Gestión de manejo de desechos sólidos en establecimientos

--Rónald Arrieta--

La Ley General de Salud (LGS) y el Código Municipal (CM) establecen que los desechos sólidos en Costa Rica (1) "deberán ser separados, recolectados, acumulados, utilizados cuando proceda" (artículos 278 de LGS y 75 de CM); además, (2) "[l]as empresas agrícolas, industriales y comerciales, deberán disponer de un sistema de separación y recolección ... aprobado por el Ministerio cuando por la naturaleza o cantidad de éstos no fuere sanitariamente aceptable el uso del sistema público o cuando éste no existiere en la localidad" (artículos 278 de LGS y 75 de CM), y, asimismo, cuando se ofrece el servicio de recolección "toda persona queda en la obligación de utilizar dicho servicio público y de contribuir económicamente a su financiamiento" (artículo 280 de LGS). Con estas disposiciones se pretendía garantizar el respeto de la principal ley natural de la ecología -la materia no se crea ni se destruye; los materiales en el planeta no son inagotables- y de la primitiva ley de la economía -sin cacao no se puede hacer chocolate. Teóricamente, quienes incumplan estas disposiciones se exponen a ser multados por un monto de ¢ 100/m2 del área total de la propiedad (artículo 76 de CM).


Sin embargo, la normativa mencionada continuará siendo letra muerta y nuestro país un gran botadero debido a nuestra larga y fervorosa tradición en incumplimiento de las leyes y a que el problema del deficiente manejo de los desechos sólidos no ha sido identificado -más allá del discurso, o sea, en los hechos- como prioritario por la gran mayoría de los regidores. La demostrada incapacidad de entes estatales y municipales para hacer cumplir los dos principales mandatos que se dictaron hace más treinta años: elaboración de abono orgánico a partir de los desechos urbanos biodegradables (Ley de Producción de Abono Orgánico, de 1949) y aprovechamiento de los desechos (Ley General de Salud, de 1973), hacen que la gestión de manejo de desechos sólidos en empresas e instituciones corresponda a un acto voluntario.


La práctica tradicional de llevar los desechos sólidos a botaderos a cielo abierto significa un desperdicio de quince mil colones por tonelada. Cuando se llevan a botaderos donde los desechos son enterrados, además del desperdicio se debe pagar aproximadamente cuatro mil colones por tonelada. Esto, para los 11 cantones organizados en el Cocim (cantones del Área Metropolitana) que tiran sus desechos en Río Azul, Los Mangos de Alajuela y en La Uruca, significa la suma de 22,5 millones de colones de desperdicio y seis millones diarios por costos de enterramiento, con la consecuente contaminación de suelos, aguas y aire. Al año significa más de diez mil millones de colones.


Tanto para convencer a las autoridades como a los empleados y funcionarios, es de gran importancia substituir el concepto de basura por el de desechos sólidos. El primero condena a los materiales que se desechan a no ser aprovechados, ya que el término basura en castellano corresponde a "inmundicia" y "suciedad", a "repugnante" y "despreciable" (según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua [1971]), lo cual no es del todo cierto. El concepto desechos ("Cosa que, por usada o por cualquiera otra razón, no sirve a la persona para quien se hizo" [Ibid.]), en cambio, deja abierta la opción de aprovechamiento. En efecto, en Costa Rica la gran mayoría de los desechos sólidos son aprovechables (biodegradables el 60 por ciento, papel el 22 por ciento, plástico aprovechable aproximadamente el 2 por ciento, vidrio el 2 por ciento y metales el 2 por ciento).


Ante la total orfandad del ambiente frente al problema del deficiente manejo de los desechos sólidos, la iniciativa de los empresarios y de las instituciones reviste una gran importancia, ya que la esperanza de que los concejos municipales comprendan la urgencia de resolverlo se disipa cada vez más en el horizonte de la negligencia y la indiferencia. En las pocas instituciones o empresas que se cuenta con algún tipo, aunque incipiente, de gestión de manejo de desechos sólidos, ésta responde a la iniciativa de algún empleado o funcionario. En su mayoría no se trata de una verdadera gestión, sino de actividades aisladas e informales que tienen como fin obtener recursos para cubrir gastos pequeños del personal (compra de alimentos, equipo de cocina, artículos para la limpieza). Muchos proyectos han fracasado por planificación inadecuada o falta de ella.Para la gestión del manejo de desechos sólidos hay que definir políticas de manejo, establecer las operaciones, el personal, la infraestructura y el manejo del presupuesto para lograr las metas propuestas. Fundamentalmente, existen dos tipos de política de manejo: la orientada a destinar los desechos a un botadero a cielo abierto, o a uno cubierto, y la orientada a la reducción, aprovechamiento y correcta disposición de los desechos. Considerando que los materiales en el planeta son limitados y que botar a cielo abierto y enterrar desechos altera los ciclos ecológicos en forma negativa, consideramos que la segunda opción es la adecuada.


Operativamente, una gestión que tienda a impactar lo menos posible el ambiente debe considerar los siguientes principios: (1) evitar al máximo la generación de desechos, (2) discriminar los desechos desde su generación, (3) recolectarlos, empacarlos, almacenarlos y reintegrarlos en los procesos productivos y naturales, (4) disposición lo más inocua posible de materiales no aprovechables y (5) disposición lo más segura posible de materiales peligrosos.


Los componentes de una gestión de manejo de desechos son tres: gestión administrativa/organizativa, gestión operativa y gestión educativa. La gestión administrativa/organizativa comprende los aspectos relacionados con la planificación, la asignación de funciones, la definición de procedimientos, la definición de la administración de las finanzas y la elaboración de reglamento de manejo. En la fase de planificación se debe determinar las cantidades y tipos de desechos, la ubicación de un espacio para el centro de almacenamiento, la identificación y los precios de compradores. Asimismo, se debe conocer la percepción del problema y la disposición a colaborar en su solución por parte de autoridades y empleados.


La gestión operativa es el conjunto de actividades y la infraestructura para el flujo de los desechos, desde la adquisición de mercancías hasta el destino de aquéllos, así como la tecnología a utilizar para recuperar, embalar y comercializar.


Formas de aprovechamiento de los desechos más comunes


Con base en (1) el diagnóstico sobre la percepción de la problemática, (2) la disposición a colaborar en la solución, (3) la idiosincrasia y (4) los recursos disponibles, se plantea una estrategia educativa que debe iniciarse apenas se cuente con la infraestructura para iniciar el programa. Otra función importante de la gestión educativa, de gran relevancia sobre todo al inicio, es el monitoreo permanente de las opiniones y sugerencias del personal. Cada institución o empresa requiere un plan que corresponda a sus especificidades: la imposición de modelos ajenos conduce al fracaso.


La gestión de manejo de desechos sólidos no implica la aplicación de complicadas tecnologías, pero sí de una actitud paciente por parte de quienes la dirigen. Esto requiere el apoyo de las autoridades, que por lo general deben ocuparse de problemas cuyas consecuencias negativas repercuten de manera más inmediata y, por consiguiente, absorben su atención. La alta flexibilidad del sistema ecológico para absorber y compensar alteraciones, por un lado, y la urgencia de ahorro de costos a corto plazo del sistema de libre mercado, hace que los homo (no muy) sapiens posterguemos cada vez más algo impostergable.


Rónald Arrieta, ingeniero en biotecnología ambiental, es profesor e investigador en la Universidad de Costa Rica.