En la entrega anterior compartí con usted la historia del cómo llegué a descubrir que nuestra percepción del ser humano, basada en el dualismo cartesiano, es lo que nos hace tener una “realidad física” y una “realidad mental”. Es decir, que dicha división no es parte de nuestra naturaleza sino que es producida por nuestro punto de vista, de la misma forma que un experimento físico hace a la luz convertirse en una onda y otro distinto la hace convertirse en una partícula. En este artículo intentaré demostrarle que su forma de ver es la que divide a la humanidad en hombres y mujeres y que, por lo tanto, el homosexualismo no es una realidad objetiva sino una creación cultural mantenida por la humanidad. Veamos si lo logro.

Según usted, un homosexual es atraído sexualmente por personas del mismo género, un heterosexual es atraído por el género opuesto y un bisexual por los dos géneros. Este modelo parte del supuesto de que somos hombres o mujeres y que es posible distinguir objetivamente entre ambos. Por lo tanto, su visión se respalda en los principales postulados de la lógica aristotélica, la cual es la base de toda la ciencia social, del pensamiento occidental anterior a la nueva física y de su manera de comprender el mundo.

De acuerdo a dicha lógica, A=A y A no es B. Es decir, una cosa es siempre y claramente sí misma y no es lo que no es. ¿De acuerdo? En lo que aquí nos interesa, esto significa que para usted un hombre es un hombre y no es una mujer y que, para saber si es homosexual, basta con saber si es atraído por otros hombre. ¿De acuerdo? Respire un poco para abrir su corazón y veamos lo que nos dicen al respecto los cuatro descubrimientos más importantes de la generología contemporánea.  

Principio de la multiplicidad. El primer descubrimiento demostró que no somos hombres o mujeres en general, sino que nuestro género está determinado por múltiples factores. Para simplificar, voy a mencionar al menos nueve: (1) el género cromosomal (XX o XY), (2) el género gonadal (testículos u ovario), (3) el género estructural  (estructuras internas femeninas o masculinas), (4) el género genital (pene o vagina), (5) el género hormonal (predominancia hormonal femenina o masculina a partir de la pubertad), el género corporal (características sexuales secundarias masculinas o femeninas a partir de la pubertad), (7) el género caracterial (actitudes, aptitudes y otros rangos caracteriales y de personalidad femeninos o masculinos), (8) el género sexual (atracción por los hombres o las mujeres) y (9) el género personal (género con el cual la persona se identifica, es decir, si se percibe como hombre o mujer). Este primer descubrimiento no pasaría de ser una simple curiosidad científica, ni pondría en peligro su forma de ver el mundo si usted fuese hombre o mujer en todos los determinantes a la vez. De ser así, para determinar su género bastaría saber si tiene pene o vagina. Sin embargo, el descubrimiento del principio de la independencia demostró que la realidad es mucho más creativa y variada de lo que esta creencia dualista presupone.

Principio de la independencia. El segundo gran descubrimiento de la generología estableció que el género de cada factor es independiente de los restantes, de donde se deduce que usted podría tener genitales femeninos y, no obstante, ser hombre en otro u otro factores (o viceversa). Veamos un ejemplo sacado de la vida real: conozco a una persona genéticamente masculina (46 XY); con testículos disfuncionales no visibles en el interior del abdomen y estructuras anatómicas internas femeninas; con clítoris, vulva y vagina; con predominancia hormonal masculina; con barba, voz, músculos y huesos de hombre; con personalidad femenina; con preferencia erótica por las mujeres y que se considera, a sí misma, un hombre con genitales de mujer. En relación a su género social, cuando nació se le asignó el género femenino, actualmente es reconocido como una lesbiana marimacha y es considerado mujer para fines legales. ¿Qué le parece? Analice el caso con cuidado y trate de determinar si se trata de un hombre o de una mujer. Después de hacerlo, continúe la lectura para conocer el siguiente gran descubrimiento.

Principio de la impermanencia. Ya hemos visto que existen múltiples determinantes del género y que éstos son independientes entre sí. El tercer gran descubrimiento de la generología demostró que el género de cada factor, salvo el cromosomal, puede modificarse a través del tiempo. Así, por ejemplo, el pez australiano Labroides dimiatus transmuta sus gónadas femeninas en masculinas y viceversa de acuerdo a sus necesidades. Dicho pez vive en manadas de hembras con un solo macho y, como en las manadas sólo nacen hembras, los zoólogos no lograban comprender de dónde salían los machos hasta que, en 1972, el Dr. Roberson aclaró el misterio: cuando muere el único macho la hembra de mayor jerarquía en la manada transmuta su género gonadal, su género corporal, su género hormonal, su género caracterial, su género sexual y su género social en cuestión de horas, convirtiéndose en el nuevo macho dominante. Pero si otro macho más poderoso de una  manada vecina decide pelear por el puesto, el padrote abandona su comportamiento dominante y vuelve a convertirse en una hembra. ¿Qué le parece? ¿No es casi increíble? Aunque tanta flexibilidad no es posible en los humanos, sabemos que si usted es “hombre”, sus genitales fueron inicialmente “femeninos” y que se convirtieron en “masculinos” a través de un largo proceso de maduración. ¡Sorpresa! Pero esto no tendría mucha importancia de no existir el principio de la indefinición.

