El sector eléctrico está enfrentando importantes transformaciones en sus bases competitivas a escala global. Por una parte, se han desarrollado mayores capacidades tecnológicas en varios segmentos de la industria de generación (las tecnologías de ciclo combinado a gas y los avances en nuevas fuentes no convencionales como el viento y el sol) y, por otra parte, existen importantes cambios en el entorno regulatorio, moviéndose la estructura de incentivos a favor de la apertura de mercados, la des-regulación y la integración de los mismos.

En el caso particular de Costa Rica, el nacimiento de un dinámico cluster de fuentes no convencionales renovables y el fortalecimiento del segmento de pequeña y micro escala de fuentes hidroeléctricas durante la década de los noventa ha sido el resultado, entre otros factores, del desarrollo de una política de nicho de mercado protegido a partir de contratos con cogeneradores privados, empresas municipales y cooperativas (en el marco de la ley Nº 7.200 y sus modificaciones en ley Nº 7.508), de la acumulación de capacidades tecnológicas del sector con alta inversión pública en factores claves del desarrollo tecnológico de la industria y de las alianzas estratégicas entre nuevos inversionistas locales con redes de capital y tecnología externas.

En efecto, este proceso de aprendizaje interactivo (concepto introducido por Brngt-Ake Lundvall [1992. National Systems of Innovation. London Pinter Publishers. London] y considerado uno de los factores clave para el desarrollo de las innovaciones) en el marco del cluster ha permitido la implementación de más de 30 proyectos conectados a la red y un creciente número de micro-proyectos con fuentes alternas de energía para comunidades fuera del sistema eléctrico integrado. Para estos últimos ha sido clave el enlace entre redes formales e informales y la mayor presión y participación de las comunidades locales.

El cluster es definido como un complejo sistema de interrelaciones entre redes (1) de conocimiento, (2) de regulación, (3) de actores informales y (4) empresarial, que se relacionan en un espacio institucional y tecnológico común. Se trata entonces de relaciones entre actores dentro de su red y entre actores y organizaciones interactuando entre redes. Estas relaciones son en algunos casos mercantiles o de mercado, aunque en otros casos se trata de relaciones no-mercado, donde el intercambio de conocimiento, información o personal es regido por otras motivaciones más allá del precio o de la compra y venta.

El desarrollo de este complejo sistema de interacciones comprende la articulación de por lo menos cuatro tipos de actores con objetivos e incentivos distintos: la red empresarial y de negocios, la red académica y/o de investigación, la red reguladora y la red de actores informales. La figura 1 presenta lo que se conoce como el enfoque margarita para el análisis del cluster (Vargas, Leiner. 2001 [en prensa]. Competitiveness, innovation and democracy: Space for clean energy under electricity market reforms. Tesis doctoral presentada en The IKE Group, Department of Business Studies, Aalborg University, Denmark), cuyo objetivo es el de capturar las principales interacciones entre actores y los cuellos de botella en el proceso de aprendizaje interactivo.

Cuanto más interacciones e intercambios de conocimiento y de capacidades tecnológicas se dé, y más concertación haya entre los actores (intra-red e inter-redes), mayor será la posibilidad de innovar y, como tal, de incrementar la competitividad del cluster a lo largo del tiempo.

La integración de estos procesos de evolución competitiva del sector eléctrico involucra factores de aprendizaje tecnológico y factores de aprendizaje institucional. Las instituciones, entendidas como reglas del juego (North, Douglas. 1990. Institutions, institutional change and economic performance. Cambridge University Press. UK), permiten reducir, o aumentar, los costos de interacción entre los actores de las distintas redes, y son pieza clave para explicar la dinámica y la capacidad innovadora dentro del cluster. Los procesos de aprendizaje institucional son lentos y están asociados a la dinámica evolutiva del marco regulatorio existente en el pasado y los hábitos y características de las interacciones de los distintos actores que participan en las redes.

