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No tenemos problemas
por Marvin Acuña |
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Desde inicios de la expansión del sector turismo, a mediados de los ochentas, el turismo de sol y playa (entendido en sentido amplio: sol y playa, buceo, pesca, surfing y observación de fauna marina) se ha consolidado como un importante segmento de la oferta turística de Costa Rica . Esto, no obstante la exitosa promoción y posicionamiento del país como uno de los principales destinos ecoturísticos del mundo, cosa lograda gracias -entre otros factores- a los esfuerzos pioneros de crear, desarrollar y consolidar un sistema nacional de áreas protegidas y a que la presión ambientalista para incorporar el desarrollo sostenible a la agenda de discusión nacional trajo importantes cambios en la esfera estatal (nuevas y renovadas instancias estatales, leyes, programas estatales) tendientes a la protección del ambiente y visibles internacionalmente. La paradoja en la que el segmento de turismo de sol y playa se ha desarrollado en Costa Rica es solo aparente: los recursos costeros -playas, humedades, estuarios, etcétera, protegidos o no- son parte incuestionable e indivisible de los atractivos turísticos con que cuenta el país; aunque sí es cierto que tal turismo tiene aquí un desarrollo bastante peculiar debido al vigor creciente del ecoturismo. Entre los factores que dan cierta singularidad a ese segmento del mercado turístico de Costa Rica destacan los siguientes: (1) el ecoturismo como actividad económica empresarial, social y ambientalmente responsable ha permeado con sus valores de gestión a los otros segmentos de este mercado; (2) en este segmento de mercado el sello eco se ha vuelto de interés estratégico en la gestión de algunos empresarios, contribuyendo ello a mejorar el desempeño social y ambiental de sus empresas: introduciendo mejoras en algunos de los sistemas o procesos de gestión en busca de acreditaciones o de una Certificación de Sostenibilidad Turística del Instituto Costarricense de Turismo (ICT) o internacional; (3) esta estrategia ha estado dirigida a lograr lo que algunas empresas ecoturísticas hoy capitalizan y a mejorar la competitividad y rentabilidad de sus actividades, incursionando en determinados nichos de mercado, y (4) en virtud de que el ecoturismo compite con ventaja con el segmento de sol y playa en el uso de los mismos recursos con atractivo turístico, y por razones de escala, inversión, acceso de pequeños empresarios, desarrollo local, preservación del patrimonio natural y de rentabilidad, se ha frenado en alguna medida el desarrollo de megaproyectos, dando origen a un patrón de desarrollo turístico costero de menor escala. No obstante, en consideración a diversos factores de aglomeración, este desarrollo turístico particular no ha estado exento de impactos sociales, culturales y ambientales. Efectivamente, la tesis de los megaproyectos como rasgo característico de la expansión del segmento del turismo de sol y playa en el país no tiene fundamento. En sentido estricto, aglomerados de megaproyectos turísticos en una sola franja costera, propio de Acapulco y Cancún -en México- y de otros destinos del Caribe, no encuentran referentes en Costa Rica. Por ejemplo, Meliá, Playa Conchal, Barceló, Playa Langosta y Hotel Flamingo, en Playa Flamingo, en el corredor turístico Tamarindo-Flamingo -en Guanacaste- están lejos del patrón de desarrollo turístico anteriormente mencionado. El proyecto de Papagayo promovido por el ICT en Bahía Culebra -Guanacaste- está también lejos de ser el mega-destino de hasta 20.000 habitaciones que se proyectaba hace más de veinte años para convertirse hoy en un proyecto concesionario, fuertemente regulado, que ha promovido un concepto de desarrollo turístico innovador, dirigido a un segmento de mercado de medianos y altos ingresos; el Hotel Four Seasons, recientemente inaugurado, es la expresión más acabada de ese concepto. De las características atribuidas al segmento de
sol y playa de la oferta turística del país, derivadas tanto
de la observación como del análisis, se desprende la siguiente
hipótesis de trabajo: los impactos sociales, culturales y ambientales
asociados a la expansión de ese segmento han sido causados principalmente
por dos factores: (a) por un patrón de desarrollo turístico
que ha favorecido la aglomeración de actividades turísticas
pequeñas y medianas de diversa naturaleza en un determinado destino,
amplificando los efectos de escala por procesos de agregación,
generando tantos o más impactos perversos de los que podrían
ser causados por los megaproyectos, y (b) por las debilidades institucionales,
organizacionales, instrumentales y de gestión de los gobiernos
locales en diseñar y poner en práctica criterios de ordenamiento
territorial que en la forma de planes reguladores y de zonificación
la ley les faculta realizar.Las reflexiones anteriores y las hipótesis
preliminares propuestas son una invitación para plantear enfoques
alternativos para realizar investigaciones más profundas con el
fin de determinar los impactos económicos, sociales, culturales
y ambientales asociados a la expansión del segmento sol y playa
en el desarrollo turístico del país. |
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