Conciliamos turismo y naturaleza

Rodolfo Lizano y Alberto Salas

 

 

No cabe la menor duda de que el turismo ha cambiado a Costa Rica en lo económico, en lo ambiental y en lo social, ámbitos éstos que, si se equilibran bien, nos pueden permitir marchar por la senda del desarrollo sostenible en esa actividad tan dinámica y evolutiva que es el turismo, la cual parece haber llegado para quedarse. En menos de dos décadas, Costa Rica ha cambiado su imagen internacional: de ser una ejemplar democracia centenaria latinoamericana y el primer país sin ejército regular en el mundo, ha pasado a ser un destino, un lugar perdido en el mapa que muchos turistas desean conocer y disfrutar. Y no es que nuestra imagen positiva como nación pacífica y democrática se haya borrado, sino que, además, nos hemos convertido en uno de los rincones más apetecidos del planeta para pasar unas vacaciones, las cuales a veces se prolongan por muchos años, ya que un importante porcentaje de los turistas que nos visitan decide volver y quedarse. Si siempre fuimos una nación abierta a quienes en sus propios países luchaban por libertad y democracia y se veían obligados a salir para salvarse, ahora vivimos otra era de inmigrantes viajeros que desean hacer un nuevo nido en los árboles de nuestras apacibles selvas y playas tropicales. Porque, sin ser exagerados, tenemos de las mejores playas y de los mejores atractivos naturales que se encuentran en los trópicos, y con la particularidad de poseerlos en tan solo un pedacito de territorio, lo que nos da ventajas respecto de los llamados países megadiversos, donde las distancias se vuelven un obstáculo para el pleno disfrute del tiempo libre de quienes vacacionan.

Además, tenemos tantas playas que podemos darnos el lujo de evitar que sean tomadas por las masas, por las muchedumbres, como sucede en diversos destinos de playa de todo el orbe. Hasta ahora, y por una definida política del desarrollo turístico establecida en el estado por medio de las potestades con las que cuenta el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) gracias a la Ley de la Zona Marítimo-Terrestre (ZMT), el planeamiento costero debe darse con una fórmula que combina la baja densidad con la baja altura de las edificaciones. Los llamados planes reguladores costeros definen el crecimiento controlado que debe darse en el litoral para evitar la masificación de nuestras playas y demás recursos turísticos costeros; no puede construirse más allá de cierta densidad y cierta altura salvo en casos aislados ubicados en localidades que son cabeceras de cantón (como Puntarenas, Jacó, Quepos, Golfito y Limón), donde no rige la mencionada ley de la ZMT sino la de Planificación Urbana, así como también en propiedades litorales que fueron inscritas como propiedades privadas de conformidad con un artículo específico y transitorio de la misma ley, las cuales no están sujetas a los planes reguladores (en Flamingo, por ejemplo, algunas edificaciones de mediano tamaño han superado las alturas del perfil paisajístico de la propia naturaleza).

No obstante la libertad que tienen muchos empresarios de sujetarse a regulaciones como las mencionadas, ellos prefieren realizar los proyectos turísticos costeros evitando las aglomeraciones propias de, por ejemplo, el Caribe, el Mediterráneo y Florida. Es así como en Costa Rica varios de los llamados megaproyectos no se pueden concebir como para megaturismo, debido a que no se producen ni las grandes concentraciones de vacacionistas ni los impactos ambientales que ese fenómeno traería consigo. Polos turísticos en proceso, como el del Golfo de Papagayo -impulsado por el propio ICT-, y desarrollos privados, como Playa Conchal, Pinilla, Tambor y Los Sueños, van creciendo en etapas graduales y con densidades que no producen los nocivos impactos ambientales, sociales y económicos que se pueden encontrar en otros polos turísticos que funcionan como verdaderos enclaves en los que la población local queda al margen de las bondades del desarrollo turístico sostenible, que es el que se pretende impulsar en Costa Rica y que la región centroamericana también está adoptando siguiendo el liderazgo que llevamos en la materia.

Desde el inicio de la década de los noventa, en que se nos empezaba a reconocer como el país líder en ecoturismo que somos, el ICT se dio a la tarea de crear instrumentos que reflejaran con claridad la filosofía que el país ha manejado en relación con el desarrollo sostenible, en el que Costa Rica, sin haber sido pionera en políticas proteccionistas de la naturaleza, ha llegado a tener un fuerte liderazgo en América Latina y el Caribe. En la consolidación del sistema de áreas protegidas ha jugado un papel decisivo el crecimiento del ecoturismo, que contribuye al sostenimiento de ésas gracias al pago que cada visitante hace por ingresar a ellas.

Por la simbiosis existente entre áreas protegidas y turismo (se benefician recíprocamente) es que se creó el Certificado de Sostenibilidad Turística (CST), que es un programa que procura una aplicación integral del concepto de desarrollo sostenible en la industria turística otorgando un sello de calidad -un certificado de sostenibilidad- a las empresas turísticas que trabajan fuertemente en la búsqueda de un equilibrio entre beneficios económicos, sociales y ambientales, estimulándolas para lograr una mayor interacción con las comunidades cercanas. El CST ha recibido reconocimiento de la Organización Mundial del Turismo, que le ha conferido a Costa Rica el liderazgo del Comité de Turismo Sostenible, y ha tenido también aceptación en el seno del Consejo Centroamericano de Turismo, formado por todos los ministros de Turismo de Centroamérica y del Caribe. Por decreto ejecutivo el CST es respaldado por una Comisión Nacional de Acreditación conformada por el ICT y diferentes organizaciones públicas y privadas que trabajan en diversos ámbitos: Universidad de Costa Rica, Ministerio del Ambiente, Instituto Nacional de Biodiversidad, Cámara Nacional de Turismo, Instituto Centroamericano de Administración Empresarial, UICN, Consejo de la Tierra -de N.U.-, etcétera... Y apenas estamos empezando. Tenemos que profundizar en este camino recién abierto para bien de Costa Rica.

Rodolfo Lizano, biólogo, es director de Planificación del Instituto Costarricense de Turismo, y Alberto Salas, arquitecto, es jefe de Fomento y coordinador del programa de Certificación de Sostenibilidad Turística de ese mismo Instituto.