En la década de los noventa se conjugaron en Costa Rica condiciones tecnológicas e institucionales que han permitido el desarrollo de un significativo número de proyectos de energía renovable, como se observa en la cadena del sector (véase figura 2). Por lo menos tres innovaciones importantes se presentaron en el sector en dicha década: la incorporación de nuevas opciones tecnológicas en generación -destacándose el viento, la geotermia y los proyectos de energía solar-, el crecimiento de los proyectos de pequeña y mediana escala en la generación hidroeléctrica y, finalmente, el desarrollo de mecanismos institucionales diversos para el reconocimiento de servicios ambientales en el sector.  

Se trata, entonces, de mayor diversidad de actores. La incorporación de grupos ambientalistas, generadores privados, grupos y redes empresariales externas, y la vinculación con la red de conocimiento y de actores públicos existente, ha motivado la enorme dinámica dentro del sector. Dichas interacciones entre los actores existentes y los nuevos actores y organizaciones dentro del sector no han estado ajenas a conflictos y contradicciones entre equidad, ambiente y democracia que tienden a dinamizar los procesos de aprendizaje. Hasta la fecha, dichos conflictos han estado reprimidos por un excesivo centralismo público en el sector y una creciente intervención reguladora de entes como la Autoridad Reguladora de Servicios Públicos, el Ministerio del Ambiente y el Ministerio de Hacienda.

Los nacientes procesos de descentralización y democratización del poder público pueden llevar a mayores conflictos dentro de las redes. Esta nueva diversidad dentro del cluster propicia procesos de aprendizaje y de innovación y, a la vez, permite espacios para la concertación de intereses y la integración sistémica de objetivos variados, como lo es la seguridad energética, la protección del ambiente, la equidad en el acceso a los servicios y, por supuesto, la competitividad del sector.

De esta forma, los procesos de transformación del mercado, y sobre todo los que pasan por alto las capacidades de aprender en términos institucionales, violentan la confianza y pueden llevar a interrumpir las interacciones entre los distintos actores de las redes y los vínculos entre organizaciones. En particular para el caso del sector eléctrico, las reformas basadas en un papel más protagónico de la competencia y la integración de los mercados ocasionan cambios sustanciales en las reglas del juego que dominan el sistema o cluster local.

El mayor descuido que se dio en el proceso de aprobación legislativa del frustrado combo [de leyes] energético, por lo menos en lo que respecta al sector eléctrico, fue la escasa articulación de los intereses de los actores de las redes reguladora, informal y de conocimiento, con los intereses de la red empresarial. Sin embargo, la capacidad de integrar los cambios hubiese significado la destrucción de la confianza entre los actores de las redes y, como tal, la posibilidad de diezmar el proceso de aprendizaje interactivo en el cluster.

Una de las mayores ventajas de la dinámica actual es la generación de innovaciones tecnológicas e institucionales en diversos campos y sobre todo en los asociados con la protección del ambiente. Las fuentes hidroeléctricas en pequeña escala han integrado efectos positivos que favorecen la integración de la cuenca como una unidad proveedora de servicios ambientales para los empresarios eléctricos, públicos o privados. Estos acuerdos voluntarios de pago son ejemplos de desarrollo institucional motivados en la interacción de las redes reguladora y empresarial, coordinados a través de la red informal.

Otras innovaciones han estado afectadas por procesos de acumulación de conocimiento y alianzas para el desarrollo de nuevas tecnologías de generación. Al respecto es claro que la aparición del viento ha permitido un nicho de aprendizaje y mayor diversidad tecnológica en el sector. Este proceso es el resultado de una tímida interacción entre la red de conocimiento, la red empresarial privada y los actores asociados a redes internacionales de transferencia tecnológica. Los procesos de aprendizaje en proyectos fuera de la red eléctrica integrada han sido más el resultado del desarrollo de una fase de experimentación tecnológica y de la creciente demanda realizada por la red informal y los actores locales.

Los conflictos existentes y potenciales son, en este marco, posibilidades de ampliar las innovaciones tecnológicas e institucionales y, al mismo tiempo, de no ser correctamente encausados pueden minar las condiciones de confianza de los actores y crear un caos. La evolución competitiva del sector eléctrico debe entenderse como un proceso de aprendizaje y orientarse por los principios de mayor democracia, equidad y competitividad.  

 


El autor, economista, es director de la Maestría en Política Económica de la Universidad Nacional

 

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