Principio de la indefinición. El cuarto gran descubrimiento de los generólogos demostró que el género de los distintos factores no puede definirse en términos de categorías discretas. Es decir, que la lógica aristotélica se queda corta la describir la realidad, pues no siempre lo que llamamos un hombre es un hombre y a veces hasta puede ser una mujer. Veamos algunos ejemplos ilustrativos: conozco personas con un cromosoma masculino y uno femenino (47XXY) y otras que no tienen cromosoma sexual (45X); conozco personas con ovarios y testículos, a otras sin ninguno de los dos y a otras con una combinación de ambos; conozco personas sin estructuras genitales internas, o con la presencia de estructuras de  ambos géneros o con una combinación de ellas. Por último, conozco personas con genitales femeninos y masculinos al mismo tiempo y otras con estructuras genitales indefinidas. Por supuesto, el principio de la indefinición se cumple con mayor razón en el resto de los factores, los cuales están más condicionados por factores sicosociales que por factores biológicos. De hecho, una gran parte de mi trabajo como bioterapeuta consiste en mejorar la calidad de vida de personas con problemas de indefinición del género caracterial, el género sexual y el género personal. ¿Qué le parece todo esto? ¿Se alegra usted de ser “normal”? ¿Cómo está tan seguro de serlo? ¿Sabía usted que muchos hombres ni siquiera sospechan que son genéticamente mujeres? ¿Y que algunas mujeres son realmente XY? ¿Será usted una de ellas ¿Ya se hizo usted el examen de su cromatina sexual? Si no lo ha hecho, no se sienta tan segura de ser normal. ¿Listo para continuar y conocer el resultado final de estos descubrimientos?

Considerando que existen al menos nueve factores determinantes del género, que son independientes entre sí, que pueden ser impermanentes a través del tiempo, y que no es posible dividirlos en dos categorías discretas, la ley del continuo del género establece lo siguiente: (1) el género de los seres humanos está constituido por un continuo de posibilidades infinitas, dentro de las cuales el hombre y la mujer son los extremos; (2) no existen criterios científicos que permitan escoger un factor, o un grupo de factores, como elemento de juicio definitivo para asignarle el género a un ser humano; (3) no existe ningún criterio objetivo que nos permita considerar los estadios intermedios de dicho continuo como patologías, anormalidades o “errores de la naturaleza”; (4) la división de los seres humanos en dos géneros distintos y permanentes, hombre o mujer, es una división cultural arbitraria e insostenible desde el punto de vista científico.

Conclusión. Si no es posible determinar con certeza quién es hombre y quién mujer, no se puede decir quién es homosexual, heterosexual o bisexual. De aquí que el homosexualismo sea una invención cultural, producida por un punto de vista que no se ajusta a la realidad y reproducida por usted y por todas aquellas personas que se aferran a la vieja manera de ver el mundo, antes de la resolución a la paradoja de la naturaleza dual de la luz. Mientras los médicos biologistas insisten en que el homosexualismo es una enfermedad hereditaria y los psicólogos en que tiene su origen en la historia personal del paciente, ni los unos ni los otros se dan cuenta que el fenómeno se origina en sus propias mentes. ¡Están tratando de curar una enfermedad que ellos mismos inventan! Así es que si usted es de los que quieren que el homosexualismo desaparezca “por el bien de la humanidad”, póngase vivo y ajuste su percepción a la visión de la nueva física: acepte que el homosexualismo es inventado por usted y que sólo usted puede hacerlo desparecer del planeta cambiando su punto de vista. ¡Sin terapia, sin medicamentos y sin intervenciones genéticas! Y si tiene dudas al respecto consulte a la Línea Azul [224-0883] antes de caer en las manos de un terapeuta convencional. Si todos hacemos eso, viviremos en un mundo más justo y acorde a la naturaleza, en donde no sólo se aceptará sino que además se alentará el arco iris del género. Mientras tanto, ponga su barba en remojo cuando se descubra jugando y castigando a las personas diferentes. Porque ellas tienen derecho a ser sí mismas y también fueron hechas a imagen y semejanza de Dios, quien, según la misma Biblia, hombre y mujer nos hizo. Eureka: ¡usted es la solución al acertijo!

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