
Por todo el mundo, mujeres cosechan y procesan productos forestales no maderables para venderlos. Para las mujeres pobres de Maranhao, Brasil, la extracción de los granos de la palma de babacu es su única fuente de ingreso. Dicha actividad involucra a más de 300.000 familias. Las mujeres en Botswana, India, Malasia y otros países tejen canastos, tapetes y platos de materiales procedentes de productos forestales. Las mujeres también recogen y procesan nueces y frutas exóticas, plantas medicinales y palmitos.
Estas actividades ofrecen empleo y generan ingresos. Sin embargo, en la mayoría de los casos las mujeres ganan poco por cada hora de trabajo y los procesos tecnológicos involucrados son muy rudimentarios y laboriosos. Muchas veces, los hombres controlan la mayoría de las ganancias. Gran parte del trabajo se realiza en la casa o en los bosques cercanos, barbechos y huertas caseras, lo que permite a las mujeres combinar estas actividades con la crianza de los niños y con otras labores domésticas, pero también puede mantenerlas política y culturalmente aisladas y privarlas del acceso a trabajos y productos que están lejos de sus casas.
A menos que los organismos tengan cuidado, proyectos designados para promover el procesamiento y comercio de productos forestales no maderables pueden tener un impacto negativo para las mujeres. Cuando las máquinas reemplazaron la puntada a mano en la producción de platos de sal en la India, los hombres desplazaron muchas mujeres y las dejaron sin trabajo. En otro caso, en la India, la promoción de un plan de manejo forestal formal para promover la extracción de productos forestales no maderables, también llevó a que los hombres se encargaran de una actividad que era primordialmente femenina. Similarmente, las mujeres no pudieron participar en un proyecto de nueces de galip en la Papua Nueva Guinea, debido a que el proyecto centralizaba las actividades de procesamiento en una ciudad distante de sus hogares.
Por otro lado, la inclusión en los proyectos de componentes específicos para las mujeres puede ayudarles a aumentar su poder político y sus habilidades para defender sus intereses económicos. En Ghana, las mujeres aceptaron la creación de una asociación de recolectores de hojas con mucho entusiasmo, lo cual aumentó su capacidad para negociar con el departamento forestal y su influencia política dentro de sus comunidades. Más de 1.300 mujeres campesinas en Uganda fueron beneficiadas por un proyecto, planteado específicamente para ellas, en el cual se produce y vende una mantequilla derivada del árbol de Shea (Vitellaria paradoxa).
Éstas son algunas de las conclusiones de Comercialización de productos forestales no maderables: Evaluación y Análisis de Investigación, que es el informe de la investigación encargada por Cifor y Fao a Roderick Neumann y Eric Hirsch. Los aspectos relacionados con género constituyen solamente una pequeña parte de los temas que cubre: entre éstos está el de quién se beneficia de las actividades estudiadas, el de cuánta presión soportan los recursos naturales involucrados y el de las posibles acciones para mejorar el manejo de éstos por parte de gobiernos y organizaciones no gubernamentales y rurales. Además, el documento provee una síntesis de la literatura sobre la cosecha y procesamiento de productos forestales no maderables para comercializar.
[ Copia electrónica o impresa de este informe de investigación (en inglés) puede ser solicitada a:
n.sabarniati@cgiar.org. Comentarios (en inglés) pueden enviarse a: Roderick Neumann (neumannr@fiu.edu). La anterior nota fue hecha por Expertos en Políticas Forestales (Polex), del Centro Internacional de Investigación Forestal (Cifor)]