidad Nacional. Allí aparece superpuesto el campo de vientos (vectores negros) derivados del instrumento Nasa Scatterometer, que también orbita en un satélite polar. Nótese el efecto de apantallamiento del viento por la cordillera centroamericana (las elevaciones mayores a 600 m han sido indicadas), así como las masas de agua fría que se extienden mar adentro desde la costa pacífica en las tres localidades (las nubes aparecen en negro).

A continuación se da cuenta de las observaciones realizadas en el marco de un experimento llevado a cabo en 1996 para determinar la propagación y generación de remolinos en el Golfo de Papagayo. En efecto, entre el 19-2-96 y el 4-3-96 fueron lanzadas nueve boyas derivadoras lagrangianas (que se mueven con las parcelas de agua) en posiciones seleccionadas usando imágenes de satélite de TSM. Los puntos escogidos para el lanzamiento fueron transmitidos por radio desde nuestro laboratorio, en tiempo real, a la embarcación Solidaridad del Instituto Nacional de Aprendizaje. Las boyas envían periódicamente una señal que es recibida por un satélite y reenviada a tierra, lo cual permite determinar las posiciones y los instantes en que fueron emitidas.

Tres de las boyas entraron en trayectorias con forma de anillo. La boya 25.485 entró en un anillo centrado aproximadamente en 9° N, 95° W el 29-2-96, mientras que los derivadores 25.474 y 25.475 entraron en una circulación anticiclónica en la primera semana de marzo, mucho más cerca de la costa, en un mismo giro de formación bastante más reciente. Las trayectorias completas de los derivadores 25.474 y 25.475 (véase figura 2) fueron interpoladas de acuerdo a los procedimientos de Hansen y Poulain [Hansen, D. y P. Poulain. Quality control and interpolation of WOCE-TOGA drifter data”, en Journal of Atmospheric and Oceanic Technology, 13, 1996].

La boya 25.474 completó cinco circuitos y la 25.475 completó cuatro antes de entrar en la Contra Corriente Ecuatorial Norte (CCEN) que fluye hacia el este (ver figura 3), aproximadamente en la longitud 95,5º O, el 18-5 y el 10-5, respectivamente. La rapidez del desplazamiento de este giro hacia el oeste se calculó a partir de los desplazamientos entre las longitudes máximas y mínimas en giros consecutivos y los intervalos de tiempo transcurridos entre cada par de posiciones. Obtuvimos  nueve estimaciones de 25.474 y siete de 25.475 con resultados de 12,58 cm s-1 y 12,57 cm s-1, respectivamente. Un procedimiento similar se utilizó para obtener velocidad meridional del giro con resultados de 1,70 cm s-1 y 1,58  cm s-1 hacia el ecuador.

El comportamiento de estas boyas confirma que los vórtices generados en Papagayo se propagan largas distancias hacia el oeste sin perder identidad. Hansen y Maul [Hansen, D. y G. Maul. Anticyclonic current rings in the eastern tropical Pacific Ocean”, en J. Geophys. Res., 96, 1991] identificaron al menos un giro anticiclónico en marzo de 1990 al oeste de 100º O, a 10º N, con un diámetro de 335 km y un desplazamiento hacia el oeste de 14,6 cm s-1 que era compatible con un origen en Papagayo. El movimiento longitudinal de estos vórtices puede ser explicado por el movimiento hacia el oeste de la Corriente Ecuatorial del Norte (figura 3) y por la autopropulsión de remolinos debido al efecto ß (ß es la rapidez de cambio del parámetro de Coriolis f con la latitud). Debido a las grandes dimensiones de estos vórtices el efecto de ß es importante y los giros adquieren una velocidad hacia el oeste y hacia el ecuador. Para una explicación sobre el mecanismo de autopropulsión pueden ser consultados, por ejemplo, los trabajos de B. A. Warren [“Notes on translatory movements of rings of current with applications to Gulf Stream eddies”, en Deep Sea Res., 14, 1967] y de D. Nof [“On the b-induced movement of isolated baroclinic eddies”, en J. Phys. Oceanogr., 11, 1981]. ß también determina el lento movimiento hacia el ecuador, de manera que creemos que este remolino fue eventualmente dispersado en la CCEN.

El final más probable de los remolinos de Papagayo es la colisión con la CCEN. La migración norte-sur de la CCEN podría entonces determinar la duración de los vórtices de tal manera que podrían ser dispersados antes de que su energía disponible se agote. La boya 25.474 se movió alrededor de un anillo Papagayo desde comienzos de marzo hasta mediados de mayo, cuando la  CCEN ocupa su posición más al sur. La boya 25.485 fue trasladada dos veces alrededor de un giro mucho más maduro (figura 4), desde finales de febrero hasta el 5 de abril, a longitudes menores que el giro de las boyas 25.474 y 25.475. La velocidad longitudinal obtenida para 25.485 es de sólo 6,19 cm s-1, lo cual puede reflejar tanto interacción con la CCEN como una menor intensidad de este remolino. La trayectoria distorsionada de esta boya, comparada con las más circulares descritas por 25.474 y 25.475, es posiblemente resultado de la erosión del vórtice por la CCEN en su flanco sur.

Importancia ecológica de los remolinos

Los remolinos generados en el Golfo de Papagayo son un mecanismo importante para el transporte de momento, masa, energía, constituyentes químicos y actividad biológica hacia el océano interior. Las masas de agua producidas en el Golfo durante la estación de afloramiento son exportadas a grandes distancias hacia el oeste en remolinos anticiclónicos que perduran durante meses. Estas aguas son fertilizadas por la introducción en la capa superior del mar de aguas subsuperficiales ricas en nutrientes durante las etapas de generación cerca de la costa. Además, fitoplancton del máximo de clorofila subsuperficial (una capa de alta concentración de algas que en condiciones de estratificación normal se encuentra localizada a varios metros de profundidad) es levantado hacia la parte superior de la columna de agua, donde la radiación solar estimula una intensa actividad fotosintética.

Las imágenes de color del océano obtenidas a partir de datos de satélites en el Océano Pacífico tropical muestran, entre enero y mayo, una banda de alta productividad primaria a lo largo de 11º N que se extiende desde Centroamérica por más de 2.000 km hacia el oeste. Dada la magnitud y extensión de esta señal, el sistema de Papagayo juega un rol importante no sólo en la riqueza biológica de esta zona hasta los niveles tróficos superiores (peces y mamíferos), sino también en el balance regional de transferencia de dióxido de carbono entre el océano y la atmósfera.


Los autores, físicos, son investigadores del Laboratorio de Oceanografía y Manejo Costero de la Universidad Nacional.

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