Del Oro se estableció a mediados de los años ochenta con plantaciones de naranja en La Cruz, provincia de Guanacaste. Posee 7.000 hectáreas de terreno, de las cuales 3.000 están plantadas de cítricos y, de ellas, 550 constituyen la finca orgánica más grande de Centroamérica. Las 4.000 hectáreas restantes son bosques que se mantienen dentro del régimen forestal del país. Recientemente la empresa ha desarrollado, con el apoyo de la más alta tecnología y de acuerdo con las más modernas tendencias productivas, un patio de abono orgánico, debidamente diseñado y establecido para atender la disposición de la pulpa y cáscara de naranja para su transformación en un producto de alta calidad reutilizable en sus mismas plantaciones.

Del Oro, que además de la fruta que produce compra otra a productores de la zona norte y de otras regiones del país, puso en operación en 1995 una planta industrial que produce jugo pasteurizado y concentrado que es vendido a Europa y Norteamérica y, también –el concentrado-,  a la empresa nacional Dos Pinos. Más de 60 productores de naranja son propietarios del 13% del capital de esa planta. La empresa tiene 240 empleados permanentes y durante la cosecha más de mil temporales.

Como empresa miembro de CDC Group, organismo financiero de capital británico con más de 25 años de operar en el país, Del Oro se rige por los más altos estándares en materia laboral, de salud y ambiental. No utiliza fungicidas ni pesticidas en sus procesos de producción de la fruta y extracción de jugo y el tratamiento de las naranjas se hace con productos de mínimo impacto y biodegradables, lo que garantiza un jugo totalmente natural. Los colaboradores de las fincas de Del Oro, así como quienes laboran en la planta industrial, el grupo administrativo y los productores que le venden fruta a la empresa, reciben capacitación continua acerca de esta nueva agroindustria.

La certificación Eco-OK

Al igual que otros procesos agrícolas, el cultivo de naranja hace uso de agroquímicos que pueden producir contaminación ambiental y daños a la salud de los trabajadores y comunidades, además de generar gran cantidad de desechos sólidos y líquidos. El programa Eco-OK de la Red de Agricultura Conservacionista, mediante su proyecto de naranja, reconoce la importancia de contribuir con la reducción del impacto negativo de esta actividad en ecosistemas tropicales, a través de cambios en el sistema de producción. Así, en 1995, con la intermediación de Daniel Janzen, connotado investigador estadounidense y colaborador pionero del Área de Conservación Guanacaste, se acordó la relación entre aquel programa y Del Oro, iniciándose un proceso de inspección de las fincas de la empresa para proponer cambios en infraestructura y manejo que permitieran alcanzar dicho objetivo (esas fincas se ubican en la zona de amortiguamiento del Área de Conservación Guanacaste, que incluye la única extensión significativa de bosque seco tropical en el ámbito mundial, sitio de alta biodiversidad y de almacenamiento de agua y nutrientes).

Las ventajas ofrecidas por el programa Eco- OK eran: introducir a Del Oro y sus productos en un mercado mundial de sellos verdes certificando sus productos, buscar nuevas alternativas de producción, mejorar la calidad de vida de los trabajadores y conservar el ecosistema natural por medio de un manejo innovador de la agricultura.

Se empezó determinando -en un taller que reunió a productores de naranja y ambientalistas- los parámetros idóneos del programa de certificación. Luego se hizo un diagnóstico de las posibilidades reales de certificación que la empresa tenía, que se concluyó en abril de 1996. Y, finalmente, se procedió al proceso de certificación en sí, que supuso mejoras en estructura, tecnología y monitoreos periódicos, lo cual le ha permitido a las fincas de Del Oro contar con el certificado Eco-OK desde 1997.

Debido a que Del Oro tiene más de un 50% de su área en conservación forestal, y que en las prácticas agrícolas no se utilizaban agroquímicos de banda roja, los cambios tecnológicos fueron muy pocos: sólo debía dejarse de usar el paraquat, que pertenece a la “docena sucia”. Se empezó, además, a monitorear constantemente las aguas y a hacer exámenes de colinesterasa a los trabajadores agrícolas. Pero el mayor cambio fue en infraestructura, por la reconstrucción que hubo que hacer de todas las instalaciones, que no ofrecían suficientes condiciones de seguridad: construyéronse bodegas ventiladas y  bien rotuladas, con separación entre productos, drenajes y trampas, a fin de detener derrames, y se instalaron lavaojos y extinguidores, entre otros. Además se mejoraron los tractores, poniéndoseles cabinas y protectores de vuelco. También se hicieron áreas de lavados de maquinaria, servicios sanitarios y baños para los trabajadores. Asimismo, se estableció el Programa de Salud Ocupacional.

Del Oro es la única empresa procesadora de cítricos en el mundo certificada con los Iso 9.002 y 14.001, y sus plantaciones son las primeras en el mundo en contar con la certificación Eco-OK de la Red de Agricultura Conservacionista, la cual da fe del manejo ambientalmente adecuado de aquéllas. Esta posición privilegiada ha permitido a Del Oro promover sus productos en los mercados internacionales con especial éxito.

El desarrollo de los sellos verdes es cada día mayor en Europa y Estados Unidos. Encuestas norteamericanas reflejan que si bien el cuidado del ambiente no es determinante en una decisión de compra, sí lo es el hecho de que un producto sea perjudicial ambientalmente. Se estima que el 60% de los americanos adultos compran productos con sello verde, y eso está aumentando.  


La autora es asesora en comunicación de Del Oro.

 

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