Debilidades en lo ambiental
en Estado de la Nación

--Leiner Vargas-

 

Es altamente reconocido el aporte que el informe sobre el Estado de la Nación ha hecho en los medios académico y político y entre otros actores de la sociedad costarricense. Es bastante común encontrarse citas de ese informe en periódicos, conferencias, trabajos universitarios e inclusive en disputas de carácter legal. Los temas de la agenda del informe son de amplia cobertura y, por lo general, de un balance apropiado. El ámbito de lectura de aquél ha trascendido el sector universitario y de educación básica convirtiéndose claramente en un informe leído y aceptado en el medio empresarial, en el de prensa y en el de organismos internacionales.


Pero, como bien lo supieron grandes iniciativas exitosas del pasado, existe el deber de irse ajustando a las nuevas realidades e ir cambiando. Éste quizás es el reto del informe en lo que respecta a su capítulo "Armonía con la naturaleza". Si bien es cierto el esfuerzo de redacción de éste se ha estructurado en áreas temáticas y de seguimiento anual, la excesiva repetición de temas y la escasa investigación en algunos campos ha hecho que el informe continúe repitiendo de una u otra forma los problemas sin mayores contribuciones. Esto tendría el efecto, en poco tiempo, de hacer del informe un cuerpo inerte, como muchas otras publicaciones del pasado en las áreas de planificación del desarrollo. El carácter polémico del debate ambiental y de influencia en la toma de decisiones ha venido a menos, en parte por un cierto cansancio en la redacción y, también, por una aproximación a los temas poco dinámica y hasta repetitiva.


El capítulo "Armonía con la naturaleza" se desarrolla a partir de un enfoque que contempla tres procesos: gestión del patrimonio, gestión del cambio y gestión del riesgo. Si bien este estilo de redacción ha permitido estabilizar una agenda que es sumamente amplia y compleja, la poca dinámica e integración de los apartados puede llevar al informe a una situación de simple descripción de hechos.


El abordaje referente a gestión del patrimonio tiende a evidenciar una visión bastante parcializada de lo que es el ambiente, concentrándose en los temas de la agenda verde y, sobre todo, en lo que se refiere a conservación. En realidad, entendido como capital natural, el patrimonio ambiental va más allá de la suma de áreas protegidas y zonas de vida silvestre y/o parques nacionales. Superar esta concepción hace necesaria una modificación del enfoque y de la concepción del mismo. Se requiere una mayor dinámica y mejorar la capacidad analítica de este apartado.


El segundo apartado, referente a gestión del cambio, aunque debiera ser el de mayor efecto, parece ser -como ya se dijo- una descripción de hechos más que un análisis de los mismos. En él, por cierto, se refleja cierto estancamiento de los mecanismos de innovación institucional operados en el inicio de los noventa y, al mismo tiempo, parece que la agenda de cambio tiende a encaminarse hacia conflictos menores y procesos de menor alcance. Si bien el informe no es culpable de la mayor estabilidad de la realidad ambiental, sí debiera verse con preocupación la escasa innovación institucional en el sector en los últimos años. Esto requiere una lectura analítica de los temas y una actualización de la agenda ambiental global. Temas como la vinculación entre comercio y ambiente, temas nuevos como el de derechos de propiedad, y otros como el de la relación ser humano-naturaleza en entornos globales y tecnológicos, debieran balancearse con lo tradicional asociado a protección del patrimonio cultural, a ambiente y pueblos indígenas, etcétera.


Finalmente, el apartado de gestión del riesgo esboza de forma escasamente documentada algunos de los tópicos, más como un seguimiento del tema de riesgos concretados que con el ánimo de llamar la atención sobre los riesgos potenciales, que son los que podrían mover la agenda política y social hacia nuevos avances. Si bien estos últimos son más difíciles de percibir y describir, la sociedad apreciaría un enfoque futurista, que requeriría investigación de mayor alcance para el informe.


Una crítica más general, pero no menos importante, al capítulo "Armonía con la naturaleza" es su escasa vinculación con el resto del Estado de la Nación. Si bien es cierto la literatura más reciente ha dejado claro los vínculos que existen entre capital natural, capital social y crecimiento económico, de la lectura de los últimos informes del Estado de la Nación se puede inferir una pobre relación entre los diversos temas que cubre. Más claro se hace esto en relación con el capítulo "Oportunidades, estabilidad y solvencia económicas", cuyos ligámenes con los temas de capital natural y de capital social son especialmente débiles. Un balance e integración de los capítulos requiere una mejora en la conceptualización del informe Estado de la Nación en su conjunto, la cual pareciera venir a menos a partir de los primeros dos o tres informes.


Aunque el informe debe mantener respeto y rigurosidad académica, no puede convertirse en una simple descripción de hechos sin mayores valoraciones normativas acerca de ellos. Él debe ser capaz de reflejar las contradicciones, conflictos y aspiraciones presentes en una realidad compleja y dinámica, por lo que para mantener su presencia y su importancia deberá dejar sentada alguna senda de criterio sobre el devenir costarricense, lo que está bastante más allá del recuento enciclopédico.


Una percepción un tanto más individual y de criterio es que el informe debería abordar ciertos temas con una rigurosidad científica mucho mayor, de forma que a lo largo de los años se cubra los distintos temas de la agenda ambiental. Esto necesariamente implicaría una rotación permanente del equipo base de trabajo del informe, aspecto que si bien es un problema por la estabilidad del proyecto, le daría una mayor riqueza a la redacción y al debate. Una forma prudente de hacerlo sería encargar a cada universidad estatal, de acuerdo con sus fortalezas en investigación, segmentos relacionados y encargar investigaciones concretas para el informe por períodos de cuatro años, de tal forma que se reflejara mayores niveles de especificación y precisión de la investigación.

 

Leiner Vargas, economista, es director de la Maestría en Política Económica de la Universidad Nacional.