Manejo de desechos en hospitales del Seguro Social

--Rigoberto Blanco y Carlos Calleja--

La gestión de los desechos hospitalarios peligrosos se basa en varios principios que buscan disminuir su riesgo y facilitar su disposición final. El riesgo depende de la peligrosidad de los desechos y de la exposición de las personas a ellos; en consecuencia, las diferentes etapas de la gestión buscan disminuir estos dos factores. La población con un mayor nivel de riesgo la constituyen los trabajadores de los establecimientos de salud, tanto del área médica como de la de aseo, que son quienes sufren el mayor porcentaje de los accidentes con objetos punzocortantes.


Se ha reconocido internacionalmente que entre el 75 y el 80 por ciento de los desechos sólidos generados en los hospitales son similares a los desechos municipales, y solo entre un 20 y un 25 por requieren un tratamiento especial (anatomopatológicos, bioinfecciosos, químicos, punzocortantes) (Prüss 1999).
El tratamiento de los desechos hospitalarios bioinfecciosos, que busca disminuir o eliminar la carga bacteriana, es de dos tipos: desinfección e incineración. La desinfección consiste en eliminar los microorganismos patógenos presentes en los desechos bioinfecciosos, diferenciándose de la esterilización en que ésta implica la destrucción de todos los microorganismos. La incineración consiste en destruir los desechos (bioinfecciosos y químicos) mediante un proceso de combustión en el que éstos son reducidos a cenizas. Desde que en Estados Unidos la Agencia de Protección Ambiental, en 1997, emitió fuertes restricciones para las emanaciones permitidas al ambiente (Apha 2001), existe un fuerte cuestionamiento del uso de incineradores en el tratamiento de los desechos hospitalarios, reevaluándose su uso y optándose por tratamientos menos contaminantes (Comitee… 2000, The World Bank 2001). (en Argentina, por ejemplo, se dictó una ley que prohibe la incineración de desechos hospitalarios en razón de la alta contaminación que genera).


Con los incineradores se puede tratar la mayoría de los desechos sólidos peligrosos, incluyendo los farmacéuticos y los químico-orgánicos, pero no los radiactivos ni los contenedores presurizados. Además, amerita una segregación eficiente, pues no todos los desechos requieren las mismas condiciones de incineración.La Caja Costarricense del Seguro Social cuenta con 29 hospitales, más de 100 áreas de salud y 900 Ebais (equipos básicos de asistencia integral en salud) repartidos en todo el país. En todos ellos se generan desechos sólidos que pueden clasificarse en peligrosos (bioinfecciosos, punzocortantes), anatomopatológicos, comunes, y especiales. En 1995 se inició un programa para el manejo responsable de este tipo de desechos, con el objetivo de controlar el riesgo y disminuir la posibilidad de accidentes y de daño ambiental. En cada establecimiento de salud se cuenta con una comisión de gestión de desechos sólidos y con los implementos necesarios para su manejo seguro. La meta estratégica es disminuir la cantidad de los desechos peligrosos segregándolos en el momento de su generación, identificándolos adecuadamente y dándoles un tratamiento que disminuya su peligrosidad, de manera que puedan ser dispuestos como desechos comunes. Los resultados han sido una diminución de la generación de desechos peligrosos de un 49 por ciento, en 1995, a un 27,8 por ciento en 2003. Los desechos generados en los laboratorios químico-clínicos salen de los mismos autoclavados. También se autoclavan los recipientes con punzocortantes en la gran mayoría de los establecimientos, como norma general de bioseguridad en la Caja.


De acuerdo con la directriz emitida por la Junta Directiva en enero de 2000, los establecimientos de salud se han abocado a establecer sistemas de autoclavado de los desechos, así como para el acopio. Los resultados de una encuesta realizada en julio-agosto de 2002 muestran que esta directriz está siendo seguida por la mayoría de los centros de salud: 72 por ciento lo han proyectado en su gestión y 28 por ciento ya lo hacen. El 45 por ciento de los hospitales autoclavan los desechos y el 83 por ciento autoclavará en el futuro. De las clínicas metropolitanas, solamente una autoclava los desechos. La Caja ha reconocido la importancia del impacto ambiental de este tipo de desechos y, por orden de la Junta Directiva, realizó la contratación de un servicio que dé tratamiento a los desechos hospitalarios en todo el país, mediante una licitación pública internacional, el cual se espera que inicie a mediados de 2005.


