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En el censo poblacional del año 2000 se estudió
por primera vez la diversidad cultural del país utilizando una
metodología de autorreconocimiento: se invitó a cada individuo
a identificarse como miembro de un grupo étnico particular. El
Instituto Nacional de Estadística y Censos reveló que la
población indígena costarricense estaba integrada aproximadamente
por 64.000 personas, lo que representa el 1,7% de la población
nacional (Ministerio de Salud y Organización Panamericana de la
Salud 2003). De aquel conjunto poblacional se determinó que el
42 por ciento habita en alguna de las 22 reservas indígenas, el
1 por ciento en zonas aledañas a esos territorios y el 27 por ciento
está disperso en el resto del país. La complejidad cultural
aumenta al considerar que de una muestra de 10.500 indígenas entrevistados,
el 65 por ciento se declaró nacido en Nicaragua, el 25 por ciento
en Panamá, el 3 por ciento en Costa Rica y el 7 por ciento en otro
país (Ibid.). A estos grupos postergados el Gobierno de la República
los ha considerado prioritarios en el otorgamiento de servicios a los
cuales tiene acceso el resto de la población, entre ellos la atención
en salud. Ésta, entonces, debiera desarrollarse acorde con los
rasgos culturales de los pueblos indígenas.
Cerca del 82 por ciento de toda la población indígena corresponde
a los grupos bribrí, cabécar y ngobe, cuyas características
culturales difieren en aspectos como: uso del agua y el suelo, hábitos
de higiene, concepción de sus funciones fisiológicas y del
origen de las enfermedades (Ibid.). Por ejemplo, en algunos caseríos
de la Reserva de Chirripó, ocupada por el grupo cabécar,
para atender las enfermedades primero se recurre al diagnóstico
y al tratamiento realizados por el jawá (el médico tradicional
de ese pueblo); asimismo, consideran que las enfermedades las provoca
el bukurú, cuyo origen es la impugnación de una especie
de castigo divino; y todo lo que es sucio es representado por el ña,
ante lo cual tienen hábitos de higiene particulares. Estos conceptos
difieren de los de las otras dos etnias mencionadas.Sea como sea, el origen
de algunas enfermedades infecciosas está en las condiciones del
saneamiento básico. Existen enfermedades dadas por la propagación
de vectores a partir de la generación de basura y la contaminación
de suelos y ríos como consecuencia de una inadecuada disposición
de las excretas en los asentamientos indígenas. Tradicionalmente,
la Caja Costarricense de Seguro Social ha aplicado un modelo de atención
primaria en salud limitado, pues no ha considerado tales aspectos culturales
(Meneses 2003). Mas ahora se está proponiendo un modelo de salud
indigenista, basado en una estrategia intercultural participativa para
la prevención, en el que el saneamiento básico ambiental
es uno de los componentes fundamentales (Meneses et al. 2003). Para la
implementación de dicho modelo será necesario que los funcionarios
de la Caja que participen se familiaricen con el concepto de interculturalidad
(Heise 1994), en función de lo cual deben interiorizar las particularidades
de los respectivos pueblos indígenas en relación con su
percepción de la salud y del ambiente. Éste es un enfoque
novedoso en el contexto centroamericano, pues amplía la estrategia
de atención primaria ambiental promovida por la Organización
Panamericana de la Salud (Proyecto
2003) tomando como referente
rasgos únicos de poblaciones meta, cuya relación con su
entorno es diferente de la de aquellos grupos no indígenas y que
se ha visto modificada por su exposición a ciertas comodidades
de la vida moderna -comodidades que, por ejemplo, conducen a la generación
de desechos no biodegradables propios de una sociedad consumista con una
identidad ambiental menos arraigada.
Esta estrategia de atención primaria en salud es predominantemente
preventiva, busca la protección del ambiente para controlar la
aparición de enfermedades y es acorde con lo establecido por la
Organización Mundial de la Salud de que un porcentaje considerable
de las enfermedades tienen su origen en el ambiente. Las soluciones dependerán
tanto de la Caja, que debe interpretar correctamente las necesidades y
expectativas de las comunidades, como de la aceptación por parte
de éstas de las soluciones técnicas propuestas por la institución.
Esta concordancia redundaría en una mejora de las condiciones sanitarias
y ambientales dentro de los territorios indígenas, siempre que
el proceso intercultural se desarrolle con equidad, a partir del intercambio
de información entre la Caja y los indígenas usuarios de
los servicios.
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Carlos Calleja y Rigoberto Blanco, químicos,
son funcionarios del Departamento de Saneamiento Básico
y Ambiental Institucional de la Caja Costarricense de Seguro Social.
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Referencias bibliográficas
Ministerio de Salud y Organización Panamericana
de la Salud. 2003. Desarrollo y Salud en los Pueblos Indígenas
de Costa Rica. San José.
Heise, M. 1994. Interculturalidad, un desafío. CAAP. Lima.
Meneses, L. 2003. Comunicación personal.
Meneses, L., C. Van der Laat y G. Cubillo. 2003. Comunicación
personal.
Proyecto de cooperación técnica entre Costa Rica,
Guatemala y Panamá. Segunda reunión regional, Turrialba,
Costa Rica. 2003. Costa Rica.
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