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Es altamente reconocido el aporte que el informe sobre el
Estado de la Nación ha hecho en los medios académico y político
y entre otros actores de la sociedad costarricense. Es bastante común
encontrarse citas de ese informe en periódicos, conferencias, trabajos
universitarios e inclusive en disputas de carácter legal. Los temas
de la agenda del informe son de amplia cobertura y, por lo general, de
un balance apropiado. El ámbito de lectura de aquél ha trascendido
el sector universitario y de educación básica convirtiéndose
claramente en un informe leído y aceptado en el medio empresarial,
en el de prensa y en el de organismos internacionales.
Pero, como bien lo supieron grandes iniciativas exitosas del pasado, existe
el deber de irse ajustando a las nuevas realidades e ir cambiando. Éste
quizás es el reto del informe en lo que respecta a su capítulo
"Armonía con la naturaleza". Si bien es cierto el esfuerzo
de redacción de éste se ha estructurado en áreas
temáticas y de seguimiento anual, la excesiva repetición
de temas y la escasa investigación en algunos campos ha hecho que
el informe continúe repitiendo de una u otra forma los problemas
sin mayores contribuciones. Esto tendría el efecto, en poco tiempo,
de hacer del informe un cuerpo inerte, como muchas otras publicaciones
del pasado en las áreas de planificación del desarrollo.
El carácter polémico del debate ambiental y de influencia
en la toma de decisiones ha venido a menos, en parte por un cierto cansancio
en la redacción y, también, por una aproximación
a los temas poco dinámica y hasta repetitiva.
El capítulo "Armonía con la naturaleza" se desarrolla
a partir de un enfoque que contempla tres procesos: gestión del
patrimonio, gestión del cambio y gestión del riesgo. Si
bien este estilo de redacción ha permitido estabilizar una agenda
que es sumamente amplia y compleja, la poca dinámica e integración
de los apartados puede llevar al informe a una situación de simple
descripción de hechos.
El abordaje referente a gestión del patrimonio tiende a evidenciar
una visión bastante parcializada de lo que es el ambiente, concentrándose
en los temas de la agenda verde y, sobre todo, en lo que se refiere a
conservación. En realidad, entendido como capital natural, el patrimonio
ambiental va más allá de la suma de áreas protegidas
y zonas de vida silvestre y/o parques nacionales. Superar esta concepción
hace necesaria una modificación del enfoque y de la concepción
del mismo. Se requiere una mayor dinámica y mejorar la capacidad
analítica de este apartado.
El segundo apartado, referente a gestión del cambio, aunque debiera
ser el de mayor efecto, parece ser -como ya se dijo- una descripción
de hechos más que un análisis de los mismos. En él,
por cierto, se refleja cierto estancamiento de los mecanismos de innovación
institucional operados en el inicio de los noventa y, al mismo tiempo,
parece que la agenda de cambio tiende a encaminarse hacia conflictos menores
y procesos de menor alcance. Si bien el informe no es culpable de la mayor
estabilidad de la realidad ambiental, sí debiera verse con preocupación
la escasa innovación institucional en el sector en los últimos
años. Esto requiere una lectura analítica de los temas y
una actualización de la agenda ambiental global. Temas como la
vinculación entre comercio y ambiente, temas nuevos como el de
derechos de propiedad, y otros como el de la relación ser humano-naturaleza
en entornos globales y tecnológicos, debieran balancearse con lo
tradicional asociado a protección del patrimonio cultural, a ambiente
y pueblos indígenas, etcétera.
Finalmente, el apartado de gestión del riesgo esboza de forma escasamente
documentada algunos de los tópicos, más como un seguimiento
del tema de riesgos concretados que con el ánimo de llamar la atención
sobre los riesgos potenciales, que son los que podrían mover la
agenda política y social hacia nuevos avances. Si bien estos últimos
son más difíciles de percibir y describir, la sociedad apreciaría
un enfoque futurista, que requeriría investigación de mayor
alcance para el informe.
Una crítica más general, pero no menos importante, al capítulo
"Armonía con la naturaleza" es su escasa vinculación
con el resto del Estado de la Nación. Si bien es cierto la literatura
más reciente ha dejado claro los vínculos que existen entre
capital natural, capital social y crecimiento económico, de la
lectura de los últimos informes del Estado de la Nación
se puede inferir una pobre relación entre los diversos temas que
cubre. Más claro se hace esto en relación con el capítulo
"Oportunidades, estabilidad y solvencia económicas",
cuyos ligámenes con los temas de capital natural y de capital social
son especialmente débiles. Un balance e integración de los
capítulos requiere una mejora en la conceptualización del
informe Estado de la Nación en su conjunto, la cual pareciera venir
a menos a partir de los primeros dos o tres informes.
Aunque el informe debe mantener respeto y rigurosidad académica,
no puede convertirse en una simple descripción de hechos sin mayores
valoraciones normativas acerca de ellos. Él debe ser capaz de reflejar
las contradicciones, conflictos y aspiraciones presentes en una realidad
compleja y dinámica, por lo que para mantener su presencia y su
importancia deberá dejar sentada alguna senda de criterio sobre
el devenir costarricense, lo que está bastante más allá
del recuento enciclopédico.
Una percepción un tanto más individual y de criterio es
que el informe debería abordar ciertos temas con una rigurosidad
científica mucho mayor, de forma que a lo largo de los años
se cubra los distintos temas de la agenda ambiental. Esto necesariamente
implicaría una rotación permanente del equipo base de trabajo
del informe, aspecto que si bien es un problema por la estabilidad del
proyecto, le daría una mayor riqueza a la redacción y al
debate. Una forma prudente de hacerlo sería encargar a cada universidad
estatal, de acuerdo con sus fortalezas en investigación, segmentos
relacionados y encargar investigaciones concretas para el informe por
períodos de cuatro años, de tal forma que se reflejara mayores
niveles de especificación y precisión de la investigación.
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