Protagonismo ciudadano en lo ambiental,
según Estado de la Nación

--Eduardo Mora-

 

Aunque ningún discurso puede cubrir todos los aspectos referentes al tema del que trata, de un buen discurso sí se puede sensatamente esperar que no eluda los tópicos medulares, sin los cuales resultaría amorfo e incompleto. Este noveno informe del Estado de la Nación (publicado en 2003 pero con información de 2002) está completo, echándose acaso únicamente en falta el tratamiento de la problemática urbana. Cierto es que se toca los aspectos más álgidos de ésta: la contaminación del aire, la disponibilidad y calidad del agua y la generación y manejo de desechos, pero éstos se tratan como unidades en sí mismas y no encuadrándolos en una consideración general de la problemática urbana, o sea, no dentro de una concepción y caracterización de ésta. ¿Merece ella un trato aparte? Esto debiera discutirse pero pareciera que sí: el breve y agudo escrito de Rosendo Pujol, inserto en la sección de contaminación del aire, así lo sugiere. Ese inserto es como un ventanuco que desde las páginas del noveno informe, y pareciera que sin proponérselo, lo hace a uno desviar la mirada del árbol al bosque, es decir, del problema individual que es la contaminación del aire urbano, a la estructura y funcionamiento de este gran ecosistema artificializado -o sea: la ciudad, la Gran Área Metropolitana- donde aquel problema se inscribe.


Como es bien sabido, en general lo atinado es que el examen de los problemas específicos se haga sin dejar de considerar el sistema al que pertenecen, del que son inseparables y a partir del cual se explican; eso sí, respetando la especificidad del problema y sin diluirlo en el sistema del que es parte. Pero así como esto es bien sabido, también es fácil comprender que para una investigación de la problemática ambiental nacional en un período estrechamente delimitado, tiende a ser imposible, para cada problema o tópico del que se da cuenta, revelar el contexto al que pertenece. Es por ello que valdría la pena discutir si en el caso de la investigación del Estado de la Nación el ecosistema urbano del que somos parte merece ser objeto de tratamiento, develando los cambios y vicisitudes en las relaciones que internamente lo definen, para, a partir de allí, priorizar y examinar más incisivamente algunos de sus problemas -como el de contaminación del aire, por ejemplo. O si, por el contrario, esos problemas debieran tratarse sin abordar el ecosistema urbano en tanto tal, del cual, por cierto, son fragmentarias expresiones. Por lo demás, este noveno informe luce redondo y luce bien.


Hay otro aspecto, no sustantivo, que quiero mencionar como digno de ser discutido: unos temas fueron abordados de acuerdo a -digámoslo así- una "posición de discurso" y otros desde otra. Me estoy refiriendo a que en este informe parece que el tratamiento de unos temas ambientales apuntan a una dimensión de lo ambiental y otros a otra: sí, en unos temas se priorizó lo cuantitativo y en otros lo cualitativo, haciendo que el informe, que debe ser unitario, pueda resultar internamente un poquito disparejo o, mejor dicho, con voces internas un tanto disonantes. Asimismo, algunos abordajes de algunos temas ponen mucho énfasis en el significado económico del hecho o hechos ambientales que examinan, y otros abordajes de otros temas no hacen hincapié en el significado económico de los hechos que analizan, sin que esto en cada caso concreto pueda justificarse con el argumento de que unos hechos sí tienen un significado económico relevante y otros no. E, igualmente, en algunos abordajes se llegó a un muy avanzado nivel de detalle, es decir, de desglosamiento en un recuento, mientras que en otros se fue muy somero, sin que esto pueda justificarse aduciendo que un caso merecía una cosa y el otro otra distinta.


Yo creo que todo esto puede deberse a las fuentes de información: hay ámbitos de lo ambiental en los que diversos institutos que investigan han generado enormes cantidades de datos y no de generalizaciones ni tampoco de interpretación, y esto marca los resultados del equipo investigador del Estado de la Nación, que trabaja contra reloj sin quizás quedarle mucho tiempo para las generalizaciones y la interpretación. Contrastantemente, en otros ámbitos los institutos y empresas competentes se dedican poco a las estadísticas y a la medición y más a la interpretación, marcando esto al equipo investigador. O puede suceder también que simplemente los diversos investigadores tienen orientaciones distintas, desembocándose en que unos enfatizan en lo cuantitativo y otros en la cualitativo, unos en el significado económico de ciertos hechos ambientales y otros no, etcétera. Y es que si bien la perspectiva desde la que se aborda cada tema debe ser específica, adecuada a la especificidad del tema, debiera también estar subordinada al enfoque general, eliminando las disonancias, procurando que los diversos abordajes de los diversos objetos de estudio apunten a las mismas dimensiones.En referencia a los resultados de investigación contenidos en el informe del Estado de la Nación no haré aquí un recuento ni una reseña ni una evaluación, dándolos por buenos, sino que rápidamente mencionaré ciertas tendencias y ciertos despuntes que me parece que en este momento constituyen los rasgos definitorios del carácter de la situación ambiental nacional y definen su rumbo. Tales rasgos o bien se desprenden de los resultados de investigación aquí comentados o bien se explicitan en ellos. En primer lugar se desprende claramente que, en función de la protección ambiental, en Costa Rica se sigue profundizando en lo que es una obvia tendencia mundial: sustituir la coerción a los ciudadanos y empresas por la seducción. Sustitución que implica la conversión del súbdito del estado en agente económico autónomo; sustitución que consiste en que en lugar de castigar a la entidad que atenta contra la naturaleza se le da a ella la opción de pagar por el atentado que lleve a cabo (por ejemplo, verter contaminantes en cursos de agua); y se le plantea la opción, que es equivalente a la anterior, de que cobre por la protección que lleva a cabo de la naturaleza (por ejemplo, conservar el bosque).


