Revista mensual sobre la actualidad ambiental - Nº 126 - Marzo 2004 - ¢400 - ISSN 1409-214X

 

 

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Nuestra Portada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El creciente flujo turístico a Costa Rica nos ofrece la posibilidad de reducir progresivamente la desarmonía entre crecimiento económico y protección de la naturaleza, en virtud de que el nuestro es un turismo que mayoritariamente gravita en torno a los atractivos naturales del territorio nacional. Cierto que éstos no se pueden ofrecer en bruto -se precisa vías de comunicación, hostelería y la extensa y ecológicamente onerosa telaraña de bienes y servicios para la supervivencia y comodidad de individuos formados con normas de consumo del Primer Mundo. Pero, a pesar de ello, la exposición de la naturaleza y la facilitación del contacto con ella al público es, ahora, uno de los negocios con más potencialidad de inocuidad ambiental. El consumidor de naturaleza -buceadores, senderistas, fotógrafos, kayaquistas, etcétera- apetece y paga por lo virgen o, en el peor caso, por lo que se ha alejado poco de lo virgen, o sea, lo rural muy bajamente tecnologizado, lo artesanal, lo ingenuo… y en el marco de nuestra exuberante naturaleza, nuestras paz y armonía sociales fácilmente son asociadas (en el inconsciente o en el preconsciente de cada individuo) con el mito del paraíso perdido, que es el lugar de la virginidad y la ingenuidad. Y, además de lo virgen, el consumidor de naturaleza apetece lo diverso (en general, la apetencia por lo diverso es consustancial a todo turismo), que en nuestro caso lo es altamente el medio ecosistémico y, muy menormente -en comparación con los otros países de la región-, nuestro medio cultural. Ambos medios debemos protegerlos, primero por su valor intrínseco y luego porque son clave para asegurar las bases del ecoturismo en nuestro territorio.


Ahí está la clave de nuestro desarrollo turístico, y éste, si lo vemos así, puede a su vez ser la clave de un bienestar económico nacional creciente -con equidad- y de una efectiva protección de nuestros ecosistemas. Hospedajes para muchedumbres agolpadas, marinas multitudinarias y faraónicos campos de golf, en ecosistemas frágiles, terminarían reventando los ecosistemas, destruyendo las comunidades locales y, en el mismo movimiento, erosionando la imagen del destino turístico global que constituye Costa Rica, acabando poco a poco con el negocio -o haciéndolo derivar hacia otro tipo de negocio turístico- y malogrando la posibilidad de seguir protegiendo la naturaleza sin perjudicar el ingreso de divisas.


En esta edición, dedicada al turismo en Costa Rica, se recalca la necesidad de conciliación entre naturaleza y desarrollo turístico, unos autores señalando faltantes y otros anotando suficiencias; se exalta el ecoturismo realizado verdaderamente con las comunidades y se analiza algunas experiencias; se describe el agroecoturismo de cara a la experiencia nacional; a la par que se descalifica la opción de turismo que representan los megaproyectos, se discute la existencia de éstos en el país, y, finalmente, se caracteriza las certificaciones turísticas.

 

 

 

Falta armonizar turismo y conservacióna

Randall García

 

Turismo y naturaleza conciliados

Rodolfo Lizano y Alberto Salas

 

Turismo, áreas protegidas y Estado de la Nación

Eduardo Carrillo

 

Observación de tortugas es rentable en Tortuguero

Sebastián Tröeng

 

Ecoturismo de enclave en Tortuguero

Carlos Morera

 

Agroecoturismo en Costa Rica

Rosaura Monge

 

Turismo rural comunitario en Costa Rica

Arantxa Guereña

 

Megaproyectos turísticos nos destruirán

Gady Amit

 

No tenemos problemas por megaproyectos turísticos

Marvin Acuña

 

Certificaciones turísticas

Damaris Chaves

 

 

 

 

La conservación de donantes

Reseñas de estudios.

 

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