La destrucción de los recursos naturales es una preocupación que poco a poco llega a la mesa del consumidor. Cada vez más compañías en Estados Unidos y Europa están interesadas en comprar productos amigables con el ambiente porque sus consumidores se los piden. Este es el caso de productos tan importantes para la economía latinoamericana como el café y el banano. Es por eso que, como una forma de conservar los recursos naturales, garantizarle al propietario pequeño, mediano o grande un mercado importante para sus productos, y mejorar las condiciones sociales de los trabajadores, fueron creados estándares para una agricultura responsable.

Estos lineamientos, cuya aprobación da el derecho al uso de ecoetiquetas, son producto de un proceso de certificación objetivo, transparente y muy estricto, el cual es promovido por la Red de Agricultura Conservacionista, un grupo sin fines de lucro, que cuenta entre sus miembros a agricultores, ambientalistas, científicos, defensores de los derechos humanos y agencias de gobierno de 12 países. La secretaría internacional de la red es la organización Rainforest Alliance, con sede en Nueva York, y en Costa Rica la organización que representa el programa es el Centro Científico Tropical (CCT).

Los estándares de la red, que cubren las tres bases del desarrollo sostenible: bienestar comunitario, protección ambiental y vitalidad económica, son comprensivos y lo suficientemente estrictos como para requerir cambios profundos en el manejo de las fincas, a la vez que operan dentro de los avances tecnológicos disponibles. El programa se basa en la ciencia de la ecología, los principios de la dignidad humana y el ideal del desarrollo sostenible. Opera en el mundo real de la agricultura comercial, los mercados globales y las cambiantes demandas de los consumidores. Los miembros de la Red adaptan el programa a los pequeños agricultores en desventaja, así como también a las grandes compañías multinacionales, haciendo que el programa sea accesible para los productores, sea cual sea su tamaño.

La certificación de la Red posibilita que el consumidor que vive lejos de un país tropical pueda comunicarle sus intereses y preocupaciones a los agricultores y a la agroindustria. Al comprar bananos, café o jugo de naranja certificados, los consumidores activistas le están enviando un claro mensaje a los productores, alentándoles a conservar los ecosistemas. La certificación también ayuda a que las compañías demuestren su compromiso ambiental a la cantidad creciente de consumidores educados y “verdes”, y a que sean más competitivas en el mercado global. Siendo una verdadera coalición, la Red es manejada y guiada por sus miembros, que están en comunicación diaria con agricultores, grupos conservacionistas, funcionarios de gobierno, científicos, sindicatos y otros, con intereses en la agricultura sostenible.

Un enfoque diferente

El servicio de certificación ambiental y social que ha desarrollado la Red de Agricultura Conservacionista para productores y compañías que buscan un reconocimiento de sus prácticas comerciales tiene las siguientes características definitorias:

Es probado y cierto: La Red sigue los pasos de SmartWood, el programa de certificación maderero más antiguo y respetado, que cuenta con una acreditación total de Forest Stewardship Council.  SmartWood fue iniciado por la Alianza para Bosques en 1989 y ha certificado más de 3,5 millones de acres de bosques debidamente manejados.

Opera transformando: La Red trabaja con pequeños agricultores, cooperativas de productores y corporaciones multinacionales, con el fin de transformar la industria de abajo hacia arriba, a la vez que ayuda a crear más consumidores informados.

Es amplio: Los criterios de la Red se refieren a los tres elementos de la fórmula del desarrollo sostenible: bienestar comunitario, protección ambiental y viabilidad económica.

Tiene alcance global: Nuestras conexiones internacionales hacen que la certificación de la Red tenga costos competitivos y sea sensible a las diferencias culturales. El personal del programa incluye experimentados biólogos, agrónomos y científicos sociales locales.

Comunica a productores con consumidores: La certificación conservacionista le brinda al consumidor un mecanismo para comunicarle sus preocupaciones y deseos a los agricultores, y a los productores y comercializadores les brinda un medio para llegar a un creciente número de consumidores “verdes” y concientes de la situación social. (Por ejemplo, en E.U., donde hay 65 millones de observadores de aves, con mucho interés en la conservación de bosques y otros hábitats tropicales, los birdwatchers están muy dispuestos a comprar café y otros productos con sellos verdes.)