En concordancia con ese cambio en la lógica empleada para la protección ambiental, de los resultados presentados por este informe también se desprende que en Costa Rica, para la protección de la naturaleza, cada vez son más importantes las certificaciones de sostenibilidad ambiental, o sea, las certificaciones de ciertos procesos de producción de bienes y servicios que son ambientalmente benignos. Esto es así gracias a que los bienes y servicios certificados se posicionan crecientemente bien en los mercados, lo cual nos incentiva para producir sosteniblemente.


También se desprende que mientras en muchos ámbitos de la problemática ambiental ya están bastante encaminadas las reorientaciones de políticas o por lo menos hay consensos básicos respecto de éstas, en lo referente a áreas silvestres protegidas se está haciendo urgente iniciar -apenas- el estudio y el debate acerca de cómo replantear su gestión. Esto porque hay elementos que están llevando a cuestionar el actual modelo de gestión: la deficiente financiación de esas áreas, la creciente presión del turismo sobre ellas, el aumento de las demandas ciudadanas de participación y las reivindicaciones de los pueblos indígenas que habitan algunas de ellas.


Pero lo que me parece más importante en este informe del Estado de la Nación, en referencia a lo ambiental, es el hecho documentado de que la participación ciudadana se ha acrecentado en todos los ámbitos. Se trata de una participación consistente en el involucramiento de ciudadanos y organizaciones en procesos de elaboración de políticas y leyes (por ejemplo, de cara al recurso hídrico), consistente también en vigilancia de los recursos naturales (por ejemplo, los covirenas y los grupos ecologistas), consistente en generación y seguimiento de programas de manejo de desechos, consistente en la beligerancia de grupos indígenas defendiendo sus derechos dentro de las áreas protegidas donde habitan, etcétera. Es una participación estimulada desde la esfera estatal, también desde organismos internacionales que prestan asistencia y, principalmente, por el movimiento ambientalista. Se trata de una participación que alimenta, y probablemente también refleja, la opinión ciudadana de que la vía privilegiada para la resolución de los problemas ambientales es la participación ciudadana -así lo dicen encuestas de las que da cuenta este noveno informe. Es una participación sustentada en un creciente interés de la ciudadanía por la protección de los ecosistemas y por su degustación, de lo cual da fe el aumento de la visitación a las áreas silvestres protegidas. Una participación que también es correlativa de esa sobreproducción de investigación y de normatividad que según el Estado de la Nación se está dando en Costa Rica, superproducción que es un indicador de la pujanza de las corrientes de defensa del ambiente, más que de la esterilidad de éstas. Y junto a estas crecientes participación y presión ciudadanas, y de un raquitismo en el financiamiento de programas por parte del estado, se da -dice este noveno informe- una mayor participación de la empresa privada en los esfuerzos de conservación, fundamentalmente como promotora y propietaria de nuevas áreas silvestres protegidas.


Esta participación de la que da pruebas el Estado de la Nación hace cifrar la esperanza de que la problemática ambiental nacional no solo no se agravará en los años próximos sino que será gradualmente superada -aunque nunca totalmente, porque el movimiento hacia la armonía es, en cualquier campo, necesariamente asintótico. Pero en caso de que los problemas en vez de superarse se recrudecieran hasta llevarnos a la catástrofe -lo cual es muy improbable-, a los sobrevivientes en el territorio tico les quedaría como consuelo que el destino de nuestro ambiente fue abierto al debate y que se trabajó arduamente para que cristalizaran las condiciones en que pudiera ser decisiva la influencia de los ciudadanos y sus organizaciones, les quedaría como consuelo que de cara a lo ambiental la sociedad fue cada vez más oída e involucrada en las decisiones, aunque a la larga se fallara.

 


Eduardo Mora, profesor en la Universidad Nacional, es director de las revistas Ambien-tico y Ambientales.