
Poco antes de que la Provincia de Aceh, en Indonesia -isla de Sumatra-, cayera en su último ciclo de violencia, John McCarthy, de la Universidad de Murdoch, en Australia, andaba allí estudiando la extracción ilegal de madera. Se calcula que algo como la mitad de toda la madera de Indonesia viene de fuentes ilegales. El libro La extracción salvaje: Surgimiento y caída de las redes madereras y de los proyectos para la conservación de la diversidad biológica en los bosques tropicales de Sumatra, que McCarthy escribió para Cifor, le da al lector una clara idea de cómo la extracción ilegal surgió en el área y gradualmente abrumó las normas ambientales tradicionales de esas comunidades.
Como
en muchos países, Indonesia requiere que los madereros consigan permisos específicos
para cortar árboles, transportar madera y operar aserraderos. Para lograr esos
permisos ellos necesitan buenas conexiones y tienen que pagar a los funcionarios
públicos por debajo de la mesa. Generalmente, se consiguen permisos para
algunas actividades, pero después se hace más de lo que los permisos
autorizan. Independiente de su interés en recibir sobornos, a menudo los
oficiales locales prefieren generar ingresos gravando las actividades ilegales
con impuestos, en vez de restringirlas. Los empresarios adinerados emplean
contratistas para extraer la madera, establecen conexiones con oficiales del
departamento forestal, militares, policías y los funcionarios locales y hacen
tratos con los jefes de aldeas. Eso da lugar a una densa red de clientelas que
los foráneos encuentran difícil de romper.
Tradicionalmente,
el acceso a los bosques por parte de personas extrañas a la aldea estaba
regulado por las autoridades locales. Sin embargo, la Ley de Gobiernos Locales
de 1979 no reconoció a algunas de esas autoridades e hizo que los foráneos
respondieran al gobierno del distrito y no a los electores. Ahora, muchas
autoridades locales se sienten incapaces de evitar la entrada de los madereros
de fuera, sobre todo si están bien relacionados. A veces, simplemente dejan que
los madereros hagan lo que quieran. En otros casos, les permiten sacar la madera
a cambio de pequeños pagos o de emplear a la gente local. Mientras que muchas
autoridades de las aldeas hacen lo que pueden para representar a sus
comunidades, otras se han dejado comprar y buscan sólo sus propios intereses.
A
mediados de los años noventa, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)
seleccionó el área estudiada por McCarthy para implementar un programa de
conservación comunitario, debido a su proximidad al Parque Nacional de Gunung
Leuser. WWF intentó restablecer los sistemas tradicionales del manejo de los
bosques y su presencia le dio a líderes tradicionales opuestos a la extracción
maderera un foro para expresar sus opiniones. WWF también intentó promover la
producción de resinas, juncos y otros productos forestales no maderables en vez
de la madera. Algunos oficiales nacionales y provinciales del gobierno apoyaron
estos esfuerzos. Sin embargo, WWF no se dio cuenta de cuán fuertes eran las
redes locales de los madereros y no pudo ofrecerles a las comunidades
alternativas que proporcionaran más empleo o mejores entradas que la madera.
Cuando se dieron la crisis económica y las reformas políticas en 1997-98, la
extracción declinó por un tiempo, pero después volvió a aumentar. El
problema sigue sin solución.