El transporte de los desechos desde el establecimiento de salud a su destino final lo hace el servicio municipal, en la mayoría de los casos una o dos veces por semana, de acuerdo con lo establecido en la Ley General de Salud. Por su parte, la mayoría de los hospitales nacionales contratan el transporte particular, ya que deben disponer los desechos diariamente. Estos desechos se disponen en algunos rellenos sanitarios, pero la mayoría van a "tiraderos" de basura a cielo abierto, por falta de rellenos. Sin embargo, los desechos hospitalarios representan un pequeño porcentaje de la cantidad total de desechos generada por la población. En la Gran Área Metropolitana se genera entre 16 y 17 toneladas diarias de desechos hospitalarios y más de 2.000 de desechos comunes.


La legislación nacional que regula este asunto es general, indicando solo que "los desechos hospitalarios infectocontagiosos podrán ser dispuestos en el relleno sanitario, después de su tratamiento por incineración o esterilización. En casos extraordinarios se podrá colocar esta basura en celdas especialmente acondicionadas" (La Gaceta 23-10-1998). Desde febrero de este año, se cuenta con un reglamento del Ministerio de Salud que regula la gestión de los desechos bioinfecciosos y punzocortantes en todos los establecimientos de salud, incluyendo los veterinarios.


Por otro lado, el Reglamento de Manejo de Basuras, de 1989, establece que los desechos patógenos deben ser desinfectados y desodorizados, y contarse con los dispositivos y disposiciones de seguridad para la prevención de accidentes, y también establece que toda mezcla de basuras que incluya residuos sólidos patógenos se considerará residuo sólido con características especiales. De aquí la necesidad de segregar los desechos peligrosos, con el fin de disminuir la cantidad generada que requiere tratamiento.


En 1999, la Sala Constitucional ordenó a la Caja "utilizar en la totalidad de los centros de salud que administra y fiscaliza los recipientes y el equipo necesarios para realizar una gestión interna segura de desechos médicos peligrosos" (Martínez 1999). Y una nueva sentencia de esa misma Sala ordena el transporte y envío de los desechos al relleno, y la Caja se apresta a ejecutarlo. La Caja cuenta con una Política Institucional en Saneamiento Básico y Ambiental basada en las Políticas Corporativas, que establecen que es función de aquélla "[p]romover y desarrollar acciones de protección al ambiente con utilización de criterios para el manejo, tratamiento y disposición final de los desechos (comunes, peligrosos o especiales) que se deriven de la operación de los servicios". Por su parte, la Política Ambiental establece que "[e]s política de la Caja cumplir con las regulaciones existentes en materia ambiental, dentro de un plan de gradualidad y mejoramiento continuo, acorde con sus recursos financieros, ya que consideramos que dentro de su misión está que los centros de atención de la salud deben ser amigables con el ambiente, y no ser fuente de riesgo a la salud o de enfermedad".


En Costa Rica, el sector institucional de atención de la salud ha realizado importantes esfuerzos para efectuar un manejo responsable de los desechos generados en la prestación de servicios; sin embargo, aún se requiere atender casos específicos, como los desechos químicos y las aguas residuales.

Rigoberto Blanco, químico, es profesor en la Universidad de Costa Rica y funcionario del Departamento de Saneamiento Básico y Ambiental Institucional de la Caja Costarricense de Seguro Social. Carlos Calleja, también químico, es funcionario del mismo Departamento.

 

Referencias bibliográficas
American Public Health Association (Apha) y World Federation of Public Health Associations (WFPHA). 2001. The US EPA has identified medical waste incinerators as a leading source of both dioxin and mercury pollution of our environment and our food supply. (s.l.).
Commitee on Health Effects of Waste Incineration. 2000. Waste Incineration & Public Health. National Academy Press. Washington, D.C.
La Gaceta, 23-10-1998.
Martínez, M. Repertorio Científico Vol 6-7, 1999.
The World Bank. 2000. Healthcare waste management guidance note. Washington, D.C.
Prüss, A., E. Giroult y P. Rushbrook, 1999. Safe management of wastes from health-care activities. WHO. Ginebra.