ficios ambientales y
sociales son normalmente seguros, aunque no resulten decisivos. Mas si ese público
fuera muy magro, o no creciente, la producción certificable no existiría, o no
se extendería, porque los productores no se arriesgarían a aumentar los costos
de producción en pos de productos que el mercado no reconociera como
merecedores de un mayor precio, pues en el ámbito de la producción mercantil
reina la competencia y nadie asume voluntariamente papeles desventajosos. Sólo
una vez difundidos y afianzados los valores y nuevos conocimientos en torno y en
pro de la naturaleza y los derechos humanos, el mercado, concurrido por
incansables perseguidores de ganancias económicas, viabiliza el establecimiento
de formas de producción ecológica y socialmente benignas o menos letales.
Aparte de la preferencia de los consumidores, únicamente restricciones
gubernamentales en contra de productos no certificados inclinarían a los
productores a formas de producción certificables, siendo éste un caso también
basado en la expansión de las ideologías ambientalista y pro derechos humanos.
En Costa Rica y en el mundo se certifica crecientemente y cada vez más diversos
productos. De todo esto trata esta edición.