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La gestión de los desechos hospitalarios peligrosos
se basa en varios principios que buscan disminuir su riesgo y facilitar
su disposición final. El riesgo depende de la peligrosidad de los
desechos y de la exposición de las personas a ellos; en consecuencia,
las diferentes etapas de la gestión buscan disminuir estos dos
factores. La población con un mayor nivel de riesgo la constituyen
los trabajadores de los establecimientos de salud, tanto del área
médica como de la de aseo, que son quienes sufren el mayor porcentaje
de los accidentes con objetos punzocortantes.
Se ha reconocido internacionalmente que entre el 75 y el 80 por ciento
de los desechos sólidos generados en los hospitales son similares
a los desechos municipales, y solo entre un 20 y un 25 por requieren un
tratamiento especial (anatomopatológicos, bioinfecciosos, químicos,
punzocortantes) (Prüss 1999).
El tratamiento de los desechos hospitalarios bioinfecciosos, que busca
disminuir o eliminar la carga bacteriana, es de dos tipos: desinfección
e incineración. La desinfección consiste en eliminar los
microorganismos patógenos presentes en los desechos bioinfecciosos,
diferenciándose de la esterilización en que ésta
implica la destrucción de todos los microorganismos. La incineración
consiste en destruir los desechos (bioinfecciosos y químicos) mediante
un proceso de combustión en el que éstos son reducidos a
cenizas. Desde que en Estados Unidos la Agencia de Protección Ambiental,
en 1997, emitió fuertes restricciones para las emanaciones permitidas
al ambiente (Apha 2001), existe un fuerte cuestionamiento del uso de incineradores
en el tratamiento de los desechos hospitalarios, reevaluándose
su uso y optándose por tratamientos menos contaminantes (Comitee
2000, The World Bank 2001). (en Argentina, por ejemplo, se dictó
una ley que prohibe la incineración de desechos hospitalarios en
razón de la alta contaminación que genera).
Con los incineradores se puede tratar la mayoría de los desechos
sólidos peligrosos, incluyendo los farmacéuticos y los químico-orgánicos,
pero no los radiactivos ni los contenedores presurizados. Además,
amerita una segregación eficiente, pues no todos los desechos requieren
las mismas condiciones de incineración.La Caja Costarricense del
Seguro Social cuenta con 29 hospitales, más de 100 áreas
de salud y 900 Ebais (equipos básicos de asistencia integral en
salud) repartidos en todo el país. En todos ellos se generan desechos
sólidos que pueden clasificarse en peligrosos (bioinfecciosos,
punzocortantes), anatomopatológicos, comunes, y especiales. En
1995 se inició un programa para el manejo responsable de este tipo
de desechos, con el objetivo de controlar el riesgo y disminuir la posibilidad
de accidentes y de daño ambiental. En cada establecimiento de salud
se cuenta con una comisión de gestión de desechos sólidos
y con los implementos necesarios para su manejo seguro. La meta estratégica
es disminuir la cantidad de los desechos peligrosos segregándolos
en el momento de su generación, identificándolos adecuadamente
y dándoles un tratamiento que disminuya su peligrosidad, de manera
que puedan ser dispuestos como desechos comunes. Los resultados han sido
una diminución de la generación de desechos peligrosos de
un 49 por ciento, en 1995, a un 27,8 por ciento en 2003. Los desechos
generados en los laboratorios químico-clínicos salen de
los mismos autoclavados. También se autoclavan los recipientes
con punzocortantes en la gran mayoría de los establecimientos,
como norma general de bioseguridad en la Caja.
De acuerdo con la directriz emitida por la Junta Directiva en enero de
2000, los establecimientos de salud se han abocado a establecer sistemas
de autoclavado de los desechos, así como para el acopio. Los resultados
de una encuesta realizada en julio-agosto de 2002 muestran que esta directriz
está siendo seguida por la mayoría de los centros de salud:
72 por ciento lo han proyectado en su gestión y 28 por ciento ya
lo hacen. El 45 por ciento de los hospitales autoclavan los desechos y
el 83 por ciento autoclavará en el futuro. De las clínicas
metropolitanas, solamente una autoclava los desechos. La Caja ha reconocido
la importancia del impacto ambiental de este tipo de desechos y, por orden
de la Junta Directiva, realizó la contratación de un servicio
que dé tratamiento a los desechos hospitalarios en todo el país,
mediante una licitación pública internacional, el cual se
espera que inicie a mediados de 2005.
El transporte de los desechos desde el establecimiento de salud a su destino
final lo hace el servicio municipal, en la mayoría de los casos
una o dos veces por semana, de acuerdo con lo establecido en la Ley General
de Salud. Por su parte, la mayoría de los hospitales nacionales
contratan el transporte particular, ya que deben disponer los desechos
diariamente. Estos desechos se disponen en algunos rellenos sanitarios,
pero la mayoría van a "tiraderos" de basura a cielo abierto,
por falta de rellenos. Sin embargo, los desechos hospitalarios representan
un pequeño porcentaje de la cantidad total de desechos generada
por la población. En la Gran Área Metropolitana se genera
entre 16 y 17 toneladas diarias de desechos hospitalarios y más
de 2.000 de desechos comunes.
La legislación nacional que regula este asunto es general, indicando
solo que "los desechos hospitalarios infectocontagiosos podrán
ser dispuestos en el relleno sanitario, después de su tratamiento
por incineración o esterilización. En casos extraordinarios
se podrá colocar esta basura en celdas especialmente acondicionadas"
(La Gaceta 23-10-1998). Desde febrero de este año, se cuenta con
un reglamento del Ministerio de Salud que regula la gestión de
los desechos bioinfecciosos y punzocortantes en todos los establecimientos
de salud, incluyendo los veterinarios.
Por otro lado, el Reglamento de Manejo de Basuras, de 1989, establece
que los desechos patógenos deben ser desinfectados y desodorizados,
y contarse con los dispositivos y disposiciones de seguridad para la prevención
de accidentes, y también establece que toda mezcla de basuras que
incluya residuos sólidos patógenos se considerará
residuo sólido con características especiales. De aquí
la necesidad de segregar los desechos peligrosos, con el fin de disminuir
la cantidad generada que requiere tratamiento.
En 1999, la Sala Constitucional ordenó a la Caja "utilizar
en la totalidad de los centros de salud que administra y fiscaliza los
recipientes y el equipo necesarios para realizar una gestión interna
segura de desechos médicos peligrosos" (Martínez 1999).
Y una nueva sentencia de esa misma Sala ordena el transporte y envío
de los desechos al relleno, y la Caja se apresta a ejecutarlo. La Caja
cuenta con una Política Institucional en Saneamiento Básico
y Ambiental basada en las Políticas Corporativas, que establecen
que es función de aquélla "[p]romover y desarrollar
acciones de protección al ambiente con utilización de criterios
para el manejo, tratamiento y disposición final de los desechos
(comunes, peligrosos o especiales) que se deriven de la operación
de los servicios". Por su parte, la Política Ambiental establece
que "[e]s política de la Caja cumplir con las regulaciones
existentes en materia ambiental, dentro de un plan de gradualidad y mejoramiento
continuo, acorde con sus recursos financieros, ya que consideramos que
dentro de su misión está que los centros de atención
de la salud deben ser amigables con el ambiente, y no ser fuente de riesgo
a la salud o de enfermedad".
En Costa Rica, el sector institucional de atención de la salud
ha realizado importantes esfuerzos para efectuar un manejo responsable
de los desechos generados en la prestación de servicios; sin embargo,
aún se requiere atender casos específicos, como los desechos
químicos y las aguas residuales.
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