Los
primeros pinos que hizo el actual presidente Bush en negocios de petróleo
fueron con pequeñas compañías de su familia en Texas, pero casi siempre con
saldos negativos. En 1984, siendo propietario de Bush Exploration (resultado de
diversas otras empresas suyas entradas en crisis), decidió fusionar ésta con
otra –también- pequeña compañía de exploración llamada Spectrum 7, de la
cual pasó a ser presidente.
Ésta, igualmente, pronto entró en crisis dificultándose
su supervivencia, a pesar de que controlaba 180 pozos en Texas. La salvación la
constituyó, en 1986, la compra de acciones se Spectrum 7 por parte de Harken
Energy Corporation, fusionándose. Gracias a esto el actual presidente Bush acabó
convertido en uno de los propietarios de la nueva firma con 212.152 acciones de
capital, comprando otras 80.000 en 1987, 25.000 más en 1989 y llegando su
inversión en 1993 a 345.426 acciones, lo que representa el 1,1% del valor de la
empresa, algo nada despreciable en Estados Unidos, donde los grandes potentados
controlan compañías con el 5% o el 10%.
A
pesar de que a Bush no le ayudó mucho su eficacia como empresario petrolero, su
apellido sí resultó definitivo. Según The Washington Post, Paul Rea,
un ex presidente de Spectrum 7, afirmaba que “una de las razones por las
cuales Harken se interesó por la compañía fue que allí estaba George. Ellos
pensaban que el apellido Bush sería una gran ayuda y por ello lo querían de su
lado”. Con él, Harken se posicionó en el mercado internacional. Aunque Bush
siempre ha calificado su participación en Harken como “insignificante”,
investigaciones realizadas por The Washington Post y The Wall Street
Journal demostraron que la familia Bush siempre mantuvo “las posiciones
sustanciales” en el plano directivo de la compañía. Y esa influencia creció
cuando Bush padre asumió la Presidencia de Estados Unidos en 1989. Entonces,
Bush hijo pasó a formar parte de la junta directiva de la firma y se desempeñó
como director y consultor con un salario que empezó en $80.000 al año y que
llegó después hasta $120.000.
A
comienzos de los noventa los intereses económicos del delfín empezaron a
crearle problemas al padre: a Harken le fue otorgado por 35 años un contrato en
Bahrein, en el Golfo Pérsico, por encima de multinacionales con mayor
experiencia como Amoco, y según Bill Muntaglio -investigador y autor del libro First
Son sobre Bush hijo y su padre-, “analistas de la industria petrolera
quedaron atónitos cuando Harken se quedó con el negocio, en momentos en que
Amoco ya había iniciado negociaciones con el ministro de Petróleos de
Bahrein”, cuyo gobierno es uno de los principales aliados de Washington en la
zona. La sensación de que Bush padre había influido en Bahrein en favor de la
compañía de su familia quedó en el aire. El negocio disparó el valor de las
acciones de Harken y el 22 de junio de 1990 Bush Jr. vendió buena parte de las
suyas, lo que le significó ganancias superiores al 200%. Pocas semanas después
estalló la Guerra del Golfo, la exploración fracasó y las acciones de Harken
se derrumbaron. Entonces se oyeron voces en tono acusador que sindicaban a Bush
Jr. de haber sacado provecho personal de información privilegiada en el sentido
de que venía la guerra y las acciones caerían.
Influyentes
medios de comunicación como la revista Time se preguntaron entonces cómo
una empresa sin prestigio internacional había sido utilizada por el hijo del
presidente para especular y enriquecerse. La investigación no terminó en sanción
alguna contra los Bush, pero el debate ético no dejó bien parada a la familia
presidencial. Para los analistas de la prensa y para la opinión pública en
general no cabía duda de que el interés patriótico había sido manipulado
cuando los intereses financieros de la familia presidencial estaban muy cerca
del frente de combate. (Harken estuvo entre las empresas que contribuyeron a la
financiación de las dos campañas presidenciales de Bush padre, e hizo lo mismo
con las del hijo: para la gobernación de Texas en 1994 y en 1998, y para la
presidencial en 2000.)
Los
cargos de tráfico de influencias contra Bush Jr. se repitieron en 1994, cuando
siendo candidato a la gobernación de Texas el semanario neoyorquino The
Nation lo acusó de presionar al ministro de Obras Públicas de Argentina,
Rodolfo Terragno, para que le adjudicara un contrato de gas a la multinacional
Enron, una de las compañías que habían aportado recursos a su campaña
electoral. El gobierno de Raúl Alfonsín no cedió a las pretensiones de Bush,
pero más tarde, durante la primera administración de Ménem, amigo de los
Bush, la construcción del gasoducto entre Argentina y Chile le fue entregada en
concesión a Enron.
[Este artículo es adaptación de otro aparecido recientemente en la revista colombiana Cambio que fue facilitado a Ambien-tico por Oilwatch-Costa Rica]