Desecho sólido hospitalario (dsh) es cualquier material
generado en una instalación de salud a partir del momento en
que se haya descartado. E instalación de salud es el nombre dado
a cualquier establecimiento público o privado donde se preste
atención a la salud humana o animal en prevención, tratamiento,
análisis o investigación: hospitales propiamente dichos,
centros y puestos de salud, laboratorios de análisis, clínicas
odontológicas, clínicas veterinarias, bancos de sangre,
farmacias y otros.
Los dsh contienen materiales que, al igual que los desechos domésticos
y otros, pueden tener repercusiones en el ambiente y la salud de las
personas, pero, además, poseen la particularidad de incluir material
peligroso que, dentro de las instalaciones, podrían afectar directamente
la salud del personal que los genera y manipula y la de los pacientes
y visitantes; y fuera de las instalaciones de salud representan riesgo
sanitario para los recuperadores y para las personas de las comunidades
cercanas a los vertederos. Entre los peligros que estos desechos significan
para la salud están la transmisión de enfermedades infectocontagiosas
como las causadas por el virus de hepatitis B y el de inmunodeficiencia
humana, la generación de infecciones bacterianas por gérmenes
intrahospitalarios con alto potencial de resistencia a antimicrobianos
y los derivados de los efectos secundarios de fármacos vencidos.
Lo anterior ocurriría por la exposición directa de los
trabajadores que los generan, manipulan y transportan, por la disposición
final indiferenciada con desechos domésticos en áreas
de acceso a las actividades de recuperación, y también
por la potencial comercialización de éstos cuando han
sido recuperados.
En 1995, bajo el auspicio de la Comunidad Económica Europea y
los gobiernos centroamericanos, y en el caso de Costa Rica con la participación
del Ministerio de Salud y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS),
se desarrolló un Programa Regional para el Manejo de Desechos
Sólidos Hospitalarios que tomó como base un diagnóstico
de situación efectuado para las capitales centroamericanas, en
1994, con la colaboración de la Organización Mundial de
la Salud y la Organización Panamericana de la Salud. A partir
de ahí se inició una fase de elaboración de propuestas
de manejo de los desechos desde la generación hasta la disposición
final, identificando y definiendo todos los procesos involucrados en
la gestión operativa, diseñando material didáctico,
estimando los requerimientos de recursos humanos y materiales necesarios,
así como elaborando una estrategia de capacitación y concienciación
en cascada. El proceso educativo en cascada se inició con la
capacitación de formadores nacionales cuya función sería
continuar con la formación de funcionarios -profesionales, técnicos
y administrativos- de los centros hospitalarios y clínicas de
la CCSS, a quienes se les designó formadores locales con la misión
de continuar con el proceso educativo en sus centros de trabajo, conformar
comités para el manejo de dsh e impulsar el diseño
y puesta en ejecución del plan de manejo de desechos (véase
Rojas 1999).
En la actualidad se cuenta con normas de manejo institucionales y programas
específicos en cada instalación sanitaria de la CCSS,
adaptados a las particularidades de cada instalación y basados
en los fundamentos diseñados en el Convenio Ala 91/33, así
como en las pautas internacionales para tal fin.
Respecto del diagnóstico de situación realizado en las
capitales centroamericanas en 1994, éste evidenció que
en un año en éstas se producía 14 millones de kg
de dsh -3,7 millones en San José- y que el manejo era
inadecuado en todo el proceso, en el que existía mezcla de todos
los desechos sin importar tipo ni peligrosidad. Solo el 10 por ciento
de los centros de salud usaban contenedores especiales para punzocortantes,
no se disponía de bolsas plásticas en los basureros o
éstas eran reutilizadas, no se efectuaba lavado de utensilios
y los restos de alimentos no se diferenciaban según origen. También
se observó que en algunos casos los desechos radioactivos no
cumplían con las especificaciones internacionales, como la de
restricción de acceso al área de decaimiento, que los
líquidos eran vertidos sin tratamiento ni precaución y
que los depósitos temporales eran inadecuados, algunas veces
a la intemperie, con acceso de recuperadores y depredadores como aves
de rapiña, o que estaban mal diseñados e inadecuadamente
ubicados. En algunos casos el tratamiento final consistía en
la incineración a cielo abierto en el mismo sitio del depósito
temporal.
Para homogeneizar y estructurar los lineamientos generales se procedió
a adoptar la clasificación de desechos según las orientaciones
de la Organización Mundial de la Salud, haciendo referencia a
los símbolos que los identifican así como a los contenedores
específicos para cada desecho. También se definieron los
procedimientos de segregación, acumulación, transporte
interno con rutas y horarios ideales, procedimientos para reducir la
peligrosidad, diseño y correcta utilización del depósito
temporal o centro de acopio, así como las pautas de transporte
externo en relación con los requisitos que debe cumplir el medio
de transporte y el personal a cargo del mismo, frecuencia de transporte,
rutas y horarios, estableciéndose además los requerimientos
ideales para la disposición final en el vertedero o relleno sanitario.
Los desechos que produce toda institución de salud se han de
categorizar así: (1) Desechos comunes: generados principalmente
por las actividades administrativas, auxiliares y generales, cuya peligrosidad
es similar a la de los desechos domésticos e incluyen: papelería,
envases, alimentos no expuestos a pacientes, contenedores de diversos
materiales (cajas de cartón y otros). (2) Desechos sólidos
hospitalarios peligrosos: todos los residuos que puedan afectar la salud
humana, animal o al ambiente; son diferenciados en clases: bioinfecciosos,
químicos y radioactivos. (3) Desechos especiales: no incluidos
en las categorías anteriores y que por sus características
como gran tamaño o difícil manipulación requieren
un manejo diferente. En general, corresponden a desechos provenientes
de construcción, maquinaria obsoleta, fármacos vencidos
que no califican como peligrosos y contenedores presurizados (véase
Capella 1998, Benavides 1993).