Cultivos certificados

Bananos. En Centro y Sudamérica, la producción de banano cubre 12 millones de acres. Esta industria emplea a más de 10 millones de personas en la región y muchos más dependen indirectamente de la exportación de bananos. Históricamente la producción ha sido asociada con el gran uso de agroquímicos, pobres condiciones para los trabajadores y deforestación. El programa de certificación Better Banana asegura que los bosques son protegidos, los trabajadores son tratados con dignidad y se les brindan los servicios básicos, y el uso de productos químicos se reduce al mínimo o es eliminado. En el año 2000 la Red certificó la producción de más de 23.000 hectáreas de producción bananera en Centroamérica, Colombia y Ecuador. Estamos trabajando con cooperativas de pequeños productores y grandes empresas multinacionales para revolucionar esta industria tan influyente. En Costa Rica 7.384 hectáreas de banano están certificadas. Dos de las empresas certificadas son Platanera Río Sixaola y Cobal, subsidiaria de Chiquita Brands.

Café. El café es una de las cosechas más importantes de América Latina, tanto en términos de tierra (casi 6 millones de hectáreas) como de importancia económica. Tradicionalmente este cultivo se producía a la sombra de árboles nativos del bosque –brindando hábitat para la vida silvestre. Pero en un esfuerzo por aumentar la producción, muchos finqueros convirtieron sus técnicas de cultivo a pleno sol, las cuales son mucho más difíciles para el ambiente y carecen de valor para la vida silvestre. La Red trabaja con los agricultores para brindar café de calidad, responsable social y ambientalmente. Los estándares de la Red se basan en seis años de investigación del FIIT, el socio de la Red en Guatemala.

Cacao. Cada año, en el trópico húmedo, se producen más de dos millones de toneladas métricas de cacao para ser consumidas en los países desarrollados. El cacao es la cosecha principal de millones de agricultores. A diferencia de otras cosechas, tales como los bananos, se estima que el 70% de la producción de cacao proviene de pequeños agricultores que trabajan menos de dos hectáreas de tierra. El cacao, al igual que el café, puede crecer bajo la sombra de los árboles del bosque brindando un hábitat importante para la vida silvestre, sin afectar la habilidad del agricultor de obtener un medio de vida. El socio de la Red en Ecuador, Conservación y Desarrollo, ayuda a los pequeños agricultores a mejorar la producción, calidad y mercadeo de su cacao, a la vez que sus fincas se tornan en un mejor sitio para la vida silvestre y de mayor seguridad para sus familias. Más de 1.400 productores pequeños están efectuando las mejores necesarias para cumplir con las normas Eco-O.K.

Cítricos. Las plantaciones de naranjas y limas pueden ser una buena alternativa contra la ganadería insostenible en las áreas deforestadas. Las fincas de cítricos bien manejadas tienen un impacto mínimo en el paisaje y pueden brindar un ambiente de trabajo decente para los empleados. La Red ha certificado cinco fincas de cítricos adyacentes al Área de Conservación Guanacaste en Costa Rica –uno de los pocos remanentes de bosque tropical seco que aún existen en América Central. A medida que las plantaciones de cítricos se expanden en América Latina la Red está allí trabajando con las organizaciones locales y los agricultores, para asegurar la armonía entre las plantaciones, las comunidades y las tierras silvestres protegidas.  

Caña de azúcar. Imaflora, el socio de la Red en Brasil, coordina un proyecto amplio que analiza las crecientes preocupaciones de los activistas sociales y ambientales con respecto a los efectos de la producción de la caña de azúcar. Luego de dos años de trabajo cooperativo con la industria, los productores, los trabajadores, los ambientalistas, los científicos y las comunidades locales, se desarrollaron criterios socio-ambientales para las plantaciones de azúcar en Brasil. Con más de 21 millones de acres produciendo caña de azúcar en Latinoamérica, hay mucho que hacer. La producción del azúcar y la quema de los cañaverales son importantes fuentes de contaminación en las zonas de producción azucarera. Algunos productores azucareros de mentalidad pionera han demostrado que este cultivo puede ser producido de manera responsable. Los conservacionistas tienen un interés adicional: el etano producido a partir de la caña de azúcar es una alternativa más limpia que la gasolina.

Nuevos cultivos. La Red está investigando continuamente productos tropicales con potencial para ser certificados. La selección de nuevos productos para entrar en este proceso se basa en el impacto que tienen los cultivos en la gente local, el ambiente y el interés de la industria por producir un cambio. Éste es el caso de la producción de flores y helechos. Actualmente empresas productoras de helechos en Costa Rica están realizando las mejoras para optar por el sistema de certificación, lo cual es de suma importancia si se toma en cuenta que el país es el primer mundial.


El autor es director del Programa de Agricultura Conservacionista de Rainforest Alliance.

 

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