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La participación de la sociedad civil en el campo
ambiental fue un tema poco relevado en el capítulo "Armonía
con la naturaleza" del Estado de la Nación (2003), similarmente
a como sucedió en las cuatro ediciones anteriores a éste.
Tal tema es abordado, en este último informe, tímida y sectorialmente,
de modo poco integral, lo cual hace que las conclusiones del capítulo
no permitan ver bien los obstáculos a una mejoría en la
gestión ambiental nacional ni los avances logrados.
Dicho capítulo parte de la consideración de tres ejes conceptuales
correspondientes a tres procesos en marcha: gestión del patrimonio,
gestión del cambio y gestión del riesgo, procesos que, anotamos
nosotras, deben contar con la participación social para lograr
articularse en un esfuerzo de país y poder rescatar, conceptual
y prácticamente, las iniciativas estatales y de la sociedad civil.
El tema de la participación civil es el eje que, probablemente,
lograría integrar esos procesos que todavía se perciben
como elementos aislados en el capítulo.
Entre los aportes dados para la elaboración del capítulo
"Armonía con la naturaleza" estuvieron algunos cuyo papel
era facilitar el entendimiento de los avances y retrocesos de la participación
civil en materia de conservación y uso sostenible de los recursos
naturales. Sin embargo, seguramente por limitación de espacio,
en la versión final de ese capítulo solo se incluyeron,
y de forma aislada, algunos casos de participación civil analizados
por nosotras, omitiendo los planteamientos que los acompañaban
referentes a las características necesarias para que la participación
en el campo ambiental sea efectiva, sostenible y respetuosa de los individuos.
Estos planteamientos los presentamos a continuación como complemento
necesario a lo dado a conocer por el Estado de la Nación.La participación
debe de ser significativa e involucrar a los sectores con equidad: Para
que la participación sea significativa debe estar basada en el
acceso a oportunidades, en información y en generación de
conocimiento para la toma de decisiones. Si se pretende contribuir efectivamente
a los propósitos de la conservación y el mejoramiento de
la calidad de vida de las poblaciones, es necesario que las mujeres se
conviertan en sujetos activos de sus derechos ambientales, y humanos en
general, de modo que se viabilice un desarrollo social y personal con
equidad y justicia. Los covirenas (comités de vigilancia de los
recursos naturales), organizados por el Ministerio del Ambiente para vigilar
el cumplimiento de la legislación ambiental, y que son ya más
de 188 en el país, con la participación de 2.450 personas,
400 de ellas mujeres, son expresión del tipo de participación
social significativa.
La participación debe de ser informada y deben rescatarse las lecciones
aprendidas de los procesos de participación civil en la conservación:
El año 2002 fue rico en aportes conceptuales a nivel nacional en
función de la discusión de experiencias de participación
ciudadana en el tema de conservación. Expresión de esto
es una larga lista de publicaciones entre las que destaca Ambien-tico
[omitimos el listado].
La participación como un derecho debe ser continua: Una participación
reactiva y sin una estrategia clara a seguir puede convertirse fácilmente
en activismo y perder su impacto. La participación como proceso
que integra diferentes sectores, aun con intereses diversos, asume el
reto de democratizar la gestión ambiental. Los procesos que apuntan
hacia el diálogo, la apertura para espacios de propuesta, negociación
y consenso, se convierten en ejemplos más efectivos y con mayor
impacto en el tiempo. Expresión de esto en 2002 fue el Foro Ambiental,
que elaboró una Agenda Ambiental
La participación debe ser local (descentralizada): Este tipo de
participación se relaciona con una distribución democrática
de poderes y competencias para que las decisiones, en cuanto a los aspectos
políticos, sociales y administrativos de la gestión ambiental,
puedan tener una amplia y efectiva participación local que tome
en cuenta las necesidades y los problemas que enfrentan las poblaciones
involucradas. Entre otras expresiones de esto, en 2002, estuvieron la
lucha comunitaria en defensa de las aguas costeras llevada a cabo por
el Comité de Lucha en Defensa de las Aguas Costeras de Santa Cruz
(Guanacaste), Comité desde el que 13 comunidades adversan el uso
de agua que hace un gran hotel de la zona; y el funcionamiento vigoroso
de muchos y muy diversos comités locales y comités regionales
en el Área de Conservación La Amistad-Caribe.
