
Proteger especies forestales nativas declarando a
ciertos ejemplares de ellas monumentos naturales (iniciativa de Gerardo
Budowski) es muy pertinente y encomiable habida cuenta las amenazas que muchas
enfrentan: aprovechamiento indiscriminado, distribución espacial muy limitada y
problemas en su regeneración natural. El almendro es una especie en peligro y
ha sido propuesta como candidato a monumento.
El almendro (Dipteryx panamensis (Pittier) Record & Mell) es un árbol
de gran tamaño, por lo que casi siempre emerge del dosel superior. Esta
característica de árbol alto, que puede alcanzar hasta 60 metros de altura y
un diámetro de 200 cm, ha sido aprovechada por la lapa verde (Ara
ambigua) para anidar a salvo en los huecos dejados por las ramas
secas. Por esta interrelación el Ministerio del Ambiente (mediante el decreto Nº
25.167-Minae, de 1996) decretó una veda -parcial- a la corta de árboles de
almendro con diámetros mayores a 120 cm de dap y menores a 70 cm.
La
distribución del almendro no es muy amplia, se encuentra en la costa atlántica
del sur de Nicaragua, en la de Costa Rica, en la de Panamá y en la de Colombia,
en elevaciones bajas que no superan los 900 metros -aunque algunos autores lo
reportan hasta en los 1.300 metros-, en sitios de alta precipitación, de entre
3.500 mm y 5.000 mm, con temperaturas promedio entre 25 °C y 31 °C.
Según el diagrama de zonas de vida de Holdridge (1987. Ecología basada en
zonas de vida. IICA. San José), esto corresponde a las zonas de Bosque Húmedo
y Muy Húmedo Tropical y Bosque Húmedo Premontano. Está en suelos aluviales,
arenosos y, otras veces, en sitios con suelos ácidos y limosos.
Por su extraordinaria dureza y su alto peso específico
(PE 0,83 y 1,09) (Flores, E. “Dipteryx panamensis”, en Árboles y Semillas del Neotrópico,
1(1), 1992) se le reporta como una de las maderas más pesadas del mundo, por lo
que no fue muy utilizado hasta mediados de los años ochenta; rasgo éste que lo
hacía muy característico de las nuevas aperturas o pastizales -como un
testimonio de los bosques que cubrían anteriormente tales áreas. Cortar estos
árboles requería mucho esfuerzo y trabajo, por lo que los dejaban en pie. Pero
con la nueva tecnología de las sierras de acero con alto contenido de carbono,
y con las sierras con punta de diamante, estos grandes árboles han ido
desapareciendo poco a poco del paisaje, ya que la alta resistencia mecánica de
su madera y el buen comportamiento de ésta los han convertido en una especie
muy apetecida por el sector industrial maderero. El almendro se utilizó, en un
inicio, en la fabricación de tambores para el embalaje de los cables de alta
tensión, pero hoy día se usa en la construcción de carrocerías, vigas,
artesonado, pisos y en todo aquello que requiere un material que pueda soportar
grandes esfuerzos. Cuando está en contacto con el suelo y la humedad no tiene
gran durabilidad.
La floración de este árbol es muy conspicua, en panículas
terminales muy vistosas, de un color rosado-violeta que le da una coloración
muy especial -entre mayo y setiembre- a los bosques húmedos y muy húmedos
tropicales.
En
condiciones naturales el almendro puede soportar sombra, pero para alcanzar un
buen crecimiento requiere aperturas en el dosel. En la Zona Norte de Costa Rica
se le puede encontrar en una densidad de dos árboles por hectárea, con diámetros
por arriba de 50 cm, por lo que se le considera una especie abundante
(Coseforma. 1999. Almendro en la Zona Norte de Costa Rica. Coseforma. San
José). En estudios de regeneración natural, en bosques aprovechados con un
tratamiento de mejora, se encontró una abundancia absoluta de 39 brinzales para
una abundancia relativa de 8%, y 17 latizales que representaron una abundancia
relativa de 2% (Chaves, E. “Crecimiento y dinámica del bosque húmedo
tropical después del aprovechamiento”, en Ciencias Ambientales, Nº
11, 1994). Diez años después del aprovechamiento, dos árboles de almendro habían
alcanzado la primera clase diamétrica, entre 10 y 19,9 cm, lo que supone en
condiciones bajo dosel un crecimiento de por lo menos un centímetro por año
(Chaves, E. y O. Chinchilla. “Tratamientos silviculturales en el manejo de los
bosques naturales tropicales”, en Ciencias Ambientales, Nº 12, 1996).
