A veces nos enredamos tanto en las discusiones acerca de si la Convención Mundial de Cambio Climático (CMCC) va a permitir financiar actividades forestales que perdemos de vista lo que realmente está en juego. Si no empezamos a quemar menos combustibles de origen fósil y menos bosques, posiblemente cambiaremos nuestro clima para siempre. Eso podrá perjudicar las vidas de cientos de millones de familias pobres. Según el informe Evaluación de impactos y vulnerabilidad del cambio climático, un resumen para los responsables de políticas [www.ipcc.ch], divulgado el mes pasado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), en el último siglo el promedio de la temperatura global subió aproximadamente 0,6º C, lo suficiente para derretir glaciares, causar inundaciones y sequías, alterar los relojes biológicos de algunas flores, insectos y pájaros, llevar ciertas especies al borde de la extinción y cambiar el ámbito geográfico de otras especies. A menos que tomemos medidas para detenerlo, la temperatura promedio aumentará entre 1,4 y 5,8º C durante los próximos cien años y el nivel del mar aumentará, en promedio, entre 0,1 y 0,9 m. Lloverá mucho más en algunos lugares y menos en otros. Los eventos climáticos extremos llegarán a ser comunes. Los peligros son mayores para los arrecifes coralinos, los bosques tropicales, los mangles y los prados nativos.

Los perdedores verdaderos serán las familias pobres que viven en las zonas tropicales. El informe del IPCC indica que los países en vías de desarrollo obtienen la mayor parte de sus ingresos de la agricultura y de otras actividades que dependen en forma directa del clima, lo que los hace más vulnerables. Además, las naciones y los hogares que carecen de recursos financieros, humanos y científicos tendrán muchas más dificultades para adaptarse. A diferencia de numerosas regiones templadas, los científicos predicen que el efecto del calentamiento global de la atmósfera reducirá los rendimientos potenciales de los productos agrícolas en la mayoría de las áreas tropicales. En muchas regiones subtropicales donde hay escasez de agua, el efecto del calentamiento global agravará este problema. Esto se aplica especialmente a África meridional y a Asia Central. El número de gente expuesta a contraer enfermedades como malaria, dengue y cólera aumentará considerablemente. Por el lado positivo, el agua podrá estar más disponible en partes del sureste de Asia y los rendimientos potenciales de la madera se incrementarán en todas las zonas tropicales, pero estos efectos positivos parecen ser de menor importancia que los negativos.

Por lo tanto, los que creen que solamente los países ricos pueden darse el lujo de preocuparse por el cambio climático, deben pensarlo de nuevo. Como a menudo resulta ser, son los pobres quienes van a sentir y resentir más el cambio.

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