La participación debe orientarse a la justicia y a la equidad:
En la gestión ambiental se requiere una participación activa,
articulada y equitativa, de los distintos sectores de la sociedad civil.
Merecen atención especial las garantías de respeto a la
contribución de los pueblos indígenas en este tema, según
sus formas propias de organización, su identidad cultural y la
asociación indisoluble que tienen con sus territorios; también
merece atención la distribución equitativa de los beneficios
derivados del uso de los elementos de la biodiversidad, tomando en cuenta
la consideraciones de género y el acceso a oportunidades. Lo que
desde hace unos ocho años sucede en Cerros de Jesús (Guanacaste),
donde opera una fundación con ese nombre, ejemplifica una participación
del tipo que aquí se reseña.
La participación debe combatir la pobreza: La participación
con justicia y la equidad en la distribución de beneficios de la
biodiversidad también son requisitos indispensables de políticas
que permitan la reducción de la pobreza y el mejoramiento de la
calidad de vida de los habitantes del planeta. Desde el punto de vista
socio-económico se requiere fortalecer las comunidades para que
manejen eficientemente su productividad y la biodiversidad de su entorno,
en una relación inteligente con el mercado, conociendo, valorando
y cuantificando con métodos sencillos el valor de los recursos
naturales. Este tipo de participación es el impulsado eficazmente
por el Foro Emaús en el Caribe ante la problemática del
cultivo del banano y la problemática ambiental en general.
La participación debe aspirar a la incidencia en políticas,
ser vinculante y articulada: La participación debe potenciar a
las organizaciones de la sociedad civil para el cumplimiento de sus demandas,
para influir en sus propias condiciones de vida y lograr el respeto por
los derechos ambientales individuales y colectivos. La participación
debe proponerse también una gestión ambiental que procure
la democratización y la construcción de formas de desarrollo
sociales, políticas y ambientales más sostenibles y democráticas.
Fecon (Federación Costarricense para la Conservación de
la Naturaleza), destacadamente entre otras organizaciones, viabiliza este
tipo de participación.Se considera que en Costa Rica la sociedad
civil ha empezado a interesarse en el ambiente, aunque un movimiento ambiental
consolidado y con identidad propia está todavía en proceso
de construcción. El movimiento ambiental ha ido acrecentando su
protagonismo y se está esforzando por convertirse en un actor nacional
con incidencia en las políticas estatales vinculadas con el ambiente.
La problemática ambiental genera constantemente nuevos retos, y
esto requiere no solo un planteamiento reactivo sino procesos cada vez
más claros de planificación, formulación de indicadores
y monitoreo de la gestión. Se trata de ir trascendiendo hacia un
planteamiento holístico considerando la problemática ambiental,
social, económica y cultural del país.
La desarticulación que puede percibirse en el movimiento ambiental
es probable que no esté relacionada con su capacidad de generar
acciones y reaccionar ante problemas, sino que más bien lo esté
con la falta de una visión estratégica de las prioridades
ambientales que permita que los resultados obtenidos sean registrados,
sistematizados, evaluados y difundidos desde una perspectiva crítica
y reflexiva.
La participación de la sociedad civil en materia ambiental no puede
verse como un proceso homogéneo y consensuado desde un inicio;
al contrario, debe ser asumido como un espacio en donde confluyen intereses
diversos y en conflicto. Precisamente eso se convierte en una oportunidad
para ir generando formas de negociación y de concertación
en materia ambiental entre diferentes actores.
La gestión de las organizaciones ambientalistas puede estar limitada
por la dependencia de factores externos, por normativas obsoletas que
no responden a los intereses ciudadanos o por procesos que impiden oportunidades
reales de participación e incidencia. No obstante, existen experiencias
locales de desarrollo y gestión ambiental que brindan aprendizajes
y nuevas ideas para estrategias más claras de acción, lo
que implica el reto de articularlas con iniciativas a escala nacional
para lograr la incidencia en políticas y la construcción
paulatina de una gestión ambiental basada en intereses locales
y en las aspiraciones de equidad y bienestar humano.
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