En general, se puede decir que el almendro no tiene problemas de regeneración
porque produce abundante semilla todos los años, con una gran cantidad de
agentes dispersantes, entre los que se puede citar: murciélagos, zorros, monos,
ardillas, guatusas, pizotes, martillas y saínos -entre otros-, que remueven la
cáscara del fruto acelerando los procesos de germinación. Además, los
brinzales crecen rápidamente, aumentando las posibilidades de supervivencia.
El mayor problema que enfrenta el almendro es la pérdida
de las áreas boscosas, que reduce las posibilidades de una polinización
cruzada. Para enfrentar estas pérdidas en las poblaciones naturales se ha
establecido una serie de plantaciones experimentales y proyectos de investigación
sobre el manejo de esta especie.
En los aspectos silviculturales lo referente al
almacenamiento de semillas es un problema sin resolver, pero con semillas
frescas los porcentajes de germinación son bastante altos: entre 70% y 100% en
un plazo de 10-50 días. Por el tipo de fruto los tratamientos pregerminativos
no han mostrado resultados positivos; la producción en vivero no presenta
mayores dificultades, siempre y cuando se haga una buena limpieza y desinfección
de los frutos. La semilla se puede pregerminar en bancales o directamente en las
bolsas, con la previsión que el pedúnculo quede hacia arriba, para evitar que
los tallos suculentos se quiebren. En tres o cuatro meses los arbolitos están
listos para el trasplante. La producción en envase es la que más se ha
utilizado, aunque se han probado otros métodos de producción, como plantón
deshojado pseudoestaca y plantas a raíz desnuda.
En la Zona Norte de Costa Rica existe la mayor
cantidad de área plantada con esta especie, usándose espaciamientos de 2m x
2m, 3m x 3m y 4m x 4m, siendo el de 3m x 3m el más común, porque los arbolitos
jóvenes desarrollan una copa poco densa, por lo que los espaciamientos amplios
no favorecen el buen desarrollo de los arbolitos -por el contrario, los árboles
tienden a doblarse y desarrollan ramas bajas muy gruesas; y si se planta 2m x 2m
se tiene que realizar un aclareo a los tres o cuatro años dependiendo de la
calidad de sitio, cortando el 50% de los árboles plantados.
En
los ensayos establecidos en la Zona Norte con varios métodos de producción de
plantas, después de 10 años se encontró que las plantas producidas como
plantones deshojados con poda de raíz presentaron los mayores incrementos en diámetro
y altura, con –respectivamente- 0,94 cm/año y 0,96 m/año, plantados en
suelos dedicados a ganadería por ocho años. En sitios que pasaron de bosque a
tacotal y, luego, a plantación, se encontraron incrementos en diámetro de 1,0
cm y en altura de 1,34 m, para plantaciones de 12 años de edad (Chaves, E. y O.
Chinchilla. “Dipteryx
panamensis (Pittier)
Record & Mell. Una especie prometedora para la reforestación en la Zona Norte de Costa
Rica”, en Biocenosis. En prensa). Coseforma (1999) reporta crecimientos
de 8,9 cm en diámetro y 11,6 metros en altura para plantaciones de seis años.
En la zona atlántica de Costa Rica, en plantaciones de 11 años de edad, se
reportan crecimientos de 25,3 cm en diámetro y 17 m en altura (Cabi. 2000. Forestry Compendium. Global Module.
Forestry Institute. Oxford).
En general, a pesar de ser una especie de las más
duras, presenta crecimientos aceptables en plantación. Se debe tomar
previsiones en cuanto a las fuentes semilleras que pueden ir desapareciendo
paulatinamente. La ventaja es que ya existen áreas plantadas que se pueden
convertir más adelante en rodales semilleros si las plantaciones se manejan
adecuadamente y con un alto número de árboles de buena forma.
Muchos de estos árboles grandes, con un dap superior
a 120 cm, y los árboles con diámetro inferior a 70 cm, estarían protegidos
por el decreto Nº 254.167 -de 1996-. Otra forma de protección de los almendros
grandes es que la gran mayoría de los que tienen más de 1,5 m de diámetro
presentan pudrición de la médula, por lo que baja el interés comercial por
ellos. En fin, se espera que las acciones que se han tomado sirvan para que el
almendro permanezca en el paisaje de los bosques húmedos y muy húmedos
tropicales por medio del manejo de éstos, ya que la especie responde bien a las
aperturas en el dosel, con crecimientos aceptables. Para esto es necesario que
el estado asigne recursos al manejo de las áreas boscosas del país y que las
áreas descubiertas con vocación forestal se puedan reforestar con esta
monumental especie.
El
autor, ingeniero forestal, es director del Instituto de Investigación y
Servicios Forestales de la Universidad Nacional.